Desde el horror, desde el terror. Escribo desde la rabia más completa, ira
infinita, tristeza rotunda, indefensión de hombre libre. Siento náuseas cuando
leo que algunos señalan a las fuerzas especiales rusas como culpables de la
matanza de niños y adultos en el colegio de Osetia. Los imbéciles y los cobardes
siempre disculpan a los terroristas. Las cifras estremecen. Nueva York, Bali,
Madrid, Osetia.
Es la Guerra Mundial, y el mundo libre acepta con generosidad la entrada de
los comandos terroristas en su seno. Al Qaeda, dicen. Y detrás de Al Qaeda,
¿quiénes? El terrorismo islámico, y detrás del terrorismo islámico ¿quiénes?
Están ahí, y se sabe quienes son, pero los intereses y las filigranas
diplomáticas obstruyen la vista del mundo occidental. Un dato resulta
irrefutable. Islamismo en Nueva York, y en Bali, y en Madrid, y en el colegio
masacrado por los terroristas chechenos, la mayoría de ellos, árabes. Por ahí
habrá que empezar.
En el mundo libre, todo ventajas. Se inauguran mezquitas y se toleran templos
en los que el odio a la cultura cristiana de Occidente se despacha gratis.
¿Cuántas iglesias católicas se levantan y se respetan en los países árabes? El
mundo libre está perdiendo la guerra por gilipollas. Todo comprensión, todo
respeto, todo cesión. Velos en los colegios, crucifijos retirados, ataques al
cristianismo, subvenciones al islamismo, permiso a los imanes para sembrar odio
y violencia contra la sociedad que los ha acogido. ¿Y el terrorismo?
El culpable del ataque a Nueva York, Bush. El culpable de la matanza de Bali,
el turismo. El culpable de la tragedia de Madrid, Aznar. El culpable del
infierno terrorista del colegio de Osetia, Putin. ¿Los terroristas no son nunca
los culpables, panda de cretinos? Cuidado, democracias occidentales. Mucho
cuidado, países del mundo libre. A un paso estamos de que estalle, como
consecuencia de la general benevolencia, el odio en nuestras sociedades. Un Le
Pen en Alemania, un Le Pen en España, un Le Pen en el Reino Unido, y en Italia,
y en cada nación europea. Y diez «Lepenes» sí pueden destrozar la armonía libre
del mundo occidental y la estricta práctica y observancia del sistema
democrático.
No hay que calificar a los terroristas. Todos son inmundos, infames,
perversos, miserables, fanáticos. Claro, que doscientos niños asesinados nos
despiertan a todos, y nos abruman las conciencias y nos hierve la sangre. Pero
de momento, ellos han ganado. Vencieron en Nueva York, y en Bali, y en Madrid
–¡y de qué manera!–, y en el colegio de Beslan. La libertad siempre es derrotada
por el fanatismo. Los fanáticos no admiten la libertad en sus sociedades, pero
abusan de ella fuera de sus fronteras. Y en Occidente tienen el apoyo de los
cretinos y de los cobardes.
De seguir así, la sociedad libre del mundo occidental, al que se está sumando
con dolor y esfuerzo infinito la vieja Rusia, será definitivamente derrotada. Y
nosotros abriendo mezquitas, y más mezquitas, y mezquitas por allí y mezquitas
por allá.