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El golf modifica el paisaje de España

Publicado el Jueves, 12/junio/2008 11:55:00

     Cientos de españoles se apuntan cada año a este deporte y aprenden a lanzar la bola al green en grandes superficies verdes, con la hierba cortada al milímetro, y rodeados de un mar de casas, en un país donde la mitad del territorio padece cíclicamente fuertes sequías...

     Cientos de españoles se apuntan cada año a este deporte y aprenden a lanzar la bola al green. Ya no es sólo cosa de élites ociosas o de jubilados ricos, o sí. Cada vez son más los aficionados y también los campos de golf, grandes superficies verdes, con la hierba cortada al milímetro, que tapizan el territorio y en muchos casos están rodeados de un mar de casas. Son la imagen que acompaña al golf, un deporte envuelto en una constante polémica por el consumo de suelo y agua que exigen sus instalaciones, en un país donde la mitad del territorio padece cíclicamente fuertes sequías. El golf se ha asentado y ha cambiado el mapa deportivo y físico en España. Dicen que es ya el cuarto deporte en número de practicantes, un negocio seguro, pero algunas comunidades están intentando frenarlo ante el exceso inmobiliario y el consumo masivo de agua. ¿Se han convertido los campos de golf en coartada para desarrollos urbanísticos?, claro, el problema según los ecologistas son sobre todo las miles de casas que se construyen alrededor. El modelo del golf con grandes urbanizaciones es "insostenible.
     Se defiende este deporte diciendo que atrae al turista de alto poder adquisitivo y fuera de temporada. Y también la especulación inmobiliaria. ¿De verdad es España un país aficionado al golf? En la última década, 207.000 personas han sacado su licencia para practicar el golf en España, que hoy roza la barrera de los 330.000 federados, sólo por detrás de los del fútbol, la caza y el baloncesto. Aunque entre esas cifras deben haber muchos que sólo practicaron el golf una mañana y todos sabemos que muchos deportes no hace falta federarse para practicarlos.
     El número de campos de golf ha crecido de forma espectacular: de los 222 registrados hace 10 años se ha pasado a los 374 actuales, según los datos de la Real Federación Española de Golf. El mapa del golf está lleno de banderitas en Andalucía, donde más. Concentra casi un centenar de campos, y prácticamente la mitad se apiña en el litoral entre Málaga y Algeciras. La Costa del Sol se ha ganado así otro sobrenombre, el de la costa del golf. Le sigue, con 43 campos, Cataluña, y se mantienen como destinos asentados Canarias y Baleares. El norte exhibe una sólida tradición golfística y crece sobre todo en Galicia, mientras que pujan por alcanzar los puestos de cabeza la Comunidad Valenciana y Murcia. También Madrid pretende aumentar sus instalaciones, empujada por la mayor federación, con más de 90.000 licencias y una treintena de campos que no cubren la demanda.
     La costa se ha llenado de hoyos en esta última década espoleada por los beneficios del turismo del golf, que genera anualmente en España unos ingresos de 1.300 millones de euros y atrae a extranjeros de alto poder adquisitivo que acuden fuera de la temporada de sol y playa. El turismo del golf en Europa representa al año más de 1,6 millones de viajes, y en este atractivo mercado España "goza de una destacada posición de liderazgo".
     La vorágine inmobiliaria de los últimos años ha consagrado otro matrimonio de conveniencia muy rentable, el de las urbanizaciones con campo. El negocio del ladrillo ha movido miles de millones anuales en estos proyectos asociados al golf, y su vertiginosa carrera ha levantado las protestas y la preocupación por el fuerte impacto ambiental sobre el territorio y los recursos hídricos. Especialmente en esta última etapa durante la que se han aprobado decenas de campos en Andalucía, la Comunidad Valenciana y Murcia, el debate sobre su consumo de agua se ha reavivado.
     Un campo de golf necesita cada año entre 300.000 y medio millón de metros cúbicos de agua, el equivalente al consumo de una población de 10.000 habitantes. Demasiado para zonas secas, que se quejan constantemente de falta de agua, en opinión de los grupos ecologistas. "El problema del golf no sólo es el campo, sino sobre todo las miles de viviendas alrededor", según Ecologistas en Acción en Alicante. Y lo certifica un reciente estudio pendiente de publicación de los profesores José Ramón Navarro y Armando Ortuño, de la Universidad de Alicante, para el Ministerio de Medio Ambiente. El informe, que analiza el golf en la Comunidad Valenciana y Murcia, sostiene que las urbanizaciones con campo consumen entre cuatro y cinco veces más agua. No es un problema del riego del campo, afirman los autores, sino de la urbanización extensa, con jardines individuales y piscinas, en la que se dispara el consumo de 25 y 40 metros cúbicos mensuales por abonado en verano, o más, frente a los nueve en una ciudad compacta. Además, mientras los campos de 18 hoyos ocupan normalmente entre 50 y 60 hectáreas, estos proyectos con miles de residencias alcanzan una superficie de hasta 300. Son enormes extensiones de un fuerte impacto territorial. El modelo actual se ha hecho ya "insostenible".
     Pero el aluvión de planes urbanísticos asociados al golf en la última década ha obligado finalmente a algunas administraciones a elaborar regulaciones específicas. Llegan en un momento de crisis y parón inmobiliario que dejará en la cuneta más de un proyecto. Andalucía aprobó un decreto el pasado febrero para asegurar la sostenibilidad ambiental de sus instalaciones e incentivar el acceso público. La Junta de Andalucía se adjudica unos ingresos anuales de 512 millones de euros de 360.000 turistas del golf, de los que 250.000 son extranjeros, especialmente del Reino Unido y Alemania. Y apuesta por mantener el liderazgo en este segmento turístico, que considera "estratégico" para la comunidad. "El golf seguirá siendo un atractivo de primer orden para atraer visitantes y, desde luego, lo que ya no será es una excusa para vender casas", aseguran fuentes del Gobierno andaluz.
     ¿Pero caben más campos? La Comunidad Valenciana, donde los empresarios alicantinos pretenden que se abran 34 más, no quiere dejar escapar este negocio. Una ley de enero de 2007 prevé tramitaciones separadas de campos y áreas residenciales -lo que en principio no impedirá una urbanización próxima-, pero al amparo de la normativa anterior se han aprobado en cinco años 21 proyectos, la mayoría con viviendas. Murcia también pisa el acelerador y elabora una ley de campos mientras ha dado salida a 14 proyectos y tramita otros 25. En ambos casos, las confederaciones hidrográficas no han dejado de advertir que los recursos para miles de casas anexas no están garantizados a corto plazo. El PP, que gobierna en ambas comunidades, todavía fía la solución a todos los problemas hídricos en el derogado trasvase del Ebro. Baleares, por el contrario, impuso hace años una moratoria y acaba de aprobar una ley de protección del territorio que insiste en excluir el golf residencial e impone nuevas condiciones a futuros campos. Cataluña también ha echado el freno. "Se evita al máximo que los campos sean la excusa de una urbanización. Deben ser sostenibles ecológicamente y muy especialmente en el tema del agua", subraya la Consejería de Política Territorial.

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