Sobre bufones y payasos
El
Semanal, n. 886 - Arturo Pérez-Reverte
...Si es cierto que la figura del animador real se extinguió con el
tiempo, la de payaso ha tenido mucha fortuna desde entonces, y la sigue
teniendo. Y no me refiero a los respetables payasos que hacen reír a los
niños, sino a otros que uno se topa cada día, al encender la radio o la
tele, o abrir el periódico. Payasos contumaces con escaño y coche
oficial, con derecho a voz y a voto, desprovistos, en buena parte, del
más elemental sentido del ridículo o la decencia. Payasos de todo tipo y
pelaje. En ese registro, las variedades ibéricas son dignas de una serie
del National Geographic: payasos de gaviota desplumada, escapulario y
corbata fosforito, payasos a los que les tocó la lotería un 11-M y no
saben qué hacer con el décimo, payasos de la Izquierda Unida Verde
Manzana Federal del Circo Price, payasos que compran votos con
chanchullos, subsidios e inmigrantes, payasos periféricos que ya se
cargaron una monarquía y dos repúblicas y a quienes sólo importa la caja
registradora de su tienda de ultramarinos, payasos que falsifican la
Historia según quién les ceba el pesebre, payasos de uniforme, fajín y
menudillo de Yak bajo la alfombra, payasos episcopales y casposos
incapaces de retener a la clientela, payasos analfabetos que dicen
representarme aunque son incapaces de articular de modo inteligible
sujeto, verbo y predicado, payasos cuñadísimos con moto de agua y camisa
intrépida de General Mandioca, payasos de la demagogia galopante y
omnipresente, payasos y payasas de género y de génera. Y de postre, para
rematar el circo, todos esos Payasos sin Fronteras, Payasos del Mundo,
Payasos Solidarios, Payasos en Acción, que de vez en cuando escriben
cartas protestando porque, en legítimo uso de la acepción principal de la
voz payaso en el Diccionario de la Real Academia Española –persona de
poca seriedad, propensa a hacer reír con dichos o hechos–, llamo payasos
a tantos a quienes, en realidad, debería llamar irresponsables hijos de
la gran puta.