Casi un mes después de los disturbios del polígono de Carrús, ayer
por la noche tuvo lugar una manifestación convocada por los
sindicatos CC OO y UGT, y secundada por los partidos políticos a
excepción del PP, que recorrió el centro de la ciudad en apoyo al
sector del calzado. Empezó con cerca de 6.000 participantes, en la
Plaça de l'Algeps, una cifra que hacía presagiar una movilización
multitudinaria cuando llegara a su final la manifestación, en las
Eres de Santa Lluçia.
Sin embargo, según fuentes policiales, a la mitad de su recorrido,
gran parte de la gente que se había movilizada se marchó. Finalmente,
unas 3.500 personas terminaron el recorrido, dispuestos a escuchar
las alocuciones de los secretarios comarcales de UGT, María Gracia
Aguilera y de CC OO, Pascual Pascual.
La participación se quedó muy por debajo de las expectativas de ambas
centrales que, tal como había anunciado, esperaba una afluencia
similar a las manifestaciones que se realizaron en la ciudad contra
la guerra de Irak.
La manifestación fue encabezada por los sindicalistas, entre los que
estaban los secretarios autonómicos de ambas centrales, Joan Sifre y
Rafael Recuenco, sosteniendo una gran pancarta en la que se podía
leer «Elche vive, contra el desmantelamiento de la industria». En
segunda fila se situó la corporación municipal socialista y el
subdelegado del Consell, el popular, Manuel Ortuño, y detrás miembros
de EU.
Ortuño fue el único representante del PP en Elche que estuvo
presente. Dijo que era su deber «como ilicitano» apoyar a los
trabajadores. Precisó que representaba, como subdelegado, «al
conseller Nieto». No desaprovechó la ocasión para arremeter contra el
grupo municipal del PP, que se había descolgado de la manifestación.
«Cualquiera que se sienta ilicitano, tiene que acudir a la
manifestación. Si no han venido, será porque no se han enterado».
«El clandestinaje no es la solución», «aquí están los que quieren
trabajar», «no hay futuro sin inversión», «las fábricas de aquí no se
tienen que ir», son algunos de las consignas que corearon los
manifestantes durante todo el recorrido, totalmente encuadrado por
las fuerzas del orden.
De hecho,
siete furgones con efectivos antidisturbios abrían el
desfile y otros tanto lo cerraban. Además, numerosos policías, de
paisano, estuvieron vigilando desde dentro el comportamiento de los
participantes. En total hubo 95 agentes de la Unidad de Intervención
de Valencia, 50 efectivos de la Comisar ía de Elche y 45 policías
locales. Poco tuvieron que hacer porque el acto se desarrolló con
total tranquilidad, ante los ojos de unos cuantos curiosos. Tampoco
se oyeron muchos gritos.
Todo fue bien hasta que los manifestantes llegaron a su punto de
destino. Una tarima esperaba a los secretarios comarcales y
autonómicos de los sindicatos, que se fueron acomodando mientras se
iban repartiendo los participantes a ambos lados del paseo y en su
parte delantera.
Abucheos y gritos
Las primeras palabras de María Gracia Aguilera fueron acogidas
con una sonada pitada. Luego hubo gritos y abucheos, en particular
cuando la secretaria comarcal de UGT dijo: «Hace mucho tiempo que los
sindicatos denunciamos la situación del calzado». Los miembros y
simpatizantes del Movimiento por la Unidad del Pueblo (MUP),
agrupación de izquierda que convocó una manifestación en defensa de
los trabajadores del calzado y en contra del clandestinaje, una
semana después de los graves disturbios del polígono industrial,
arreciaron su protesta.
El MUP ha creado un movimiento asambleario para representar a «los
trabajadores de las fábricas clandestinas y a los que no se sienten
representados por los sindicatos de clase», según sus portavoces, con
el fin de que participen en los órganos, como la Mesa del Calzado,
donde se discuten soluciones para el sector. El MUP ha venido
criticando a los sindicatos en las últimas semanas y los sindicatos
se las han devuelto, y con creces.
Ayer por la noche, las pitadas de los simpatizantes del MUP fueron
entendidas como una clara provocación por parte de Aguilera y Pascual
Pascual. Este último entró al trapo de los alborotadores, cambió su
discurso y según muchos de los presentes, reventó el acto sin querer.
Se dirigió a ellos y les acusó de «no dejar al pueblo expresarse» y
de «no querer escuchar la solución a su problema». Pero fue más allá
y arremetió directamente contra los que portaban banderas
republicanas, diciéndoles que «nosotros rechazamos el calzado que
viene de la República China».
Estas palabras encendieron un poco más al auditorio. Pero Pascual
Pascual prosiguió ante gran parte de un auditorio atónito, formado en
su gran mayoría por militantes de UGT y CC OO, y trabajadores no
afiliados pero preocupados por la crisis actual. Pascual invitó a los
del MUP a marcharse. Todos se quedaron y el secretario de CC OO
siguió adelante, esta vez, invitando a los que gritaban a «ir a un
almacén donde está el calzado de importación china».
Los que se marcharon finalmente fueron los convocantes de la
manifestación, CC OO y UGT, mientras que los simpatizantes del MUP
coreaban «el pueblo unido jamás será vencido». Luego vinieron los
discursos, aunque sin los micrófonos y con ayuda de megáfonos.
Ambos sindicatos tienen previsto seguir adelante con el proceso de
movilización y culminar el mismo con una gran manifestación en
Valencia, con la representación de todas las localidades zapateras.
Tanto Sifre como Recuenco insistieron ayer en la necesidad de un
compromiso de la patronal del calzado y del Gobierno Valenciano «que
está ausente en esta manifestación». Recuenco acusó también al
ejecutivo autonómico de «abocar al cierre a muchas empresas y a
apoyar a empresarios que se han lucrado y practican la
deslocalización».
Cierra en Elda Aralia Shoes y deja en la
calle a medio centenar de trabajadores
La empresa zapatera Aralia Sohes SL, de Elda, ha cesado en su
actividad por la falta de pedidos, lo que ha dejado sin empleo a
medio centenar de trabajadores, según informó hoy el secretario
comarcal de UGT, Vicente Prieto.
La firma, especializada en la producción de calzado de señora de
alta calidad, tenía su domicilio social en el polígono industrial
Campo Alto de Elda y sus trabajadores ya habían sido sometidos a
un expediente de regulación de empleo entre el pasado 10 de mayo
y el 31 de julio por falta de producción.
Sin embargo, a escasos dos meses de reanudar la actividad, los
responsables de la empresa se han visto abocados al cierre
definitivo al no poder superar la falta de pedidos, señaló
Prieto.
Según el secretario comarcal de UGT, la firma tenía a 35
trabajadores dados de alta en la Seguridad Social, pero el cierre
ha afectado a unos cincuenta empleados.
A juicio de Vicente Prieto, este nuevo cierre de una industria
del calzado es una nueva prueba de la crisis por la que atraviesa
el sector.
«De mantenerse el actual ritmo de cierres, en tan sólo unos años
podría haber desaparecido un 40 por ciento de las firmas del
sector en la comarca de Elda, con la necesidad de recolocar a
todos esos trabajadores que se quedarán sin empleo
paulatinamente», dijo.
El cese de la actividad de Aralia Shoes SL pone de relieve, según
UGT, que «la crisis del sector a la que se enfrenta toda la
comarca afecta a la totalidad del calzado», si bien en una
proporción distinta, «ya que de cada diez fábricas que cierran,
siete son de calidad media-baja y tres se mueven con productos de
alta calidad».