Jacinta de Mariscotti, abadesa
(1585-1640)
Puede ser un ejemplo para las niñas-bien. Bueno,
es un ejemplo para todos, pero dado que su vida pasó por unas
situaciones peculiares de quienes proceden de buena cuna, tienen
bienes materiales abundantes y hasta pueden predecir un futuro
lleno de posibilidades que mucha gente llama ´idealesª..., pues
por eso escribí lo que escribí. Sobre todo, cuando esas
previsiones de futuro probables se convierten en sólo futuribles
por las disposiciones de la Divina Providencia. Y si no,
conozcamos algo de su vida.
Nació cerca de Viterbo, en Vignatello, en el año
1585 del matrimonio formado por Marcantonio Mariscotti y Octavia
Orsini, condesa de Vignatallo. Top en la sociedad del
tiempo. De sus hermanos hay algo que decir también. Ginebra, que
se llamó luego Inocencia, vivió y murió santamente como Terciaria
Franciscana de San Bernardino. Hortensia, joven virtuosa que casó
con el marqués de Podio Catino, Paolo Capizucchi. Sforza se casó
con Vittoria Ruspoli y heredó el título de la familia de los
Mariscotti. Galeazo trabajó y murió en la Curia romana.
Se llamó Clarix como nombre bautismal. Sus padres
quisieron darle la mejor educación y pensaron que el camino
óptimo era ponerla junto a sor Inocencia, su hermana, para que
creciera al calor de los buenos ejemplos y virtudes del
monasterio. Su intención fue más buena que acertada. Todo lo de
fuera le ilusiona, le atrae, le embelesa y encanta más que el
aire religioso de dentro. Abandona el monasterio y como conoce su
hermosura y la prosapia de su familia, se hace vanidosa,
presumida y coqueta. Más, cuando su hermana encontró su buen
partido y, enamorada, contrajo matrimonio; ahora se vuelve tan
ligera, mundana y extraviada que está a las puertas de su
definitiva ruina espiritual. El único camino viable es entrar de
la peor gana en el monasterio; y, más por despecho que por
vocación, toma el hábito de Terciaria franciscana con el nombre
de Jacinta. Tiene veinte años.
Por diez años, que son bastantes, lleva en el
convento una vida mundana. Su celda parece un bazar por los
lujosos adornos; la piedad en ella es tibieza; la mortificación
prescrita, un tedio; hasta recibe las amonestaciones con
desprecio.
Pero con treinta años llega la hora de Dios y
surge potente la casta noble y cristiana que lleva dentro. Una
enfermedad grave la espabila del sueño. Una confesión general es
el comienzo. Se suceden los actos de petición de perdón, de
arrepentimiento, está horrorizada por el mal ejemplo... suenan
las disciplinas en público, da besos en los pies de sus hermanas,
obediencia rendida, aceptación de los sufrimientos. La conversa
aparece en público alguna vez como animal, con la soga al cuello.
Aunque claramente se tiene por la mujer más pecadora la nombran
vicesuperiora y maestra de novicias pero ha de vencer su
repugnancia a intentar educar a otras que son mejores. Ahora
tiene su contento en la oración, es devota del Arcángel san
Miguel, ama sin cansancio la contemplación de la Pasión de
Jesucristo, la Misa le da lágrimas, las imágenes de la Virgen son
su refugio. Le causan pena las almas que pasan por el extravío
del pecado y por su recuperación para Dios funda dos cofradías:
La Compagnia dei Sacconi para la atención material de los
enfermos y ayudarlos a bien morir y La Congregación de los
Oblatos de María para avivar la piedad, hacer obras de
caridad y fomentar el apostolado de los seglares. Aquí ya quiso
recompensar Dios a su sierva enamorada con dones extraordinarios
como el de profecía, milagros, penetra los corazones, es
instrumento de conversión y el éxtasis es frecuente en ella ...
Así hasta que murió el año 1640, cuando tenía cincuenta y cinco.
¿Es o no es una linda ´esperanzaª para quienes,
niñas-bien, están lejos?
También para padres ´desconfiadosª de los poderes
del Cielo
Texto:
Archidiócesis de Madrid -
SANTORAL