¿Ha sentido alguna vez la sensación irrefrenable de querer mover las
piernas? ¿Se ha visto obligado a levantarse de la cama y ponerse a
caminar en mitad de la noche?
Sí es así, usted puede ser uno de los muchos afectados por el Síndrome de
Piernas Inquietas (SPI). Esta patología, recientemente descubierta, suele
hacer su aparición a partir de los cuarenta años y afecta con mayor
virulencia a las personas mayores. Se cree que puede ser hereditaria
aunque aún no se conocen con exactitud las causas que provocan este
nerviosismo en las extremidades inferiores. Lo cierto es que, en los
casos más severos, llega a afectar tremendamente a quienes lo padecen
provocando graves problemas de insomnio y mermando considerablemente su
calidad de vida.
El Síndrome de Piernas Inquietas consiste en una serie de sensaciones en
las extremidades inferiores que hacen que la persona afectada se
encuentre incómoda y necesite cambiar de postura para sentirse mejor. Es
una especie de hormigueo en las piernas, a veces sensación de calambre,
que mejora cuando la persona camina unos pasos. Generalmente, se produce
durante la noche, cuando el afectado se dispone a descansar pero también
puede producirse de día.
Déficit
de hierro
Según investigaciones realizadas, la falta de hierro puede ser la
causante del Síndrome de Piernas Inquietas. Las carencias ferropéicas en
el organismo ocasionan el descenso de la dopamina, el agente químico que
trasmite mensajes al cerebro. Los especialistas describen la enfermedad
como un trastorno neurológico, caracterizado por la aparición de
movimientos bruscos de las piernas, que aparecen durante el sueño,
relacionadas con percepciones sensitivas que obligan a la movilización de
las mismas.
Se cree que, en España, este problema afecta a un 10% de la población y
que lo padecen sobre todo mujeres y ancianos. Sin embargo, en la
actualidad tan sólo se diagnostica dos de cada diez casos. Las causas es
que muchas veces las personas consideran que se trata de algún calambre,
o bien lo acusan al estrés e incluso al envejecimiento y por ese motivo
no buscan soluciones.
Los síntomas que hacen sospechar de la existencia de este problema son:
el deseo de mover las piernas -una sensación que se agudiza durante el
descanso-, la inquietud motora y el empeoramiento de los síntomas
descritos durante la noche.
Además, un estudio del sueño puede poner de manifiesto la existencia del
síndrome. El tratamiento que se está empleando actualmente para tratar
esta enfermedad es farmacológico. Medicamentos para regular los niveles
de dopamina y otros como anticonvulsionantes, analgésicos y sedantes,
están dando buenos resultados en los pacientes afectados por el síndrome.