Bájame
la jaula, Jaime (Campmany)
Antonio Burgos
COMO
los viejos hidalgos blasonaban sus casas, en la tertulia más políticamente
incorrecta de la radiodifusión española, Alfonso Ussía,
Carlos Herrera y servidor hemos puesto las armas de un
lema de Santiago Amón: «En España es que no cabe ni un
tonto más». Antes que las plantas desalinizadoras o el Ave
que según Magdalena Álvarez irá a Barcelona a la velocidad
que pueda, porque las ministras no somos escopetas, la obra pública más
urgente es que, al modo de Holanda, le ganemos terreno al
mar.
Para que quepa tanto tonto excedente de cupo. Ganándole terreno al mar
cabría el señor Malik Ruiz, gerente de la Comunidad Islámica de España y
presidente de la Fundación Mezquita de Granada. Quien, envalentonado por
Carod con lo del árabe y el bereber en Ceuta y Melilla, ha pedido que la
lengua del bájame la jaula, Jaime (Campmany), ese idioma símbolo del
respeto a los derechos humanos (miren cómo se me queda el dedo) debe ser
declarada cooficial en Andalucía. No sé por qué tanto interés en el árabe
de jamar jalufo y en el salamalecún de la rifeña lengua bereber.
Carod y quienes piden su cooficialidad en Ceuta y Melilla desistirían de
la solemnidad de su tontería si supieran que cuando mandaba su bandera de
la Legión, el comandante Franco Bahamonde aprendió a las mil maravillas la
lengua de las cábilas. Franco chamullaba bereber cooficialmente, al menos
la frase-tipo de los militares africanistas españoles que roneaban de
saberlo:
- Paisa, ¿familia güina, vender güivos, correr por cabíla? Yo Esbania,
tú estar moro.
Quien tiene que estar contrariado por la propuesta de Malik es Chaves. Se
le han adelantado. Ya saben que cuando la Cataluña de Carod se resfría, la
Andalucía de Chaves estornuda y se tiene que meter en la cama con cuarenta,
con los cuarenta ladrones de Alí Babá y con Maragall. Para no dejar en mal
lugar al que se sienta a negociar en Perpiñán con los asesinos de la ETA y
en Madrid con los que quieren que les eche una manita para aprobar a los
presupuestos, es que estoy oyendo lo que Chaves pensaba decirle a Carod:
- Paisa, tranquilo, yo estar moro, yo poner áraba en todas madrazas de
Al Andalus y el castiliano, en aljamía.
Si Carod, tan hondamente preocupado por la cultura árabe, ha pedido la
cooficialidad de esa lengua y del bereber (que es como el valenciano del
jámala, jámala) en las ciudades españolas del Sur del Estrecho, ¿por qué no
ha de exigir que los andaluces hablemos árabe obligatoriamente, como jama
Malik?
Basta con que se lo pida a Chaves. Idioma que será de gran utilidad en
Andalucía. Podemos acabar con el paro de los licenciados si, dominando el
árabe, se colocan todos de intérpretes en el comité de recepción de las
pateras en Tarifa o dando papeles a las mafias argelinas en Barcelona. Y
los que no encuentren allí colocación la hallarán fácilmente en los
negocietes que con sus moros amigos de Rabat y Tánger se traen González y
los suyos. O en el Ministerio de Asuntos Exteriores, donde es urgente saber
decir en correctísimo bereber «bajarse los pantalones ante Mohamed VI».
Aparte de eso, yo ya me he adelantado y tengo el árabe como lengua
cooficial de mi habla andaluza. Mi tierra habla un español tan rico que en
sus raíces lleva la cooficialidad del árabe. Usted que me concede la gracia
de leerme sabe que a la hucha le digo alcancía, alfoz al ejido, alhucema al
espliego, alfar al horno, alfayate al sastre, aldaba al picaporte,
alcándara a la percha, alfajor a la rosquilla, alcanfor a la naftalina,
alcahueta a la celestina, alfolí al pósito, alcayata al clavo, alcaucil a
la alcachofa, albéitar al veterinario, alberca a la piscina y almazara al
molino.
¡A los andaluces nos van a venir con oficialidades de la cooficialidad
del árabe! A buenas horas, mangas verdes de la chilaba de Carod. Llegan
ustedes lo menos cinco siglos tarde. Eso ya lo hizo Elio Antonio de Nebrija,
sin tanto cuento del alfajor.