Palos
con Susto sí Duelen
Por: TIRMA
DELGADO BOTI. Psicoanalista
Enviado por Josefa Illán
Respuesta
a un escrito anónimo sobre la violencia
familiar:
Uno de los problemas más
graves dentro de la violencia familiar es la
consideración superficial y simplista con la que se
aborda este complejo tema.
En numerosas publicaciones, jornadas, cursos, etc. Las
razones con las que se argumenta o explica el
mantenimiento de una relación de maltrato son
básicamente tres: la culpa, la pena y el miedo.
En la práctica, estas razones si no se investigan ni se
analizan, responden a casi tantos casos como cuestionan.
¿Por qué si es el sentimiento de culpa por romper una
familia, a dejar a los hijos sin padre, muchos casos
comienzan en el noviazgo, en la luna de miel o en el
período comprendido entre la boda y el primer
nacimiento? ¿La mujer que denuncia no tiene miedo o
tiene menos que la que no denuncia? ¿Si tienen miedo a
no saber desenvolverse en la vida solas o a no poder
mantenerse a ella o a sus hijos cómo se explican
aquellos casos en los que ella trabaja? ¿Si el
sentimiento de pena es tan grande como para poner en
riesgo su vida no lo es para poner a salvo la de sus
hijos?
En base a mi experiencia, estas tres razones son válidas
pero no suficientes; deben tomarse como puntos de
partida para seguir analizando, ya que lo encontrado en
su base es lo que para mí expresó muy bien la
psicoanalista Carmen Gallano en un taller sobre
maltrato: “No se quedan cautivadas por el ser singular
de ese hombre, sino cautivas de la oferta amorosa en las
que ese hombre les hacía sentir que eran “todo” para él
(Carmen Gallano, Usos y Abusos del Fantasma, 18 y 19 de
Julio del 2003). Es decir, el hombre (que las llega a
maltratar incluso hasta la muerte) encarna para ellas el
Otro del Lenguaje. Las palabras de ese hombre dan valor
a su ser para suplir la falta de valor en la que están.