Juan Clímaco, abad († c.a. 645)
Aunque faltan datos concretos y algunos que conocemos están
enredados entre lo que pertenece al mundo de la fantasía y lo que
corresponde a la verdad, parece ser que nació en algún lugar de
Palestina, en la segunda mitad del siglo VI.
Siendo aún muy joven se sintió llamado a vivir en la soledad
del desierto; se retira al monte Sinaí y cuentan que se puso bajo
la tutela de Martirio, haciéndose discípulo suyo y viviendo en su
compañía durante cuatro años. Muerto su maestro, se hace monje
cuando es el abad Stratego que aprecia sus virtudes e intuye que
será en el futuro un gran pilar para la Iglesia; por ese tiempo,
ya comienzan a conocerle como ´El escolásticoª quizás por su
asiduo estudio de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres. El
monasterio no es construcción de una sola pieza arquitectónica;
son muchas celdas independientes, una para cada monje; se puede
decir que todo el monte es monasterio y el abad es como el
archimandrita. La celda de Juan se llama Thole; está situada al
pie de la montaña, junto a la ermita de la Virgen que mandó
construir Justiniano. Allí vive durante 40 años de retiro
ejemplar, dedicado a rigurosa penitencia y en la intimidad con
Dios hasta el punto de ser gritado entre quienes le conocen ´el
Ángel del Desiertoª. ¡Y no porque la vida le sea fácil! Soporta
tentaciones y algunas son muy violentas, teniendo que utilizar
todos los medios humanos y sobrenaturales para salir victorioso
en la lucha.
La oración intensa le lleva a gran familiaridad con Dios que
deja descrita en su libro La Escala. ´Esta oración
-escribe en La Escalera santa - consiste en tener el alma
por objeto a Dios en todos sus ejercicios, en todos sus
pensamientos, en todas sus palabras, en todos sus movimientos, en
todos sus pasos; en no hacer cosa que no sea con fervor interior,
y como quien tiene a Dios presenteª. Con profundidad y sencillez
a la vez describe el progreso de la vida espiritual del hombre
hacia el encuentro con el Absoluto, recorriendo treinta grados o
escalones; expone su enseñanza empleando ideas abreviadas, apenas
apuntadas y comprimidas en sentencias: ´Los hombres pueden sanar
a los voluptuosos, los ángeles a los malvados, pero a los
soberbios solamente Diosª. También dejó otro tratadito pequeño
que se conoce como Carta al Pastor.
Juan muestra un gran amor a la soledad pero, como suele ser
frecuente en los hombres de Dios, nunca estuvo solo; la gente le
busca con verdadero deseo de ver, saber y entender por más que a
él se le haga cada vez menos apreciado el trato con los demás
hombres. Siendo uno más, es un místico en cuya vida se producen
-según cuentan los menores de su vida- fenómenos sobrenaturales
que le llevan al arrobamiento de permanecer levantado sobre la
tierra con frecuentes levitaciones y, algunas veces, dicen que lo
contemplaron entrado en éxtasis, adelantando el disfrute del
Cielo.
Lo eligieron abad del Sinaí, llegando a irradiar santidad al
resto de los ermitaños; muestra una preocupación exquisita con
los peregrinos y extraños, y -por caridad- construye un hospital
para la atención de los enfermos y de los que están extenuados.
Así, con obras y palabras, ejerció un influjo muy notable en la
espiritualidad tanto de Oriente como de Occidente
Texto: Archidiócesis de
Madrid -
SANTORAL