Quien lo conoce, repite
INFORMACION, 10 de diciembre -
JAVIER PRATS
El
PP vuelve a hacerse con la Alcaldía de Monóvar gracias a las triquiñuelas
que le permite la Ley. Se bate un récord, porque esta es la segunda moción
de censura que se presenta en el municipio en una misma legislatura, aunque
de los políticos monoveros puede esperarse cualquier cosa, lo han
demostrado a lo largo de estos años. Para cumplir sus deseos los populares
han necesitado que un edil del GIMV dimitiera y que el que ocupaba su lugar
firmara la moción, porque ya saben que sus compañeros de partido ya
firmaron antes otra para echar a Salvador Poveda de la Alcaldía, que
curiosamente vuelve por Navidad al cargo y de la mano de los discípulos de
Orgilés, qué contrasentido ¿verdad? Aunque todo sea legal -el PSOE anunció
ayer que acudirá a los tribunales- estas actitudes no dejan de ser
deplorables y hacen un flaco favor para que el juego democrático sea
limpio, salvando la ingenuidad de uno. Lo que es evidente es que el PP a
pesar de su hiriente fractura interna tanto en la Comunidad como en la
provincia, parece haber impulsado un plan para hacerse con el máximo número
de alcaldías posibles al más puro estilo zaplanista, que se supone que está
en horas bajas. Es una lucha por el poder legal pero deja los escrúpulos a
un lado, que se lo pregunten a Maruja Sánchez, digo lo de los escrúpulos.
En El Campello no tuvieron ningún reparo en aliarse con un tránsfuga para
desbancar al tripartito y tampoco lo tienen ahora en Monóvar para pactar
con el GIMV cuando hace unos meses el propio Poveda les acusó de ser un
«grupo monetario». Y ahora alcalde, qué son, Blancanieves y tres
enanitos... Pelillos a la mar. En fin, debe ser parte del guión aunque poco
aleccionador. El poder tapa bocas y provoca pérdidas de memoria colectivas.
Menos mal que aún quedan hemerotecas. Está claro que algo debe tener esta
Alcaldía para que unos no quieran irse y otros de- seen como sea repetir.
Eso sí, el único que siempre está es el GIMV, un partido acostumbrado a
estar en el centro... Hay que reconocerles su habilidad para hacer de
bisagra, un verdadero alarde de condiciones innatas para «defender» el
«bienestar» de Monóvar. Este conglomerado de intereses generales y también
con marcados personalismos se traduce en la triste historia que vive esta
localidad desde hace más de una década. Quien lo conoce repite. El poder es
un gran seductor. Lo demás es palabrería.