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Román,
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Basilio,
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Hilario, papa

Hilario, papa († 468)
Hilarus, natural de Cerdeña.
Cuando sólo era diácono tuvo una intervención muy especial en el
concilio de Éfeso actuando como legado del papa san León I, en el
449. No firma la deposición de san Flaviano, patriarca de
Constantinopla. Tan mal se pusieron las cosas en aquél concilio –
el del latrocinio– que llegó a temer las iras de los adversarios
y huyó llevando la apelación de Flaviano al papa. (Este texto se
descubrió en el 1882). Desde Roma escribe a la emperatriz
Pulqueria dándole información precisa de lo ocurrido. También
intervino en la cuestión controvertida entre griegos y latinos
sobre la fijación de la fecha común para celebrar la fiesta de la
Pascua.
Hilario sucedió al papa san León en la Sede de san Pedro a
finales del 461. Y en los siete años que duró su pontificado
gobernó la Iglesia dedicándose por entero y con firmeza a asentar
principios teóricos y prácticos en materia de disciplina y
jurisdicción. Era la puesta en marcha de ese funcionamiento
interno que la Iglesia había de ir tejiendo en el tiempo buscando
el bien de los pastores y de los fieles y para la mejor difusión
del Evangelio. De modo especial hubo de intervenir en la
corrección de abusos por parte de altos eclesiásticos en las
Galias, como es el caso del obispo Hermes, usurpador de la sede
narbonense, sin mediación del arzobispo Leoncio. También tomó
decisiones en el caso de Mamerto, en Viena, que consagraba
obispos sin conocimiento del metropolitano. Y para no ser menos,
corrigió igualmente abusos cometidos en España, en la provincia
Tarraconense, donde algún obispo abandonó a su grey y fijó
arbitrariamente su residencia en lugar diferente, algún otro
interfería en labores pastorales ajenas y además existían
consagraciones ilegales de obispos. El deseo que el papa expresa
en la carta dirigida a Leoncio es trabajar "en pro de la
universal concordia de los sacerdotes del Señor, procuraré que
nadie se atreva a buscar su propio interés, sino que todos se
esfuercen en promover la causa de Cristo".
En estos asuntos solía usar una forma colegiada de gobernar
inclinándose a promover encuentros de obispos, más o menos
numerosos, que le asesoraran sobre las cuestiones difíciles, le
ayudaran a mirar cada problema desde distintos ángulos y le
proporcionaran elementos de juicio suficientes para poder tomar
decisiones justas con el ministerio y con las personas.
En Roma fomentó el culto, edificó capillas en la basílica
constantiniana de Letrán, construyó un monasterio dedicado a san
Lorenzo y dejó testimonio de la devoción agradecida que profesó
al Apóstol y evangelista san Juan a quien atribuyó siempre la
gracia de haber sido librado de la ira de los hombres, cuando el
Latrocinio de Éfeso.
Murió el último día de febrero del año 468.
San Hilario conocía bien al hombre; ese espíritu
humano que es proclive a pactar con la soberbia, la comodidad, el
afán de poder y el bien que reportan las riquezas; eso tan común
de lo que no están exentos ni los jerarcas de ayer, ni los de
hoy. Su fortaleza de entonces con disposiciones claras, supongo
que ayudará a los que profetizan, santifican y mandan a estar
bien vigilantes en su esfuerzo personal de fidelidad al
Evangelio. De ese modo no hay peligro de que el servicio a la
Iglesia que comporta el ministerio se pervierta convirtiéndose en
instrumento de lucro personal
Texto:
Archidiócesis de Madrid -
SANTORAL
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