San José Patrono de la Iglesia Universal
Santos:
Apolonio y Leoncio,
obispos
Juan, Bertulfo, abades
Landoaldo,
presbítero
Amancio, diácono
Quinto, Quintila, Cuartila, Marcos, Pancario, Cándido, Alcmondo,
mártires

José, esposo de la Virgen María
(siglo I)
Padre adoptivo, porque su paternidad sobre Jesús no es la común
natural y de algún modo hay que llamarla, aunque la adopción nos
suene solo a cosa legal y eso es poco, bien poco, para la clase
de paternidad que ejerció, y que al no tener igual no se inventó
la palabra que con propiedad indique su condición. Padre nutricio
le llaman otros, porque tienen la parte de verdad que expresa una
de las obligaciones anejas a la paternidad, la de alimentar a la
prole, pero se ve que esto es sólo un detalle en comparación con
la totalidad. También es común llamarle putativo por ser
conceptuado ante los paisanos como padre verdadero, al vivir
fielmente las obligaciones del mejor de los padres sin que nada
indujera a pensar que no lo era. Es el esfuerzo de la teología,
de la piedad, de la expresión de la fe que no deja de recalcar
que no es padre de Jesús _el Verbo hecho hombre, engendrado por
Dios, y por eso tiene la naturaleza de Dios_ al modo como los
demás lo son de sus hijos al engendrarlos según la naturaleza
humana. El Evangelio, testigo parco en palabras afirma: Cuidó de
la sagrada familia en Belén, Egipto y Nazaret.
Esposo casto, no necesariamente viejo, ni siquiera mayor. El
espíritu cristiano que intenta resaltar incluso plásticamente
otro tesoro imperdible, el de la virginidad perpetua de su
esposa, la Virgen María, lo pintó viejo y hasta el más lerdo
entendió el mensaje y así lo dejó; pero lo normal, lo más lógico,
lo más noble y digno es que buscaran Joaquín y Ana para su hija
doncella todo un doncel, viril, apuesto, noble, trabajador y
tiernamente capaz de asumir las responsabilidades del nuevo
hogar. Pensar de otro modo sería indignidad.
Tampoco se le dice nunca 'carpintero', solo lo llaman así --faber
lignanus-- los apócrifos, esos libros piadosos, pero no
inspirados, que disfrutan presentando como real la imaginación de
lo posible y que la Iglesia nunca aceptó en su Canon. Sí que fue
artesano.
José pertenecía a la estirpe davídica y su familia procedía de
Belén, la ciudad de David. Así queda Jesús perfectamente
entroncado con la familia real que portaba, dentro de la tribu de
Judá, el estandarte de las profecías que habían de cumplirse en
la posteridad.
Encantador en sus reacciones. Figura amable y desconcertante por
su humildad a pesar de ser tanta su grandeza.
José contempló el inefable misterio del nacimiento de Jesús en
Belén y quedó admirado con la maravillosa visita de los pastores
y magos adorantes.
Presentó a Jesús en el Templo a la usanza judía, rescatándolo con
el modo acostumbrado por los pobres.
Fue defensor de Jesús y de su Madre, cuando la matanza cruel de
los inocentes; dispuso marchar a Egipto, sin tardanza y con la
valentía de quien ha asumido una responsabilidad. El regreso de
Egipto tuvo lugar quizá en el año 4, después de la muerte de
Herodes. José no lo tuvo fácil.
Jesús se quedó en el Templo con doce años y ésta es la última
aparición de José en los Evangelios.
Varón justo y silencioso. Fiel a Dios que se apoyó en él hasta el
punto de entregarle su familia. Probablemente muerto ya en el
Calvario, y quizá incluso antes de las bodas de Caná.
San José es venerado por la Iglesia ortodoxa (el primer domingo
después de Navidad para la oriental) y por la Iglesia católica,
apostólica, romana. Pero es inexplicablemente tardío el culto
occidental. La devoción de tres santos del tiempo de la Reforma y
Contrarreforma: Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola y Francisco de
Sales contribuyeron a extender y popularizar su devoción. No
aparece en el misal romano hasta el siglo XV, con Sixto IV (m.
1481). Hasta Gregorio XV, en 1621, no fue su fiesta universal.
Incluido en el canon Romano por el papa Juan XXIII, ya en la
segunda mitad del siglo XX.
Hoy es el santo más y mejor tratado, con lógica aplastante; su
ambiente, su atmósfera habitual es la santidad. Por eso es
Patrono de la Iglesia universal, porque nadie la defenderá mejor.
Patrono de los carpinteros y artesanos. Patrón de la buena
muerte, sin duda asistido por Jesucristo y en presencia de la
Virgen. Custodio de los seminarios ¡quien mejor para dar
protección a los chicos que un día van a ser otros Cristos!.
Patrón ¡cómo no! de los padres de familia que le miran para
aprender a agradar a Dios ante tanto desvío, ignorancia,
autosuficiencia, para aprender de él a respirar en los ambientes
de trabajo un aire limpio menos egoísta; sí, le piden ayuda para
bien gobernar con mano firme el timón de la barca de su casa y
poder acertar a llevarla a buen puerto cuando la ven tan
bamboleada por vientos racheados que presagian zozobra o desvío.
Si existiera un hagiómetro para medir o pesar a lo humano el
grado de santidad, sería con la lógica de los mortales el primero
de los santos. Miembro de pleno derecho de la llamada y tan
invocada trinidad de aquí abajo.
Vara florida. Silencio en el evangelio, ni una palabra, sólo
referencias; quizá sea intencionado para dejar que hable lo
insondable de la contemplación, del embeleso, lo sublime de su
vida. Prestó ese servicio --aún más eficaz que oculto-- al
proyecto divino de la redención humana. Aunque no siempre
entendiera o comprendiera la voluntad de Dios, José la cumplió y
basta
Texto: Archidiócesis de
Madrid -
SANTORAL
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