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PASEO
ROMÁNTICO
Armando y María dan un paseo romántico por el campo. Los deseos amorosos de Armando aumentaban
Conforme se internan entre los árboles . Justo cuando su lujuria llega al máximo y
comienza a arrimarse a María, ella lo interrumpe:
—Espero que no te moleste, pero tengo ganas de echar una meadita.
Un poco sorprendido por la vulgaridad le dice:
—Está bien, ¿porqué no te vas detrás de esos arbustos?
Ella asiente y desaparece detrás de la maleza. Mientras Armando espera, puede escuchar el sonido de las medias de
nylon deslizándose por las suculentas piernas de María y se imagina todo aquello que está quedando expuesto.
Incapaz de contener un segundo más sus instintos animales. Armando introduce el brazo a través de los arbustos y toca la pierna
de María. Suavemente sube la mano más y más, hasta que, horrorizado, agarra algo largo y grueso que cuelga entre las piernas de María.
—¡María, por Dios! ¿Cambiaste de sexo?" —Grita angustiado.
—No. —Contesta ella. —cambié de opinión...estoy cagando.
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EN
LA SELVA
La cebra estaba
quemando una china en el tabaco, con el papel preparado, para hacerse un porro.
A todo esto llega el conejo, corriendo:
— ¡Cebra, cebra! ¿Qué
haces? No tía, vida sana, vente a correr conmigo, tía, no seas así, los
pulmones negros y con toda esa mierda...
Total, la cebra tira el
porro y se va corriendo con el conejo.
Unos minutos después, se
encuentran con la jirafa, volcando una rayita de farlopa en un espejito que
llevaba siempre encima.
—No, jirafa ¡¡¡no!!!
¡No hagas eso! Hay que ser sano, vente con la cebra y conmigo a
echar unas carreritas para ponernos en forma... no seas así, que vas a acabar
aparcando coches, tía.
Se lo piensa un segundo
la jirafa y tira el espejo y el pollo de coca y se va con la cebra y el conejo a
echar un ratito de carrera.
Al poco se encuentran al
león quemando el jaco en la cucharilla, y con la jeringa preparada ya.
—Joder, león, te pasas tío... te metes en un mundo muy chungo, tío...
Vente con nosotros a
hacer deporte, tío.
El león tira el jaco y
le mete un zarpazo al conejo que casi le arranca la cabeza.
—León, ¿porqué has
hecho eso? —dice la jirafa.
—Porque estoy hasta los
cojones del conejo éste, y de que cada vez que se come un tripi me haga correr
por toda la selva como un gilipollas.
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HUMOR |
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