Por Patricia Matey
- El Mundo
(16/10/04)
Si haces el amor por primera vez no puedes quedarte embarazada. Tampoco si
estás con la regla. Cuando te masturbas salen granos... La mayoría de los
adolescentes españoles, según rezan las encuestas, asegura que está bien
informado sobre temas relacionados con la sexualidad, pero una cosa es lo que
saben y, otra, lo que creen saber.
Algo está fallando: 18.000 embarazos cada año en menores
de 19 años, un aborto y un alumbramiento cada día entre adolescentes y uno
de cada tres jóvenes de 18 a 29 años que declara que en sus últimas tres
relaciones sexuales no ha usado el preservativo. Al analfabetismo en
temas de sexo, y a sus tremendas consecuencias, sólo hay una forma de
plantarle cara: con educación.
Todos, médicos, profesores, padres y alumnos están de acuerdo: la
formación en sexualidad debería estar en los programas escolares. Existe una
asignatura transversal que versa sobre este tema, pero todos, de nuevo,
critican que se está impartiendo mal y que en muchos centros ni siquiera está
presente.
Un estudio reciente, elaborado por la ONG británica Population
Concern, determinaba que la formación deficiente en temas de sexo
produce unos 75 millones de embarazos no deseados al año, de los cuáles 45
millones son interrumpidos.
Y España es ya, después de Reino Unido,
el primer país de Europa donde más gestaciones no queridas se producen
(18.000 al año), de los que cerca de la mitad (7.000) acaban en abortos
voluntarios, según un trabajo presentado el pasado mes de julio por el
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Más argumentos: el estudio Ipertim, en el que participaron 126 jóvenes
españoles con verrugas genitales causadas por el Virus del Papiloma Humano (VPH),
demostró que las intervenciones educativas específicas pueden ayudar a
reducir las recidivas por este tipo de infección, una de las que más ha
aumentado en este sector de la población.
Virginidad: La mitad de los adolescentes de entre 17 y 19
años de todos los países occidentales ha tenido una relación sexual. La edad
del primer encuentro a ha ido descendiendo de forma constante en las últimas
décadas. Al principio de siglo, la iniciación en el sexo solía producirse
alrededor de los 20 años. Ahora y, según datos del 2000 del Instituto
Nacional de Juventud Española (INJUVE), como media, los chicos pierden la
virginidad a los 17 y las chicas a los 18. Los más precoces se incian a los
15.
Las razones de la precocidad cada vez mayor en la inauguración de la vida
sexual hay que buscarlas tanto en la liberación sexual que se produjo en los
años 60 y 70, y que trajo de la mano una mayor tolerancia hacia el sexo
prematrimonial (lo que ha permitido que los jóvenes se sientan más libres
para practicarlo) y la disponibilidad de contraceptivos seguros y eficaces.
Pero ninguno de estos cambios se ha visto acompañado por una mayor
formación de los adolescentes en materia de sexo. No han faltado buenas
intenciones para intentar modificar este panorama, pero todavía se está lejos
de que estos virtuosos propósitos se conviertan en realidad.
Antonio Merino, de la Asociación de Educación para la Salud (ADEPS),
creada dentro del departamento de Medicina Preventiva del Hospital Clínico
San Carlos de Madrid, justifica esta aseveración. «En los 90 se introdujo
dentro de la LOGSE una nueva asignatura llamada Educación para la Salud en
Primaria (6 a 11 años) y Sencudaria (12 a 16), en la cual se abarcan temas
que van desde la alimentación; la higiene y también la educación sexual. Pero
la introducción de esta materia está en manos de los colegios y de los
profesores. Éstos últimos no están preparados para impartir educación sexual.
Es más, se sabe que las clases de formación en esta materia que se dan están
mal orientadas».
Responsabilidad: Varios estudios han demostrado que las
personas que alcanzan la edad adulta formadas adecuadamente en sexualidad son
más seguras, más respetuosas, tienen menos conflictos emocionales, ejercen su
sexualidad sin sentimientos de culpa y no realizan prácticas de riesgo. Es
más, la educación sexual permite avanzar en la lucha contra la discriminación
y la desigualdad.
La excelencia, por tanto, en la educación es una prioridad si se persigue,
además, que cumpla con su finalidad. Mari Cruz Molina, de la Facultad de
Pedagogía de la Universidad de Barcelona, explica que «al igual que nos hemos
dado cuenta de que la formación en temas de sexo no debe quedar relegada a
acciones puntuales, ya que fracasan y pierden el interés del alumno, la
calidad de la educación es primordial para la evolución de otros aspectos,
como la emotividad, la comunicación, la orientación sexual, los afectos,
entre otros».