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Lunes, 18/08/08
Un colaborador de esta revista digital se hacía llamar “El rayo que no cesa”; murió hace pocos días, derrotado al fin por una enfermedad a la que había ganado muchas batallas, tantas que algunos no pudimos imaginar el desenlace. Entre los bits y los píxeles del ciberespacio pueden consultarse las cartas y las imágenes que me envió; igual que esta carta que ahora le escribo yo, seguro de que desde “donde esté ahora” me felicitará cuando la lea, como hacía en ocasiones, porque trata del poeta al que admiraba. A ti, Juan, “in memoriam”.
(…) Un manotazo duro, un golpe helado,
(…) Temprano levantó la muerte el vuelo,
(…) A las aladas almas de las rosas... Miguel Hernández nació en Orihuela, el día 30 de octubre de hace casi 98 años. Aun podría estar vivo; ¿cuantos versos habría escrito? Aunque cabrero, desde niño tuvo un gran interés por el estudio, con quince años ya comienza a publicar poesías en diarios locales y provinciales, a las 23 años su primer libro, “Perito en lunas”, y con 26 “El rayo que no cesa”. Eran los frutos de una educación autodidacta. En 1936 se produjo la insurrección militar que provocó la Guerra Civil Española. Miguel se incorpora al Ejército Popular de la República y es nombrado Comisario de Cultura. Se casa, tiene un hijo y se le muere a los pocos meses. Pelea como soldado y como poeta, y pierde la guerra que destrozó ambos bandos. Tiene un segundo hijo. Con 31 años, en 1942, tras ser condenado a muerte en Consejo de Guerra y conmutársele por 30 años, a causa de la desnutrición, con bronquitis, tifus y tuberculosis, muere en la cárcel de Alicante. Había sido encontrado
culpable de contribuir a la guerra con su lápiz, de enaltecer a los
soldados y consolar a los heridos; de defender un gobierno legalmente
constituido. Murió con 31 años pero dejó versos de sobra para que nunca
sea olvidado.
(…) Federico García
(…) Muere un poeta y la creación se siente Y a su primer hijo antes de que falleciera con sólo diez meses de vida, al saber que sólo pan y cebolla había para darle, le cantó:
(…) En la cuna del hambre Todas las obras de Miguel Hernández se encuentran fácilmente en Internet y pueden ser publicadas libremente pues falleció hace más de 50 años; recomiendo su lectura a quien todavía no lo haya hecho; a nadie dejará indiferente; al alcance incluso del lector adolescente; lírica, pasional y sincera; su poesía está entre la mejor del siglo XX. Ahora su nombre puede leerse en la entrada de colegios y universidades y ya no existe la cárcel en cuyos muros escribiera antes de morir. Sus versos se estudian, se reeditan y se cantan. Fue uno de los muchos que murió defendiendo la libertad; España es ahora tan distinta de la que él vivió que las nuevas generaciones no entienden que se pueda matar para defender unas ideas, pero su ejemplo, su corta y agitada vida llena de esfuerzo, compromiso y genialidad, está entre lo poco bueno que nuestra Historia puede recordar de aquella época maldita, en la que los mejores murieron demasiado pronto. El rayo "El Poeta" lo
sentía caer sobre él como una puñalada y puede que lo asimilara al corto
espacio de una vida; pues con toda la fuerza y el poder de la naturaleza,
nace y muere en un instante refulgente del que al poco sentimos su
recuerdo como un trueno; y aun resuena en nuestros oídos cuando un nuevo
flash nos deslumbra, es el rayo que no cesa. La vida de cada rayo es corta
pero se perpetúa en el siguiente en una sucesión inacabable.
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Monòver punto com - ISSN 1885-4192
Cláusula de Exención de Responsabilidad
Copyright © 2003-2008, Luis Andrés, Todos los derechos reservados
Edita: Luis Andrés Pastor Oleaga, (Responsable y esclavo de esta idea)
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