Edmundo, rey
(841-870)
Offa es rey de Estanglia. Un
buen día decide pasar el último tramo de su vida haciendo
penitencia y dedicándose a la oración en Roma. Renuncia a su
corona a favor de Edmundo que a sus catorce años es coronado rey,
siguiendo la costumbre de la época, por Huberto, obispo de Elman,
el día de la Navidad del año 855.
Pronto da muestras de una
sensatez que no procede sólo de la edad. Es modelo de los buenos
príncipes. No es amigo de lisonjas; prefiere el conocimiento
directo de los asuntos a las proposiciones de los consejeros; ama
y busca la paz para su pueblo; se muestra imparcial y recto en la
administración de la justicia; tiene en cuenta los valores
religiosos de su pueblo y destaca por el apoyo que da a las
viudas, huérfanos y necesitados.
Reina así hasta que llegan
dificultades especiales con el desembarco de los piratas daneses
capitaneados por los hermanos Hingaro y Hubba que siembran pánico
y destrucción a su paso. Además, tienen los invasores una
aversión diabólica a todo nombre cristiano; con rabia y crueldad
saquean, destruyen y entran al pillaje en monasterios, templos o
iglesias que encuentran pasando a cuchillo a monjes, sacerdotes y
religiosas. Una muestra es el saqueo del monasterio de Coldinghan,
donde la abadesa santa Ebba fue degollada con todas sus monjas.
Edmundo reúne como puede un
pequeño ejército para hacer frente a tanta destrucción pero no
quiere pérdidas de vidas inútiles de sus súbditos ni desea
provocar la condenación de sus enemigos muertos en la batalla.
Prefiere esconderse hasta que, descubierto, rechaza las
condiciones de rendición por atentar contra la religión y contra
el bien de su gente. No acepta las estipulaciones porque nunca
compraría su reino a costa de ofender a Dios. Entonces es
azotado, asaeteado como otro san Sebastián, hasta que su cuerpo
parece un erizo y, por último, le cortan la cabeza que arrojan
entre las matas del bosque.
Sus súbditos buscaron la
cabeza para enterrarla con su cuerpo, pero no la encuentran hasta
que escuchan una voz que dice: "Here", es decir, "aquí".
Este piadosísimo relato tardío
colmado de adornos literarios en torno a la figura del que fue el
último rey de Estanglia exaltan, realzan y elevan la figura de
Edmundo hasta considerarlo mártir que, por otra parte, llegó a
ser muy popular en la Inglaterra medieval. Sus reliquias se
conservaron en Bury Saint Edmunds, en West Sufflok, donde en el
año 1020 se fundó una gran abadía.
Texto:
Archidiócesis de Madrid