Santos:
VIDAS DE SANTOS
Victorio y Claudio, Lucano, Marcelo, Lupercio, Serapión,
Saturnino, Talasio, Bayo, mártires;
Zenobio, obispo y mártir;
Atansio, confesor;
Gerardo, Celsino, Pimenio, obispos;
Nantero, abad;
Domingo Dollins, beato; Arilde, Irene
Marcelo,
mártir, (siglo III)
Se conservan actas con bastantes rasgos de historicidad.
Marcelo es un Centurión que, según parece, pertenecía a la Legio
VII Gemina y el lugar de los hechos bien pudo ser la ciudad de León.
Su proceso tuvo lugar en dos pasos: primero en España, ante el
presidente o gobernador Fortunato (28 de Julio del 298) y en Tánger
el definitivo, ante Aurelio Agricolano (30 de Octubre del mismo año).
Fortunato envió a Agricolano el siguiente texto causa del juicio
contra Marcelo: «Manilio Fortunato a Agricolano, su señor, salud. En
el felicísimo día en que en todo el orbe celebramos solemnemente el
cumpleaños de nuestros señores augustos césares, señor Aurelio
Agricolano, Marcelo, centurión ordinario, como si se hubiese vuelto
loco, se quitó espontáneamente el cinto militar y arrojó la espada y
el bastón de centurión delante de las tropas de nuestros señores».
Ante Fortunato, Marcelo explica su actitud diciendo que era
cristiano y no podía militar en más ejército que en el de Jesucristo,
hijo de Dios omnipotente.
Fortunato, ante un hecho de tanta gravedad, creyó necesario
notificarlo a los emperadores y césares y enviar a Marcelo para que
lo juzgase su superior, el viceprefecto Agricolano. En Tánger, y ante
Agricolano, se lee a Marcelo el acta de acusación, que él confirma y
acepta, por lo que es condenado a la decapitación.
La historia es así de escueta a la distancia de casi dieciocho
siglos.
La leyenda -no necesariamente falsa- abunda en algunos detalles
que, si bien no son necesarios para el esclarecimiento del hecho, sí
lo explicita, o al menos lo sublima para estímulo de los cristianos.
Así, se añade la puntualización de que se trataba de un acto oficial
y solemne en que toda la tropa militar estaba dispuesta para ofrecer
sacrificios a los dioses paganos e invocar su protección sobre el
Emperador.
Los descreídos probablemente aseveren que un acto así es propio de
un loco; sí, una locura. Perder la vida... por nada. Ya lo dijo
también el jefe romano.
Los cobardes, con su ánimo pusilánime, probablemente afirmen que
Marcelo hizo el tonto; en fin, que algunas veces, en situaciones
delicadas, es preciso contemporizar cuando los tiempos vienen así,
que hay que saber adaptarse y que... lo importante es creer en Dios.
Los fanáticos, dejándose llevar de la temeridad impulsiva que los
caracteriza, quizá digan que un hombre con fe, en una situación como
esa, debía haberse liado a sablazos con los jefes y con los demás
soldados. Fue... un miserable blando.
La Iglesia ve en Marcelo... a un mártir
San Marcelo fue un
centurión romano de la Legio VII Gemina Pía Félix que nació y vivió
en León durante la segunda mitad del Siglo III. Muy cerca de la
muralla y próxima a la puerta del poniente, llamada "Cauriense",
estaba la casa de la familia Marcelo. Una diminuta capilla perpetúa
en el día de hoy la memoria de ese lugar, conocida entre los leoneses
como la capilla del "Cristo de la Victoria" y en ella se venera un
Cristo de talla primorosa y proporciones colosales que el Marqués de
Lozoya cataloga como obra del siglo XII y Gómez-Moreno del XIII.
Durante las fiestas en honor del natalicio del Emperador Valerio, en
el mes de Julio de 298, San Marcelo hizo pública confesión de su fe
cristiana arrojando al suelo su espada y el sarmiento de vid,
atributos de su rango militar, proclamando que sólo adoraría al Dios
del Cielo y de la tierra. En el mismo lugar de los festejos fue
apresado y sometido a los primeros interrogatorios, siendo
posteriormente enviado a Tánger para ser juzgado por el prefecto
Agricolao. Fue condenado a muerte y decapitado, junto a su esposa
Nona y sus doce hijos (Claudio, Lupercio, Victorio, Facundo,
Primitivo, Emeterio, Celedonio, Servando, Germano, Fausto, Jenuario y
Marcial), el 29 de Octubre de 928. Es considerado uno de los primeros
mártires de la Iglesia en Hispania. A partir del Edicto de Milán
(sólo 13 años después de la muerte del santo) se comienza a venerar
su figura en León. En el año 1.471, durante una incursión de los
ejércitos del Rey Alfonso V de Portugal por el norte de África para
vengar agravios recibidos, los soldados portugueses descubrieron el
sepulcro de San Marcelo en Tánger. Una lápida con la inscripción "A
Marcelo, mártir de León" hizo fácil el hallazgo. La noticia fue
recibida con júbilo en la capital leonesa. Tras largas y dificultosas
gestiones ante autoridades y cristianos que no estaban dispuestos a
desprenderse de tan veneradas reliquias, el Rey Fernando el Católico
consiguió del de Portugal las licencias oportunas para el traslado
del cuerpo. El Martes de Pascua del año 1.493 y con la presencia no
sólo de toda la ciudad sino del propio Rey Católico, el cuerpo de San
Marcelo entró en su ciudad por Puerta Moneda y en su Iglesia por la
calle de la Rúa.
La Iglesia que lleva
su nombre fue fundada (algunas fuentes hablan de restauración, con lo
que la iglesia original debía de ser aún más antigua) durante la
época de Ramiro I (sobre el 850), Rey de Asturias, al que se deben
también las edificaciones de Santa María del Naranco y San Miguel de
Lillo, ambas muy cerca de Oviedo. Fue destruida por Almanzor y se
reedificó por primera vez en 1.096 por el Obispo Don Pedro,
coincidiendo con la fundación del hospital que allí se albergó. En
1.493, al traer desde Tánger el cuerpo de San Marcelo, surge la idea
de edificar un nuevo templo para albergar sus reliquias. Para ello se
decidió reedificar la antigua Iglesia por completo en el año 1.588
por los maestros Juan del Ribero y Baltasar Gutiérrez, aunque quizás
la torre, totalmente de ladrillo, sea más antigua. Las obras
sufrieron bastante retraso y finalizaron en 1.628.
Las reliquias del
santo se hallan en una arqueta de plata colocada bajo el Altar Mayor.
En él nos encontramos un retablo barroco, obra del escultor Santiago
Velasco, en donde podemos ver las figuras de San Marcelo junto a las
de sus doce hijos y la de su mujer Santa Nona o Nonia (mártires
también), la cual también tiene una Iglesia dedicada a su culto en
León. Estos dos templos, junto al de San Martín, son los principales
centros neurálgicos de la Semana Santa de León
SANTORAL