La música embriaga
La música activa las zonas del cerebro que determinan la secreción de
dopamina, un neurotransmisor que nos informa de la llegada de una grata
recompensa.
Las notas activan las mismas regiones cerebrales que se ponen en marcha
por la euforia ante la comida o el sexo.
El sáculo, una pieza del oído interno reacciona a las frecuencias de la
voz humana —de 500 a 2.000 hertzios— y transmite las señales auditivas al
hipotálamo, parte del cerebro relacionada con el apetito y el deseo erótico.
Para algunos científicos, el deseo de cantar fue determinante en la
evolución humana y precedió al lenguaje para coordinar las acciones en grupo.
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