INFORMACION, 28 de agosto - RAFA JOVER
El barrio de Santa Bárbara celebra las
fiestas en honor a su patrona
El popular barrio de Santa Bárbara de Monóvar
celebra durante este fin de semana sus tradicionales fiestas en honor a
su santa y que sirven de prólogo a las fiestas patronales de la
localidad. Las celebraciones se iniciaron el pasado jueves con la
iluminación de la ermita y sus alrededores, con la alborada y el
pasacalles de los dulzaineros, mientras que ayer viernes estaba
programada la primera suelta de vaquillas y una verbena popular.
Para hoy sábado está previsto que los actos festeros se inicien con
pasacalles de los dulzaineros, los concursos de petanca y sarangollo y
la «bajada» de Santa bárbara desde su ermita hasta la iglesia parroquial
de San Juan Bautista, acompañada por las autoridades y La Artística. El
día acabará con un castillo de fuegos artificiales y con la barraca
popular. Las fiestas del barrio acabarán el domingo con una prueba
ciclista, la «subida» de la santa de regreso a su ermita y el disparo de
la traca, que anunciará el fin de las fiestas.
Por otra parte, hay que señalar que los cargos de reinas y damas han
recaído en Andrea Bravo, que es la reina mayor junto a sus damas
Estela Giménez, Nuria Albert, María Remedios Llobel, Lorena Prats, Laura Amorós
y Naira Pérez. La reina infantil es Lucía Poveda y sus damas las niñas
María Remedios Esteve, Eugenia Ripoll, Cristina Pérez, Esperanza Poveda,
Esther Prats y Alejandra Sanchiz.

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LA VERDAD, 28 de agosto - DEMETRIO MALLEBRERA
Hondos relejes
Dice el escritor Azorín, en la última novela en la que usó su nombre
de pila (José Martínez Ruiz) con el sugerente nombre de Las
confesiones de un pequeño filósofo, obra que este año cumple su
centenario, al narrarnos ese viaje de Monóvar a Yecla para ser
internado en el Colegio de los Escolapios, realizado cuando él tenía 8
años y que tanto le marcó, que «el carro iba dando tumbos por los
hondos relejes». Por ser palabra de rancio abolengo y muy poco usada
en la actualidad, diremos que los relejes, también llamados rodadas o
carriladas, son las señales que deja impresa la rueda de un vehículo
en el suelo por donde pasa. Son las marcas de las ruedas. O son,
también, las huellas profundas. El libro, sencillo y entrañable, viene
a completar la trilogía autobiográfica y justificativa del personaje
que luego le daría nuevo nombre para siempre (las dos anteriores,
recuérdese, fueron La voluntad y Antonio Azorín) aunque más adelante
vinieran otras notas de evocaciones y remembranzas, y está escrito en
el Collado de Salinas, lugar que describe con amor y minuciosidad
desde el principio, antes de adentrarse en la descripción sentimental
de afectos, anécdotas, personas y ambientes de su niñez y primera
juventud, que rememora a sus 31 años. Podríamos decir que se trata de
ese tipo de relato que cada quisque desea realizar cuando cree que ya
tiene un determinado grado de madurez y está en condiciones de contar
sus vivencias tras realizar una visita a su lugar de procedencia
reviviendo lo que está convencido de que son, escarbando entre
recuerdos, sus huellas más profundas.
Parece tener claro el autor que desea dejar dicho lo dicho para
emprender un nuevo rumbo, como así se colige al adentrarnos en su
biografía. En ese mismo año, 1904, Azorín demuestra un marcado interés
por la política, abriéndose paso en lo que sería durante un tiempo su
dedicación principal. Y así, en enero, inaugura en Prensa su seudónimo
escribiendo con él las célebres Impresiones parlamentarias en el
diario España, unas crónicas en las que se habla poco de política
porque lo que uno encuentra son anécdotas, informaciones minuciosas,
detalles, curiosidades y notas ciertamente divertidas, conformando un
nuevo género periodístico, que nos atreveríamos a decir que aún hoy no
ha sido superado, y que le dio prestigio y fama. Más adelante, en
agosto, encontrándose en Ontaneda (Cantabria) escribiendo crónicas de
balnearios (de donde saldría después otro libro titulado Veraneo
sentimental) vino a coincidir con el que en esos momentos era el
presidente del Gobierno, Antonio Maura, con su séquito de
guardaespaldas quienes sospecharon de Azorín hasta el punto de
detenerlo y ser registrado su equipaje por la Policía al haberlo
confundido con un anarquista misterioso, circunstancia de la que salió
valedor el mismo Maura dejándolo en libertad. A ese gesto nuestro
pequeño filósofo correspondió dedicándole el libro que venimos
comentado.
Para nosotros, cien años después, la lectura nos traslada a una época
para que sepamos lo que se hacía y lo que se pensaba. Es importante
matizar que cita a quienes más influyeron en él, en su carácter, en su
forma de ser y en su personalísimo estilo que, como seguimos
defendiendo, forma parte de este paisaje del que se empapó en años
fecundos de forja de inteligencia, juicio y agudeza. Y nos sitúa en
lugares concretos que quizás no han cambiado demasiado, si bien él
quiso ennoblecerlos definiendo su peculiaridad intrínseca, provocando
admiración entre intelectuales y políticos del momento, al afirmar que
«el verdadero Alicante, el castizo, no es el de la parte que linda con
Murcia, ni el que está cabe los aledaños de Valencia; es la parte
alta, la montañosa, la que abarca los términos y jurisdicciones de
Villena, Biar, Petrel, Monóvar, Pinoso». Las confesiones son un
compendio de invocaciones que hace «un pobre hombre, un pequeño
filósofo que vive en un grano de arena perdido en lo infinito».

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EL PERIODICO, 28 de agosto - ANTONIO BAQUERO
Una boda con 72
vírgenes
El grupo terrorista de Zarqaui distribuye un CD en
el que se explica el ritual de los suicidas
Como un novio antes de celebrar el matrimonio. Así se
prepara un terrorista suicida. En las horas previas a pasar a la acción, el
shahid (mártir) realiza un ritual conocido como la ceremonia del que
anhela a las mujeres de ojos castaños. Es un rito prenupcial que prepara al
suicida para su boda con las 72 vírgenes que, según le han prometido, le
esperan en el paraíso cuando cumpla su misión. La ceremonia consiste en unos
himnos sobre ese matrimonio que le cantan al mártir sus compañeros de
armas.
Estos detalles sobre la preparación espiritual de un atentado aparecen en el CD
titulado Vientos de victoria, que ha elaborado Monoteísmo y Guerra Santa,
la organización del terrorista jordano Abú Musab al Zarqaui. Miles de copias de
ese CD, de 45 minutos, han sido distribuidas por Oriente Próximo, especialmente
en Irak y Kuwait.
Paso a paso
Como quien lanza una campaña de publicidad para captar socios para un club de
fútbol, el objetivo de Zarqaui con ese disco es reclutar nuevos voluntarios que
se sumen a la guerra santa contra las fuerzas invasoras en Irak.
"Adelante, hermanos; Dios ha abierto las puertas del paraíso", dice el
narrador del CD, que empieza mostrando imágenes de bombardeos estadounidenses,
de niños iraquís heridos y mutilados y de torturas a presos iraquís en la cárcel
de Abú Graib. "¿Hasta cuándo vamos a estar callados?", se pregunta el
narrador, que promete "venganza".
En el CD aparecen combatientes de Arabia Saudí, Siria, Argelia, Kuwait y Egipto.
No obstante, el protagonista es un egipcio identificado como Abdul Ramán al
Dosari. Con él se observa paso a paso cuál es la preparación ritual de un
atentado. Mientras sus camaradas, todos encapuchados, le cantan canciones sobre
las hurís que le esperan en el más allá, Al Dosari enseña el botón adosado a su
cuerpo con el que, en el más acá, convertirá en una bomba el camión relleno de
explosivos que conduce.
Después aparecen las imágenes del camión de Al Dosari estallando. Para acabar,
el CD exhibe el cadá-
ver ensangrentado del terrorista, con los ojos aún abiertos. El disco muestra
otros atentados, entre ellos una explosión en una calle que, según asegura,
corresponde al atentado que mató al presidente de turno del Consejo de Gobierno
iraquí, Ezedín Salim.
En el CD, el grupo de Zarqaui se atribuye los principales atentados perpetrados
en Irak. Para que eso quede claro, el narrador identifica y exhibe las
fotografías de los autores de las mayores masacres. Entre otros, el disco
asegura que el ataque contra la ONU fue perpetrado por el egipcio Abú Farida al
Masri, un exjugador profesional de hockey, que llegó a jugar en Italia.
El narrador, que amenaza con extender los atentados a Kuwait, asegura que los
ataques contra la policía y el Ejército iraquís son legí-
timos. "¿Cómo un musulmán --se pregunta-- con un mínimo de fe puede
ser soldado de los cruzados o policía de los infieles?"

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