Santos:
VIDAS DE SANTOS
Alonso Rodríguez, confesor; Ampliado, Urbano, Narciso, Nemesio, Lucila, Estratónica,
Seleucio, Quintín, mártires;
Abaido, confesor;
Baudacario, monje;
Cisa, Egberto, Tatvino, anacoretas;
Nicolás, Leonardo, presbíteros;
Notburga, monja;
Epón, abad
Alonso
Rodríguez, confesor (1533-1617)
Estaba un día enfermo y le llevó el enfermero la
comida a la cama con un mandato de parte del Padre Superior: «que se
coma todo el plato». Cuando regresa el enfermero, le encuentra
deshaciendo el plato y comiéndolo pulverizado. El santo se impuso a
sí mismo una obediencia ciega; se exigió a sí mismo tanto que uno de
los padres le dijo un buen día «que obedecía a lo asno».
Nació en Segovia en el año 1533, segundo de los once
hijos del matrimonio formado por Diego Rodríguez y María Gómez que
vivían del comercio de paños.
Su niñez y juventud estuvieron ligadas a la Compañía
de Jesús.
A la muerte de su padre se encarga de sacar adelante
el negocio familiar, pero su incompetencia es notable para el negocio
de los paños.
Contrae matrimonio con María Juárez con quien tiene
dos hijos. Pero la mala fortuna parece que le persigue: muere uno de
sus hijos y su mujer y el negocio va de mal en peor; luego fallece su
otro hijo y su madre. Alonso se ha quedado solo.
Se produce entonces una crisis fuerte que resuelve
con confesión general y con el deseo de comenzar una nueva vida
tomando un impresionante ritmo interior de trato con Dios y que
mantiene por seis años. Cede a sus hermanos sus bienes y marcha a
Valencia en 1569 con el propósito de ingresar en la Compañía; pero no
contaba con insalvables obstáculos: su edad, la falta de estudios y
escasa salud.
Trabaja entonces en comercio y de ayo.
Por fin es admitido en el Colegio Monte Sión en el
año 1571; desde el año 1572 ocupa el cargo de portero hasta el 1610
que hacen casi cuarenta años
Es considerado en la Compañía como modelo para los
hermanos legos por su ejercicio permanente para lograr auténtica
familiaridad con Dios, por su obediencia absoluta y por su amor y
deseo de tribulación.
Este humilde y santo portero fue durante su vida un
foco radiante de espiritualidad de la que se beneficiaron tanto los
superiores que le trataron como los novicios con los que tuvo
contacto; un ejemplo representativo está en San Pedro Claver, el
apóstol de los esclavos.
Con sus cartas ejerce un verdadero magisterio. Su
lenguaje es sencillo y el popular de la época, pero logra páginas de
singular belleza al tratar temas de mayor entusiasmo. La santidad que
describe en sus escritos no es aprendida en los libros, es fruto de
su experiencia espiritual.
Fue canonizado por el papa León XIII junto con San
Pedro Claver
SANTORAL
(El santo del día)