Producen miel y jalea real, polinizan los campos y levantan la agricultura,
pero las estamos perdiendo. Al menos el 30 por ciento de toda nuestra
alimentación depende directamente de ellas. Y su tarea polinizadora asegura
también la supervivencia de muchos ecosistemas en todo el planeta.
Pero desde hace unos años su número
se está reduciendo drásticamente. Una cuarta parte de los enjambres
norteamericanos ha desaparecido sin dejar rastro, y en algunas zonas la cifra
llega al 90 por ciento. En Europa estamos empezando a notar el mismo fenómeno:
la población de abejas de Alemania se ha reducido a la mitad en los últimos 15
años, y las cifras en España llevan el mismo camino. ¿Qué está ocurriendo?
Nadie lo sabe aún con certeza. Los científicos apuntan varias teorías;
Pesticidas. La generalización de
monocultivos especializados y los pesticidas que se usan para tratar estas
semillas, que son muy dañinos. En China se han empleado tanto que la
polinización se tiene que realizar a mano. Los científicos están desarrollando
especies de abejas resistentes a ellos.
Ácaros. El Varroa destructor, un parásito que se
alimenta de la hemolinfa de las abejas, provoca a estos insectos
malformaciones, infecciones y la pérdida de la capacidad reproductiva de los
zánganos.
Radiaciones. La telefonía móvil altera los sistemas de
navegación de las abejas. Un estudio de la Universidad alemana de Landau dice
que el 70 por ciento de las abejas sometidas a radiación es incapaz de volver
a la colmena.
Mientras se mueven por la flor para
libar su néctar, las abejas se llevan el polen. Éste, que está presente en las
anteras de la planta, se adhiere a su cuerpo, desde donde lo trasladan hasta
los estigmas de la flor que visitan más tarde. Una colmena media se puede
encargar de polinizar hasta 700 hectáreas de terreno, cultivos agrícolas
incluidos.
Una colmena aloja entre 40.000 y 80.000 individuos, de los cuales unos 500 son
machos (zánganos) y sólo uno ejerce de reina. Todo el trabajo lo ejecutan las
obreras. La cera de éstas sirve para crear las miles de celdas hexagonales,
que tienen esta forma geométrica porque es la que ofrece más espacio con menor
cantidad de cera.
Albert Einstein dijo muchas
genialidades a lo largo de su vida. Una de ellas, poco conocida, fue: «Si las
abejas desaparecieran de la Tierra, el ser humano sólo podría sobrevivir
cuatro años». Y puede que tuviera razón. (Rodrigo Padilla)
Un parásito procedente de Asia es el
responsable de la desaparición de las abejas
Un organismo unicelular, parásito
común de las abejas asiáticas, se ha extendido por Europa y América y está
detrás de la masiva desaparición de estos animales en muchos países, según un
científico español que ha estudiado este fenómeno durante años. La buena
noticia: el tratamiento contra esta plaga existe, es barato, y además
efectivo.
El culpable es un parásito microscópico, un hongo
llamado "nosema ceranae", según Mariano Higes, que lidera un grupo de
investigadores en un centro apícola de financiación estatal en Guadalajara,
corazón de la industria melífera española. Él y sus compañeros han analizado
miles de muestras de colmenas infectadas en diferentes países.
"Comenzamos en 2000 con la hipótesis de que eran los
pesticidas, pero lo descartamos pronto", declaró en una entrevista esta
semana. Tan sólo se encontraron trazas de pesticidas en una ínfima proporción
de las muestras, y las colonias de abejas estaban también muriendo en áreas a
muchos kilómetros de distancia de las tierras cultivadas. Descartaron a
continuación el ácaro varroa, que es fácil de ver y que no estaba presente en
la mayoría de las colmenas afectadas por el mal.
Durante mucho tiempo Higes y sus colegas pensaron que
un parásito llamado "nosema apis", común en climas húmedos, estaba matando a
las abejas. "Vimos las esporas, pero los síntomas eran muy diferentes y
también estaba ocurriendo en climas secos". Entonces decidieron estudiar la
secuencia del ADN del parásito, y descubrieron que era una variante asiática,
el "nosema cerane". Las abejas asiáticas son menos vulnerables a ella, pero
podía matar a las abejas europeas en cuestión de días, dentro de las
condiciones del laboratorio.
"El nosema ceranae es mucho más peligroso, y vive en
ambientes fríos y cálidos. Una colmena puede resultar infectada en dos
meses y la colonia al completo podría morir en seis o 18 meses", dijo
Higes, cuyo equipo ha publicado numerosos trabajos sobre la materia. "No
tenemos ninguna duda de que es el nosema ceranae, y creemos que el 50% de
las colmenas españolas están infectadas", dijo. España, con 2,3
millones de abejas, es el hogar de una cuarta parte de las abejas de la Unión
Europea.
Su equipo también ha identificado este parásito en
abejas de Austria, Eslovenia y otras partes de la Europa del Este, y asume que
la invasión se ha producido desde Asia en varios años. Ahora parece haber
cruzado el Atlántico, ya que está presente en Canadá y Argentina, según
explica. Los investigadores españoles no han realizado pruebas sobre muestras
de Estado Unidos, donde también han desaparecido un importante número de
ejemplares.
Otras teorías barajadas hasta ahora
apuntaban a señales de la telefonía móvil, pero Higes hace hincapié en que las
abejas usan la posición del sol como referencia, y no frecuencias
electromagnéticas. Otros elementos, como la sequía o el abuso de pesticidas y
fertilizantes pueden jugar un papel en la menor resistencia de las abejas,
pero Higes está convencido de que el parásito asiático es el principal
asesino.
El tratamiento contra el nosema ceranae es barato y
efectivo (un euro por colmena al año), pero primero debe convencerse a los
apicultores de que el parásito es el problema.