Veintitrés son los municipios de la provincia de Alicante con una
proporción de extranjeros de al menos la cuarta parte de sus vecinos.
En casi todos ellos es el Reino Unido la principal comunidad no
española, excepto en Benissa, Calpe, La Nucía y Els Poblets, donde
hay mayoría de alemanes, a tenor de lo que indica el censo
correspondiente al ejercicio 2001.
¿Cómo se instalan estos peculiares turistas? Desde hace tiempo, los
europeos que compran una segunda residencia en la provincia de
Alicante optan por hacerlo en municipios del interior. ¿El motivo?
Mejores precios, más tranquilidad, servicios aceptables y menos
masificación que en la costa. En el caso de la comarca del Bajo
Segura, por ejemplo, aunque Orihuela, Torrevieja, Pilar de la
Horadada y Guardamar son los cuatro municipios eminentemente
turísticos situados en primera línea de la costa, hay otros
veintitrés ubicados en segunda y tercera línea que también se están
beneficiando de la nueva tendencia de «invasión» urbanizadora hacia
el interior.
Atlas Internacional, una de las empresas de mayor pujanza del sector
inmobiliario turístico, señala que los principales compradores son
ingleses, repartiéndose el resto de la tarta inmobiliaria entre
compradores españoles, belgas y alemanes, en orden decreciente. Ha
habido importantes aumentos de ventas en municipios como Daya Nueva y
Daya Vieja, Almoradí, Rojales e incluso en pequeñas pedanías como la
oriolana de La Matanza. También han aumentado las ventas en la zona
de Aspe, Castalla y alrededores «debido a que los precios en primera
línea de costa se han desbordado y la tendencia es a poner la vista
en municipios situados en segunda o tercera línea de costa, incluso
más al interior aún», explica Jorge Ballester, de Atlas
Internacional.
Esta tendencia está influyendo sobremanera en la demografía rural.
«No es que estemos ante una recuperación demográfica abierta y
sostenida en esas zonas, pero al menos no se pierde población como
sucedía hace unos años», asegura el profesor universitario Benjamín
García, autor de la publicación Apuntes para un libro blanco del
desarrollo rural. En el mismo se incluye a la provincia de Alicante
entre las catorce del país que han conseguido mantener su población
rural o han crecido ligeramente.
«Las causas del crecimiento en estas zonas no son homogéneas, ya que
influyen motivos de carácter exógeno y otros endógenos», señala. Así,
influye no sólo la expansión de las segundas residencias sino la
simple valoración de albergarse en casas de pueblos y la llegada a
éstos de trabajadores «bien para realizar trabajos de temporada, o
para quedarse residiendo o sólo para pasar largas temporadas. Pero
son signos que hablan por sí solos de un cambio radical en los
parámetros de la demografía rural», explica el profesor.
Se estima que una cuarta parte de los inmigrantes que llegan acaban
por instalarse en el mundo rural. «Al principio elegían las cabeceras
de comarca para asentarse pero ahora ya lo hacen también en pueblos
muy pequeños donde se les ofrece un trabajo y una vivienda; y si ven
que les va a resultar posible conseguir una cierta estabilidad
laboral, se quedan, pese al problema del idioma».
En Alicante nacen más hijos
de inmigrantes que de españoles
El Mundo,
26/12/04 - Ana María Ortiz e Ildefonso Olmedo
A la capital alicantina llegan
diariamente «turistas» que acaban en el paritorio
Por primera vez, nacen en una
provincia española más hijos de inmigrantes que de ciudadanos
españoles
Hospital General de Alicante. Sala de partos. 18 de mayo de 2004.
Nada más ver la luz, en cuanto el pequeño Ilias agarró su primera
llantina, su padre, Mohamed, lo cogió entre sus brazos. Acercó los
labios primero a la oreja derecha del bebé y le susurró, en árabe, la
llamada al rezo, el mismo cántico que los muecines entonan desde las
torres de las mezquitas para congregar a sus fieles. Inmediatamente
después, esta vez al oído izquierdo, Mohamed le recitó a Ilias la
oración completa: «Que Dios es grande, único, que Mahoma es su
profeta...», vino a decirle apresuradamente al recién nacido.
Cumplía así al pie de la letra la tradición que marca cuáles son
las primeras palabras que debe escuchar todo buen musulmán justo en
el momento de su llegada al mundo.
Mohamed el Jaafari, 37 años, cree que escenificó el rito con tanta
discreción que ni siquiera los doctores que atendían el parto se
enteraron de lo que hacía. Y de haber llegado a los tímpanos del
equipo médico, tampoco se hubieran sorprendido.No es noticia que la
afluencia de mujeres inmigrantes a las maternidades españolas -y con
ellas, distintas formas culturales de afrontar el parto- forman ya
parte de la normalidad. Pero sí lo es, y de primera plana, lo que
últimamente ha venido sucediendo en Alicante, donde ha nacido el hijo
de Mohamed.
La ciudad, y toda la provincia, ha sido durante unos meses
protagonista de un hecho demográfico extraordinario, totalmente
desconocido hasta ahora en nuestro país, y que ninguna proyección
poblacional había sabido prever.
Resulta que en los últimos meses el número de niños hijos de
extranjeros inscritos en el Registro Civil de Alicante ha superado al
de los hijos de españoles. La proporción ha sido de seis bebés
inmigrantes por cada 10 registrados. Un hito. El ascenso de los
inmigrantes en las estadísticas de natalidad viene siendo imparable
en los últimos años pero parecía lejano que el momento en que los de
fuera vencerían.
«Una bomba», dice Vicente Gonzálvez, catedrático de
Geografía en la Universidad de Alicante y estudioso de las
coordenadas que relacionan inmigración y nacimientos.«Son datos fuera
de toda lógica a los que no puedo encontrar explicación», se encoge
de hombros el experto.
Los funcionarios del Registro Civil de Alicante comenzaron a
palpar el fenómeno durante el verano pasado. «Las colas para apuntar
a los niños», explica el propio secretario judicial del Registro,
«parecían más las de la oficina de Extranjería que las del Registro
Civil. Fue para todos una situación desconcertante».
Por eso comenzaron a contarlos uno a uno, hasta constatar que
la proporción del 60% venía repitiéndose desde mayo. Así, si el
año pasado en Alicante ciudad rubricaron 3.675 nacimientos, este año
podría cerrarse con una cifra cercana a los 4.000. Si tenemos en
cuenta el computo global de todo el 2004, los hijos de extranjeros
supondrán el 40% del total de nacimientos.
Tal ha sido la concentración de inmigrantes a punto de dar a luz
en Alicante, que incluso muchas parturientas tuvieron que ser
desviadas a hospitales de las vecinas ciudades de Elche y San Juan.
Y, según fuentes judiciales, la situación vivida en la capital se ha
reproducido en toda la provincia. Mohamed, que sabe que su hijo Ilias
ha formado parte de este pequeño milagro, lo celebra con alborozo.
«Me parece fenomenal», dice, «y un poco mal por parte de los
españoles, que de un modo u otro están perdiendo la familia».
El caso de Alicante, al que los expertos no encuentran una
explicación contundente, es una muestra de como en España el empuje
del fenómeno inmigratorio es tal que desborda cualquier previsión
demográfica. Sobran ejemplos de ello. Hace tan solo tres años, cuando
en nuestro país se contabilizaban 1.400.000 extranjeros, los
demógrafos preveían que hasta 2025 no se alcanzaría la cifra de
2.250.000.
Pero hoy, cuando aún faltan dos décadas para la fecha marcada, el
número ya supera con creces lo previsto. En enero de 2003 -datos del
padrón- los inmigrantes eran 2.664.168. Hace tan sólo cinco años, el
INE aseguraba que España tendría problemas para cruzar la barrera de
los 40 millones de habitantes, y decía que la población española
alcanzaría su tope en 2009 con 39,8 millones. Esta misma semana se ha
celebrado que ya somos 43 millones, 500.000 habitantes más que el
año pasado. Gracias a la inmigración.
María José Lorenzo, matrona, lleva 32 de sus 53 años asistiendo
partos en el Hospital Comarcal Virgen de los Lirios, en Alcoy, en el
norte de la Alicante. Una de las zonas, dentro de la provincia, donde
la inmigración tiene menor presencia. Aún así, la llamativa
estadística sobre los alumbramientos de extranjeros en su provincia
no le llama especialmente la atención. Lo que dicen los números lo ha
intuido a pie de paritorio.
Cuando comenzó, tres décadas atrás, tener a una paciente que no
fuera española era un hecho extrañísimo. Todo un acontecimiento
dentro del hospital. Hasta tal punto, que aún recuerda los casos que
asistió en los 70: alguna portuguesa de paso, sorprendida por los
dolores de parto mientras trabajaba en el mercadillo local. O aquella
rusa que rompió aguas dentro de la carpa del circo itinerante que
pasaba por el pueblo. Hoy no sólo es experta en hacerse entender ante
las árabes o rumanas. Sabe también mucho de cómo las diferentes
culturas se enfrentan al momento del parto.
Las sudamericanas, por ejemplo, prefieren parir sentadas o
semisentadas. Las árabes, con la cabeza cubierta con un velo o un
pañuelo tal y como manda el Corán. «Una mujer sólo puede descubrirse
delante de su familia», explica Mohamed, cuya esposa Tourya también
dio a luz cubierta.
En el hospital de María José el porcentaje de madres extranjeras
es del 15%. En la maternidad de Orihuela, también en Alicante, donde
trabaja María Paz de Miguel, matrona y licenciada en Antropología,
Geografía e Historia, duplican esa cuota. El año pasado asistieron a
750 extranjeras (un 31% de todos los partos) de 50 países
diferentes.«Tenemos de los cinco continentes», explica, «hasta de
países que te cuesta ubicar en el mapa: Surinam, Tailandia, Islandia,
Australia...». Por eso, la experta titula alguna de las conferencias
que da sobre el asunto Trabajando en un babel.
POBLACION FLOTANTE: En toda España, el año pasado, el
número de nacimientos de madre extranjera se situó en 53.306, el
12,2% del total. Curiosamente, fueron las marroquíes las que más
hijos tuvieron (10.525) por delante de las ecuatorianas (10.406),
pese a que éstas últimas las duplican en número.
Y aunque los porcentajes de Alicante superan la media nacional -un
16% de hijos de la inmigración de un total de 14.000 partos en 2003-,
a primera vista resulta incomprensible que la estadística haya dado
un salto tan gigante en tan poco tiempo. ¿Qué puede explicar que
entre mayo y octubre de este año haya llegado al 60%? «Hay muchos
quizás», dice una voz del Registro Civil de Alicante, «quizás porque
en ese periodo hay mucha población flotante en Alicante, quizás
porque haya muchas parturientas en el barco que diariamente llega de
Orán (Argelia), quizás porque muchas visitas turísticas terminan en
los paritorios...».
Jamal Chaibi, responsable de inmigración de CCOO en Alicante,
arroja luz al fenómeno recurriendo a lo que se denomina la presunción
de nacionalidad. «Según la ley española los hijos de inmigrantes
toman la nacionalidad de los padres. Pero sucede que muchos países
suramericanos no reconocen a los niños nacidos fuera de sus
fronteras.
Por eso, en estos casos, para evitar que los pequeños se
conviertan en apátridas, sí se les concede la nacionalidad española»,
explica. Y como quiera que la Convención Internacional de los
Derechos del Niño dice que a ninguno se le puede privar de los
cuidados del padre, muchos inmigrantes buscan con ahínco un hijo
español o lo que es lo mismo, un visado hacia la legalidad.
La maternidad/paternidad concebida como pasaporte hacia la
regularización. Partiendo de esta premisa se establece una lógica
ecuación: a mas inmigración sin regularizar más nacimientos. Y
en este terreno, el de la ilegalidad, Alicante se lleva la palma.
«Es la primera provincia en porcentaje de inmigrantes sin papeles»,
explica Carlos Gómez Gil, profesor de Análisis Económicos en la
Universidad de Alicante, experto en Cooperación y Extranjería. Las
cifras que él maneja hablan de 150.000 sin papeles frente a 115.000
documentados.
Sea el caso de Alicante un espejismo o la eclosión de una
tendencia con visos de consolidarse es algo que dirá el tiempo. Pero,
cuanto menos, el asunto invita al seguimiento y la reflexión. ¿Es
posible que su modelo se reproduzca algún día en toda España?
¿Llegará el momento en el que los nacimientos de hijos de extranjeros
superen a los de españoles?
«Es muy raro que eso llegue a suceder. A largo plazo puede ocurrir
cualquier cosa porque la fecundidad española es baja y el aumento de
la inmigración, fuerte. Pero pasar del 12% al 50% son palabras
mayores», dice Joaquín Arango, ex director del CIS, ahora al frente
del Centro de Estudios sobre Ciudadanía y Migraciones del Instituto
Universitario Ortega y Gasset.
LA «ESPAÑOLIZACION»: Arango dibuja un panorama de futuro en
el que la natalidad de los inmigrantes seguirá aumentando, pero a un
ritmo mucho más lento que en los últimos años. «Habrá dos tendencias
contradictorias», explica, «por un lado los procesos de reagrupación
familiar, que son esperables, tenderían a aumentar la natalidad. Pero
en sentido inverso, con el paso de los años las madres extranjeras se
aproximarán a las pautas de fecundidad españolas».
Mohamed el Jaafari y su esposa Tourya son un buen ejemplo de lo
que apunta el experto. En cierto modo se puede decir que se han
españolizado. De no ser por sus nombres, su retrato es el prototipo
de una pareja española cualquiera. Él, que lleva 14 años en España,
regenta una tienda dedicada a la compra venta de artículos de segunda
mano. Ella, ocho años de estancia en nuestro país, es ama de casa. Se
conocieron en Alicante hace cuatro años.
Tienen 37 y 35, respectivamente, casa e hipoteca. Tuvieron su
primer hijo, Yousra, hace tan sólo 17 meses, superados ambos la
treintena. Y hasta pronuncian aquello de «de momento nos quedamos con
la parejita» cuando se les pregunta cuánto piensan ampliar la
familia. «Tendremos alguno más, pero dentro de tres o cuatro años. No
por dinero, porque pensamos que los niños vienen con un pan bajo el
brazo, sino por tiempo».
Igual de cauteloso que Joaquín Arango se muestra Diego López de
Lera, demógrafo, miembro del equipo investigador de Sociología de las
Migraciones de la Universidad de A Coruña a la hora de aventurar el
mañana. «La migración es la variable que menos se puede controlar
dentro de las previsiones demográficas», asegura.
Así que cuando se trata de buscar una pista de lo que puede ser el
futuro inmediato él mira a las salas donde se celebran
matrimonios.«En Canarias, por ejemplo, los nacimientos de madre
extranjera son el 12% del total, pero los matrimonios en el que
alguno de los cónyuges es de fuera son ya el 20% y es lógico pensar
que estas parejas tendrán algún hijo en 2005».
En cualquier caso, el momento más inmediato para pulsar la
presencia de los inmigrantes en la maternidades españolas llegará
dentro de tan sólo unos días. Como viene siendo tradición en los
últimos años, los medios de comunicación reproducirán las
instantáneas de los primeros nacidos del año. ¿Serán también más los
hijos de inmigrantes?
HACIA LA PIRAMIDE INVERTIDA
La estructura piramidal de la población española en 1960
(reflejo de una situación de crecimiento demográfico espectacular,
con una población muy joven y muy poca en la tercera edad) comenzó a
abandonar esta forma triangular hace 25 años. Si las previsiones
demográficas se cumplen, en 2040, debido al aumento de la esperanza
de vida y la caída de la natalidad, la pirámide estará casi
totalmente invertida. Las previsiones de Naciones Unidas estiman
que en 2040 España, con 12 millones de mayores (un tercio de la
población total), será el país más viejo del mundo.
Sólo la afluencia masiva de inmigrantes parece estar paliando
este fenómeno irreversible. Su peso se aprecia en la forma
redondeada que el gráfico de 2003 presenta en las edades comprendidas
entre los 25 y los 35 años. Una población eminentemente joven (el 50%
de los inmigrantes tiene menos de 30 años) que está cubriendo lagunas
en la estructura demográfica. La llegada de extranjeros es la razón
de que en la última década la población española haya aumentado en
más de cinco millones de habitantes. Es también responsable de que la
base de la pirámide (el número de nacimientos) se mantenga. Todo ello
puede desacelerar el envejecimiento poblacional, pero no frenarlo
totalmente.