El
Mundo,
15/10/04 -
Raúl del Pozo
Europa está dominada por los maricones, según Mirko Tremaglia
de Alianza Nacional. Ha pronunciado ese pregón
fundamentalista para apoyar a otro reaccionario, Rocco
Buttiglione, el que afirma que la homosexualidad es pecado; los
políticos que votamos para que vivan una legislatura sabática carecen de
soberanía para mandar a estos trogloditas a su pueblo.
Los de la Liga y los de Alianza
Nacional de aquella Italia, que fue el nuevo
Príncipe de la política, unas veces dicen que hay que
cañonear a los emigrantes y otras que hay que desmontar la mafia rosa.
Gianfranco Fini y el Vaticano les
apoyan desde Roma. Ya lo dijo Blake, igual que la oruga
escoge las hojas más bellas para depositar sus huevos, así los clérigos y
sus portavoces descargan su maldición sobre las libertades. Sus palabras
son virus.
La Iglesia, que parecía haber entrado en el lenguaje
civil vuelve a la melancolía del Santo Oficio
que consideraba a la homosexualidad como pecado nefando, cuando decretó
que los sodomitas no podrían poseer el reino de los cielos; y eso que
hubo papas gays. Según ha escrito Bruquetas de Castro,
Sisto IV fue acusado de haber hecho cardenal a su
barbero por haber sido el padre de su amante.
Los italianos de la nueva derecha no son los de Roma veduta, fede
perduta; incluso los fascistas de los 30 se negaron a Hitler, que
persiguió a los pederastas espartanos fundadores del partido nazi. Los
camisas pardas entendían más que los camisas negras.En la Bota,
desde Julio César a Marco Aurelio,
desde Botticelli a Miguel Angel, hubo
pocos grandes sin pluma.
Los gays y las lesbianas votan y suman entre el 7% y el 10% de la
población y han alcanzado como los negros y las mujeres los derechos
de ciudadanía. Los neofascistas italianos denuncian atormentados que una
mafia rosa quiere destruir la familia; pero eso no es verdad; los
homosexuales van a pasar del amor libre al amor institucionalizado. Los
gays vienen de una larga persecución, de los tiempos en los que eran
condenados a galeras.
Felipe II, que temía el contacto de los españoles con
los disolutos venecianos y romanos, avisaba a su hermano antes de la
batalla de Lepanto: «Los que sean cogidos por sodomíticos
instantáneamente serán quemados, y en esto serán comprendidos el haciente
y el paciente».
Hay que recordar a los que creen que el matrimonio de homosexuales es el
último grito que para los griegos ya era un rasgo de ciudadanía; el amor
entre hombres y jóvenes estaba sancionado por la religión.«En este
santo lugar de Tebas, consagrado a Zeus, Krión ha consumado su unión con
el hijo de Bathycles y al proclamarlo con orgullo al mundo, le dedica
este monumento imperecedero». Los dioses griegos y romanos, al
contrario que el dios único permitían ese tipo de bodas, que ahora causan
tanto pavor, y los políticos lo consideraban una fórmula para limitar la
población.