Abdías, profeta (Antiguo Testamento)
El libro de Abdías es el más corto de los libros
proféticos. Aparte de las discusiones entre exegetas, parece que se
sitúa la vida y escrito de Abdías en el siglo V antes de Cristo.
Esta profecía se desarrolla en dos planos: el castigo de Edom y el
triunfo de Israel en el "Día de Yahvéh" que, como se sabe, es el
día apocalíptico de la justicia de Dios. Ni que decir tiene que los
edomitas son los enemigos de Israel que han aprovechado la ruina de
Jerusalén y han invadido la Judea meridional. Contra su soberbia,
despotismo y engreimiento dirá el Todopoderoso: "Aunque te
encumbres como un águila, y pongas tu nido en las estrellas, de
allí te haré bajar... te cubrirá la vergüenza y serás cercenado
para siempre". Todo el libro es un grito apasionado de venganza que
exalta la justicia terrible y el poder de Yahvéh.
Con todas las matizaciones
precisas y, sin sacar de su contexto histórico este breve escrito
veterotestamentario que está suficientemente cumplido no ya sólo
por la acción bélica, conquista y sometimiento de los edomitas en
el año 312 a. C. por parte de los nabateos, sino por toda la
ulterior profundización "del día de Yahvéh" que se sitúa al final
de los tiempos, podría hacer mucho bien a determinadas personas
individuales, colectividades y naciones la lectura reposada de los
21 versos que contiene la inspiración de Abdías puesta por escrito
para tomar el pulso a sus responsabilidades propias. Porque a la
postre, guste o no, será Dios mismo quien "mida" a cada cual en "su
Día" e importa mucho no encontrarse "falto de peso".
Como reclamaba justicia divina
el ultraje que sufría Israel —el pueblo de Dios— en el tiempo de
esta profecía, hoy siguen postulando la misma justicia cantidad
innumerable de ultrajes cuyos responsables habrán de responder en
el "Día de Yahvéh". ¿No estarán llegando a los oídos de Dios los
gritos de los millones de famélicos que hay en el mundo? ¿Y los de
las víctimas de quienes promueven las guerras? ¿Y las quejas de los
ignorantes? ¿Desoirá Dios el quejido mudo de los no-nacidos porque
se les privó aberrantemente de su primer derecho con el aborto?
¿Tendrá sordera Dios para las protestas de los que soportan leyes
inicuas? ¿Se habrá tapado los oídos para no escuchar la indecible
algarabía que forman los lamentos de los parados, de los sin-techo,
de los que contemplan el despilfarro irresponsable de otros?
Yahvéh sigue hoy viendo a los
prepotentes, a los que explotan, a los que impulsan al destierro, a
los que hacen trata de blancas, a los orgullosos y a los soberbios,
a los que calumnian, a los que causan el desprecio, a los que
insultan y maldicen, a los que humillan, a los que roban lo
ajeno... y a los que se venden por dinero.
Todo "machacado" por la malicia
del hermano vive en tierra suya, habita en su dominio, le pertenece
¡Es su pueblo!
¡Gracias, Abdías, tú fuiste
bueno y avisaste a tiempo!