"Chanchullos sindicales" - "Sindicatos
vendidos al capital"
Citibank pagó a CCOO, UGT y FITC por firmar
pactos
´INTERVIU´
08/11/2004
Citibank ha reconocido en un juzgado de Madrid el pago de más de 650.000 euros
(108 millones de pesetas) a los sindicatos CCOO, UGT y FITC por "el esfuerzo que
realizaron" durante las negociaciones de cuatro acuerdos laborales, según
publica esta semana la revista Interviú.
Ese esfuerzo se concretó en cientos de bajas y en la pérdida de derechos
adquiridos por los trabajadores. "Pagar a los sindicatos por su trabajo es
una práctica habitual de mercado", confesó el presidente de Citibank España,
Sergio de Horna, durante la vista oral del juicio, celebrada el pasado 29 de
octubre.
El semanario informa que el pago por los dos primeros pactos se hizo en el 2000.
Citibank España ordenó pagar 234.000 euros por cada negociación, a repartir
entre las tres centrales. El dinero no se ingresó directamente en las cuentas de
los sindicatos, sino usando de intermediario al bufete Baker & McKenzie.
UNA PARTE, EN NEGRO: En noviembre del 2002 y julio del 2003 se lograron
otros dos acuerdos. De Horna admitió pagos a CCOO y FITC pero explicó que, desde
que él asumió la presidencia --en marzo del 2002--, se dejó de usar al bufete
para abonar dinero a las centrales. Un ejecutivo del banco contó que una parte
se dio en negro. Según el dirigente de CCOO Francisco Baquero, los pagos
correspondían a la labor de asesoramiento del sindicato.
Ampliación de la Revista Interviú,
esta semana, en respuesta a lo difundido por CC.OO.
Otro,
El Gobierno beneficia a los sindicatos
amigos: Comisiones Obreras (CCOO) y UGT han encontrado una nueva vía de
financiación: las pensiones de los trabajadores de la Administración del Estado
´INTERVIU´,
Manuel Rico
Comisiones Obreras (CCOO) y UGT han encontrado una nueva vía
de financiación: las pensiones de los trabajadores de la Administración del
Estado. Ambos sindicatos son accionistas, con un 30 por ciento, de la empresa
que gestionará dicho plan de pensiones, que antes de noviembre recibirá una
primera aportación de dinero público de 55 millones de euros.
Además, ha existido una 'autocontratación' apoyada por el
Gobierno, ya que los sindicatos formaron parte de la comisión que adjudicó el
contrato.
Comisiones Obreras y UGT son organizaciones que viven del dinero público. Los
ingresos que aportan las cuotas de sus afiliados equivalen a una mínima parte
del presupuesto de gastos, lo que les obliga a buscar fuentes de financiación
externas. El último recurso que han encontrado es el plan de pensiones de la
Administración del Estado, cuya gestión ha sido adjudicada a una empresa de la
que son accionistas ambos sindicatos. Si ya resulta sorprendente que se dediquen
a hacer negocio con las pensiones, aún lo es más la forma en que se eligió a la
gestora del plan: CCOO y UGT formaron parte del órgano de contratación y, al
mismo tiempo, son dueños del 30 por ciento de la empresa contratada. Y todo con
el apoyo del Gobierno socialista, cuyos representantes votaron a favor de la
autocontratación sindical.
Este plan de pensiones es el mayor de toda España por número de partícipes,
530.000 trabajadores de la Administración, cifra que incluye a altos cargos,
funcionarios de carrera e interinos y personal contratado. La única condición es
que tengan una antigüedad de dos años. Para tener una idea de la magnitud de
este fondo, basta indicar que a finales del pasado año no llegaba a 700.000 el
número de españoles que contaban con un plan similar.
El Gobierno deberá realizar una aportación inicial de 55
millones de euros antes de noviembre y, a partir de 2005, contribuirá con una
cantidad anual que se fijará en los Presupuestos Generales del Estado. Los
trabajadores podrán, por su parte, efectuar ingresos individuales.
El origen de este plan de pensiones privado está en un acuerdo
alcanzado, en noviembre de 2002, por el Gobierno del PP y los sindicatos. La
adjudicación del plan se le encomendó a una Comisión Promotora, que estaba
formada por 22 miembros, 11 representantes de la Administración y 11 de los
trabajadores. De estos últimos, 4 eran de CCOO, 4 de UGT y 3 de CSI-CSIF. El 5
de abril de 2004, se publicó en el BOE el anuncio del concurso de adjudicación.
En total, se presentaron siete ofertas lideradas por las principales entidades
financieras: BBVA, La Caixa, Caja Madrid, Banco Popular, Banesto, Banco Sabadell
y la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA).
El interés de los grandes bancos del país es más que comprensible, ya que los
planes de pensiones de los funcionarios son los que cuentan con mayor patrimonio
en todo el mundo. Así que el asunto olía claramente a negocio. Las entidades
financieras actúan como depositarias del dinero y para el concurso iban
acompañadas de una gestora de fondos, en todos los casos controlada por el banco
respectivo. Esta gestora obtiene sus beneficios de las comisiones que cobra.
En una primera selección quedaron eliminadas las ofertas de Caja Madrid, Banco
Popular y Banco Sabadell. Finalmente, el pasado 6 de julio, la Comisión
Promotora adjudicó el concurso a la empresa Gestión de Previsión y Pensiones,
cuyo accionariado está formado de la siguiente forma: 70 por ciento BBVA, 15 por
ciento CCOO y 15 por ciento UGT. Ambos sindicatos son también accionistas de
Fonditel, otra gestora que quedó finalista.
Gestión de Previsión y Pensiones es una empresa que genera importantes ganancias
anuales. De acuerdo con las últimas cuentas presentadas en el Registro Mercantil
de Madrid, en 2002 obtuvo unos beneficios de 1,3 millones de euros. El 70 por
ciento de esta cantidad se destinó a reparto de dividendos. O sea que, al menos
en este caso, Comisiones y UGT actúan como empresarios que cumplen con la máxima
de la acumulación de capital.
La versión de Sevilla: De acuerdo con la legislación sobre régimen jurídico de
las administraciones y sobre contratos públicos, la adjudicación del plan de
pensiones podría ser ilegal, ya que están obligados a abstenerse en el
proceso de contratación quienes tengan intereses en las empresas adjudicatarias.
Por tanto, los ocho miembros de CCOO y UGT en la Comisión Promotora no podrían
haber participado en la decisión.
Sin embargo, el Ministerio de Administraciones Públicas mantiene que la
adjudicación es "absolutamente legal", ya que el contrato firmado "tiene
naturaleza privada". Es más, el portavoz del ministerio que dirige Jordi Sevilla
consideró de "sentido común" que los sindicatos estén en el accionariado de la
empresa adjudicataria, "ya que es una forma de controlar y defender los
intereses de los trabajadores". Una afirmación que, como sabe cualquier persona
que tenga conocimientos mínimos sobre la economía de mercado, resulta
incorrecta: el control de la gestión corresponde a los miembros del consejo de
administración, mientras que los accionistas son los dueños de la empresa que se
reparten los beneficios obtenidos. Para controlar la gestión, por tanto, no es
necesario ser accionista.
En defensa de que el contrato no tiene naturaleza pública, el ministerio se
apoya en un informe elaborado por la Abogacía del Estado. En dicho informe, que
obra en poder de interviú, se concluye que la Comisión Promotora del plan de
pensiones "no es un órgano de la Administración Pública". En consecuencia, los
contratos que firme dicha Comisión Promotora deben someterse a la normativa
privada, en este caso la Ley Reguladora de los Planes y Fondos de Pensiones. El
informe fue firmado por el anterior abogado general del Estado, Arturo
García-Tizón, el pasado 31 de marzo.
Hay que destacar que, en el mismo informe de Tizón, se señala textualmente que
los miembros de la Comisión Promotora "adoptaron voluntariamente la opción de
someter la adjudicación del contrato a las previsiones de la Ley de Contratos de
las Administraciones Públicas (LCAP), como garantía de objetividad y
transparencia del proceso". El ministerio de Sevilla mantiene que esta decisión
"se cumplió", aunque parece claro que la LCAP prohíbe la autocontratación
practicada por los sindicatos.
La adjudicación ha sido recurrida por dos organizaciones sindicales que la
consideran ilegal. Un portavoz de CSIT-UP, que cuenta sobre todo con
representación en Madrid, anunció el pasado mes de julio en el diario El Mundo
su decisión de pedir que se anulase el contrato. Además, la Federación de
Sindicatos de la Administración Pública ha presentado otro recurso en el mismo
sentido. Esta federación, que ha logrado entrar a formar parte de la Mesa
General de la Función Pública tras las últimas elecciones, ha enviado una carta
al ministro Jordi Sevilla explicándole las supuestas irregularidades.
´La mejor oferta´: Miguel Ángel Crespo, representante de CCOO en la Comisión
Promotora, defendió en declaraciones a esta revista la limpieza del proceso de
adjudicación. Crespo admitió que, en el momento de elegir entre las ofertas,
sabía que la ganadora estaba participada por su sindicato. Pero consideró que su
actuación no había sido sólo legal, sino también ética: "La propuesta de Gestión
de Previsión y Pensiones era con diferencia la mejor. Si hubiese votado a otra,
estaría actuando en contra de los intereses de los trabajadores. Nuestra
obligación era elegir a la gestora que reuniese las mejores condiciones, y las
diferencias eran tan grandes que no existió ninguna duda. De hecho, la decisión
se adoptó por unanimidad". El dirigente de Comisiones aseguró que el sindicato
no ha realizado ningún cálculo de los beneficios económicos que obtendrá,
gracias al capital que tiene en la empresa que gestionará el plan de pensiones.
"Pero supongo que beneficios sí habrá", indicó.
Aurelio Palomares, dirigente de UGT, también se declara muy satisfecho con el
trabajo de la Comisión Promotora: "Hemos dado un ejemplo en todo el proceso de
adjudicación. Los documentos, que se pueden consultar, muestran que se actuó con
pulcritud". Además, Palomares coincide con el Gobierno en destacar que el
contrato no tiene naturaleza pública.
Por su parte, un portavoz del BBVA recordó que la empresa adjudicataria es líder
en el sector y destacó la "limpieza y transparencia" del concurso.
El Gobierno deberá decidir ahora si anula el proceso. Salvo intervención de la
superioridad, Administraciones Públicas parece decidida a avalar la
adjudicación. Una postura que sentaría un curioso precedente: la
autocontratación, apoyada por los representantes del Gobierno y pagada con
dinero público.