Saturnino de Tolosa, Bernardo,
Roadbobo, Felipe, obispos
Blas, Demetrio, Paramón,
Filomeno, Iluminada, Sisinio, mártires
Gerardo, Giraldo,
abades
Saturnino de Tolosa, obispo y mártir ( † c.
250)
La ciudad de Toulouse, en el Languedoc francés,
muestra con orgullo su magnífica e impresionante catedral —joya del
románico— de Saint-Sernin. Tiene cinco naves, vasto crucero y un
coro deambulatorio con capillas radiadas.
San Saturnino —nuestro conocido y tantas
veces cantado Sanserenín de las canciones y juegos
infantiles— fue el primer obispo de esta parte de la Iglesia.
No se conoce nada anterior a su muerte. Todo
lo que nos ha llegado es producto del deseo de ejemplarizar
rellenando con la imaginación y la fantasía lo que la historia no
es capaz de decir. A partir de unos relatos probables se suman
otros y otros más que lo van adornando como descendiente de familia
romana — el nombre es diminutivo del dios romano Saturno— culta,
adinerada, noble e incluso regia hasta llegar a las afirmaciones de
Cesareo de Arlés que, nada respetuoso con la cronología, lo
presenta candorosamente como oriundo de Oriente, uno más de los
discípulos del Señor, bautizado por Juan Bautista, presente en la
última Cena y en Pentecostés. Ciertamente es el comienzo de la
literatura legendaria.
Lo que consta es que la figura está enmarcada
en el siglo III, en tiempos de la dominación romana, después de
haberse publicado, en el año 250, los edictos persecutorios de
Decio, cuando la zona geográfica de Tolosa cuenta con una pequeña
comunidad cristiana pastoreada por el obispo Saturnino que por no
caer en idolatría, quemando incienso a los dioses, sufre el
martirio de una manera suficientemente cruel para que el hecho
trascienda los límites locales y la figura del mártir comience a
recibir culto en el interior de las Galias, en la ribera
mediterránea y pase también los Pirineos hacia España.
En tiempos posteriores, facilita la extensión
de esta devoción el hecho de que el reino visigodo se prolongue
hasta España lo que conlleva el transporte de datos culturales;
también el peregrinaje desde toda Europa a la tumba el Apóstol
Santiago en Compostela hace que los andariegos regresen expandiendo
hacia el continente la devoción saturniniana, al ser Tolosa un
punto de referencia clásico en las peregrinaciones, y con ello los
peregrinos entran en contacto con las reliquias del mártir.
El martirologio romano hace su relación
escueta en estos términos: "En Tolosa, en tiempo de Decio, San
Saturnino, obispo, fue detenido por los paganos en el Capitolio de
esta villa y arrojado desde lo alto de las gradas. Así, rota su
cabeza, esparcido el cerebro, magullado el cuerpo, entregó su digna
alma a Cristo".
Los relatos siguientes lo presentan atado con
cuerdas a un toro que estaba dispuesto para ser sacrificado y que
lo arrastra hasta dejarlo muerto y destrozado. Dos valientes
cristianas —Les Saintes-Puelles— recogen su cuerpo y lo
entierran cerca de la ruta de Aquitania.
El obispo Hilario hizo construir sobre la
tumba de su antecesor una pequeña basílica que reformó san Exuperio
en el siglo V y que destruyeron los sarracenos en el 711. Edificada
lentamente durante el siglo XI, la consagró en papa Urbano II el
año 1096 para que, en el 1258, el obispo Raimundo de Falgar
depositara en su coro los restos de san Saturnino.