Y la época particular de su función para ´hablar en nombre de
otroª -en este caso, de Dios- es en el reinado de Jeroboán II
(783-743 a. C.). Es uno de los momentos gloriosos del pueblo de
Israel consideradas las cosas desde el punto de vista humano;
se vive en paz y tranquilidad, el Reino del Norte se extiende y
enriquece hasta el punto que el lujo de los grandes y poderosos
es un insulto para la miseria en que está el pueblo. Incluso el
esplendor del culto -con inusitado boato- encubre la ausencia
de una religión verdadera.
Con un estilo sencillo y tan rudo como cabe esperar de un
pastor que pasa su vida entre los animales que cuida en
soledad, condena la vida corrompida de las ciudades, se indigna
por las desigualdades sociales que claman al cielo como grita
una injusticia y protesta por la falsa seguridad depositada por
sus contemporáneos en los ritos religiosos que están vacíos
porque no llevan a compromisos personales. Dios castigará a los
poderosos -clase dirigente- de Samaría que pecan maltratando a
los pequeños del pueblo. Critica las idolatrías, violencias,
injusticias, disolución y universal corrupción en la que está
sumido el rebaño elegido.
Por primera vez emplea dos
expresiones que luego serán utilizadas ampliamente en la
literatura profética posterior. Habla del ´día de Yahwéhª,
cargado de acentos terribles, para designar el momento en que
Dios tomará justas decisiones reivindicativas; en medio de
tinieblas, Yahwéh castigará a Israel por sus maldades,
utilizando a un pueblo que en la mente del profeta Amós es
Asiria sin llegar a mencionar su nombre. Otra expresión
novedosa es ´el restoª, término con el que se quiere
designar a una porción de israelitas fieles al yawismo puro en
quienes reposará la esperanza de una perspectiva de salvación
posterior.
Desde siempre ambicionó el hombre las riquezas para poseer,
el poder para dominar a los demás y la gloria para alimentar su
soberbia; esto trae como directa consecuencia el oscurecimiento
y eclipse de Dios. Amós, profeta, dijo en su nombre que Él mira
y valora lo de ´dentroª. Cumplió con valentía el encargo
dificultoso de hablar claro y sin tapujos para clarificar
actitudes, aunque le llevaran a sufrir las acusaciones de
Amasías, sacerdote de Betel, y la persecución de su hijo Ozías.
¿Verdad que a pesar de tantos años aún no se aprendió la
lección?
San Renovato (Renato), obispo emeritense,
confesor († 633)
El obispo Renovato cierra la época gloriosa de santidad y
esplendor emeritense: fue un varón ecuánime, justo e ingenioso.
Maestro acabado por su doctrina y ejemplaridad de vida.
Después de gobernar la Iglesia durante muchos años murió en
la paz de Dios.
Su cuerpo, junto con los de sus obispos predecesores (Masona
e Inocente), descansan sepultados con los mayores honores en
una misma cripta, no lejos del altar de la santa virgen
Eulalia. Ante sus sepulcros se dieron continuos signos de
protección; de aquí que su culto se iniciara por asentimiento o
aclamación de la iglesia local en la liturgia, al uso de la
época.
Su fiesta se celebra el 31 de Marzo.
Es el último biografiado por el autor de las "Vitas" que
dice: ´El santo Renato, hombre adornado de todas las virtudes;
godo de origen, nacido de rancia prosapia e insigne por el
lustre de su familia. Era esbelto de cuerpo, de distinguidos
modales, de singular estatura... era mayor aún por dentro su
hermosura, inundado en la posesión del Espíritu Santoª.
Antes había sido abad del monasterio de Cauliana. Se
distinguió en las artes y en las ciencias eclesiásticas,
especialmente en las Sagradas Escrituras. Su agudo ingenio le
hizo maestro de no pocos discípulos.
Su cuerpo fue sepultado en Mérida, en la cripta de la
Iglesia martirial de Santa Eulalia