Eustasio de Luxeüil, abad († 625)
Nació Eustasio pasada la segunda mitad del siglo VI, en Borgoña.
Fue discípulo de san Columbano, monje irlandés que pasó a las
Galias buscando esconderse en la soledad y que recorrió el Vosga,
el Franco-Condado y llegó hasta Italia. Fundó el monasterio de
Luxeüil a cuya sombra nacieron los célebres conventos de
Remiremont, Jumieges, Saint-Omer, foteines etc.
Eustasio tiene unos deseos grandes de encontrar el lugar
adecuado para la oración y la penitencia. Entra en Luxeüil y es
uno de sus primeros monjes. Allí lleva una vida a semejanza de
los monjes del desierto de oriente.
Columbano se ve forzado a condenar los graves errores de la
reina Bruneguilda y de su nieto rey de Borgoña. Con esta actitud,
por otra parte inevitable en quien se preocupa por los intereses
de la Iglesia, desaparece la calma que hasta el momento
disfrutaban los monjes. Eustasio considera oportuno en esa
situación autodesterrarse a Austrasia, reino fundado el 511, en
el periodo merovingio, a la muerte de Clodoveo y cuyo primer rey
fue Tierry, donde reina Teodoberto, el hermano de Tierry. Allí se
le reúne el abad Columbano. Predican por el Rhin, río arriba,
bordeando el lago Constanza, hasta llegar a tierras suizas.
Columbano envía a Eustasio al monasterio de Luxeüil después de
nombrarle abad. Es en este momento -con nuevas responsabilidades-
cuando la vida de Eustasio cobra dimensiones de madurez humana y
sobrenatural insospechadas. Arrecia en la oración y en la
penitencia; trata con caridad exquisita a los monjes, es afable y
recto; su ejemplo de hombre de Dios cunde hasta el extremo de
reunir en torno a él dentro del monasterio a más de seiscientos
varones de cuyos nombres hay constancia en los fastos de la
iglesia. Y el influjo espiritual del monasterio salta los muros
del recinto monacal; ahora son las tierras de Alemania las que se
benefician de él prometiéndose una época altamente
evangelizadora.
Pero han pasado cosas en el monasterio de Luxeüil mientras
duraba la predicción por Alemania. Un monje llamado Agreste o
Agrestino que fue secretario del rey Tierry ha provocado la
relajación y la ruina de la disciplina. Orgulloso y lleno de
envidia, piensa y dice que él mismo es capaz de realizar idéntica
labor apostólica que la que está realizando su abad; por eso
abandona el retiro del que estaba aburrido hacía tiempo y donde
ya se encontraba tedioso; ha salido dispuesto a evangelizar
paganos, pero no consigue los esperados triunfos de conversión. Y
es que no depende de las cualidades personales ni del saber
humano la conversión de la gente; ha de ser la gracia del
Espíritu Santo quien mueva las inteligencias y voluntades de los
hombres y esto ordinariamente ha querido ligarlo el Señor a la
santidad de quien predica. En este caso, el fruto de su misionar
tarda en llegar y con despecho se precipita Agreste en el cisma.
Eustasio quiere recuperarlo, pero se topa con el espíritu
terco, inquieto y sedicioso de Agreste que ha empeorado por los
fracasos recientes y está dispuesto a aniquilar el monasterio.
Aquí interviene Eustasio con un feliz desenlace porque llega a
convencer a los obispos reunidos haciéndoles ver que estaban
equivocados por la sola y unilateral información que les había
llegado de parte de Agreste.
Restablecida la paz monacal, la unidad de dirección y la
disciplina, cobra nuevamente el monasterio su perdida prestancia.
Eustasio de Luxeüil ha cumplido su misión.
Texto: Archidiócesis de
Madrid -
SANTORAL