Valerio, confesor († s. VII)
Santo de heroicas virtudes y de invicta paciencia
en la adversidad.
Nacido en Astorga y cristiano desde pequeño. La
región del Bierzo es el escenario de sus virtudes y de su vida.
Quiso entrar en el monasterio que fundó san Fructuoso en Compludo,
pero por razones todavía hoy desconocidas no pudo entrar.
Fallido el intento monacal, comienza una vida de
oración y penitencia viviendo al estilo de los antiguos eremitas.
Su modo de vivir, poco frecuente en la época, hace que de boca en
boca vaya pasando la noticia de su existencia entre los
habitantes del lugar que empiezan a visitarle en la ermita que
hay junto al castillo llamado de la Piedra, en Astorga. Allá
concurren con deseos de escucharle y de ser confortados en sus
penas. El clérigo el cuidador de la ermita sólo comienza a
interesarse por ella cuando advierte el sonar de las monedas y
huele los pingües beneficios de las ofrendas; como se posesiona
de ellas de mala manera, el santo se marcha para no facilitar su
codicia extrema; pero hasta los pocos libros que tenía hubo de
dejarlos en la ermita por considerar el clérigo chupón que fueron
de ella.
La gente del lugar le echa de menos y le sugieren
un nuevo sitio para vivir, rezar y predicar. En Ebronato le
edifican los fieles un oratorio donde se instala y recomienza.
Como la gente se arremolina en torno a él, el obispo nombra un
presbítero para que atienda la pequeña iglesia construida; Justo
se llama el pastor y su justicia en el nombre se queda. De nuevo
queda Valerio sin techo y reducido a la miseria. La gente sigue
queriéndole y sufre la mala envidia de Justo que en alguna
ocasión llegó a emplear la violencia física contra Valerio.
En el mismo Bierzo, allí donde Fructuoso fundó el
monasterio de san Pedro, encuentra un lugar tranquilo y puede
reanudar una vez más su vida penitente y orante de eremita. El
obispo de Astorga, Isidoro, le llama y pide su compañía para
asistir al concilio de Toledo, al que no llegan por la muerte del
prelado.
También escribió dejando por escrito testimonio
de la época. Esta literatura se conservó en el monasterio de
Carracedo y la mantuvo como tesoro la iglesia de Oviedo. Su pluma
dejó a la posteridad la vida de san Fructuoso, un abundante grupo
de máximas y consejos a los religiosos del Bierzo, las
revelaciones de los monjes Máximo y Bonelo y la historia del abad
Donadeo.
Terminó su vida a finales del siglo VII y sus
reliquias se conservaron en el Altar Mayor de la iglesia del
monasterio de san Pedro de los Montes, de la orden benedictina,
cerca de Ponferrada.
A quien se interna en su vida le da la sensación
de que Dios lo preparó para la contrariedad. Y lo muy curioso del
caso es que sus enfrentados siempre fueron clérigos. ¿Tan feo les
pareció Valerio? Muchos de los buenos afirman, con pueril
benevolencia, que es muy difícil convivir en esta tierra con un
santo verdadero; pero quizás no caen en la cuenta de que a quien
seriamente le cuesta convivir con los demás es al que lleva vida
recta
Texto:
Archidiócesis de Madrid -
SANTORAL