La Anunciación del Señor
Santos:
Pelayo, obispo
Quirino, Dula, mártires
Desiderio, Baroncio, Einán, Einardo, Melchisedeq, confesores
Lucia Filippini, fundadora
Isaac y Rebeca, patriarca
Abel, primero de los justos
Ermelando, Humberto, abades

La Anunciación del Señor
La última fase de toda la apoteosis salvadora comenzó en
Nazaret. Hubo intervenciones angélicas y sencillez asombrosa. Era
la virgen o pártenos del Isaías viejo la destinataria del
mensaje. Todo acabó en consuelo esperanzador para la humanidad
que seguía en sus despistes crónicos e incurables. Los anawin
tuvieron razones para hacer fiesta y dejarse por un día de
ayunos; se había entrado en la recta final.
La iconografía de la Anunciación es, por copiosa, innumerable:
Tanto pintores del Renacimiento como el veneciano Pennacchi la
ponen en silla de oro y vestida de seda y brocado, dejando al
pueblo en difusa lontananza. Gabriel suele aparecer con alas
extendidas y también con frecuencia está presente el búcaro con
azucenas, símbolo de pureza. Devotas y finas quedaron las
pinturas del Giotto y Fra Angélico, de Leonardo da Vinci, de fray
Lippi, de Cosa, de Sandro Botticelli, de Ferrer Bassa, de Van
Eyck, de Matthias Grünewald, y de tantos más.
Pero probablemente sólo había gallinas picoteando al sol y grito
de chiquillos juguetones, estancia oscura o patio quizá con un
brocal de pozo; quizá, ajenos a la escena, estaba un perro
tumbado a la sombra o un gato disfrutaba con su aseo individual;
sólo dice el texto bíblico que "el ángel entró donde ella
estaba".
Debió narrar la escena la misma María a san Lucas --el
evangelista que la refiere-- en momento de intimidad.
Así fue como lo dijo Gabriel: "Salve, llena de gracia, el Señor
es contigo". Aquel doncel refulgente, hecho de claridad celeste,
debió conmoverla; por eso intervino "No temas, María, porque has
hallado gracia ante de Dios; concebirás en tu seno y darás a luz
un Hijo a quien pon-drás por nombre Jesús. Éste será grande: se
llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de
David, su padre, reinará por los siglos sobre la casa de Jacob y
su reino no tendrá fin". La objeción la puso María con toda
claridad: "¿Cómo será esto, pues no conozco varón?" No hacía
falta que se entendiera todo; sólo era precisa la disposición
interior. "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del
Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá será
llamado santo, Hijo de Dios".
Luego vino la comunicación del milagro operado en la anciana y
estéril Isabel que gesta en su sexto mes, porque "para Dios
ninguna cosa es imposible".
Fiesta de Jesús que se encarnó --que no es ponerse rojo, sino que
tomó carne y alma de hombre--; el Verbo eterno entró en ese
momento histórico y en ese lugar geográfico determinado,
ocultando su inmensidad.
Fiesta de la Virgen, que fue la que dijo "Hágase en mí según tu
palabra". El "sí" de Santa María al irrepetible prodigio
trascendental que depende de su aceptación, porque Dios no quiere
hacerse hombre sin que su madre humana acepte libremente la
maternidad.
Fiesta de los hombres por la solución del problema mayor. La
humanidad, tan habituada a la larguísima serie de claudicaciones,
cobardías, blasfemias, suciedad, idolatría, pecado y lodo donde
se suelen revolcar los hombres, esperaba anhelante el
aplastamiento de la cabeza de la serpiente.
Los retazos esperanzados de los profetas en la lenta y secular
espera habían dejado de ser promesa y olían ya a cumplimiento al
concebir del Espíritu Santo, justo nueve meses antes de la
Navidad.
¡Cómo no! Cada uno puede poner imaginación en la escena narrada y
contemplarla a su gusto; así lo hicieron los artistas que las
plasmaron con arte, según les pareció
Texto: Archidiócesis de
Madrid -
SANTORAL
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