San José de
Cupertino († 1663)
Comienzo de la Edad Moderna. España
inicia su declive. Reina Felipe III en España y
Nápoles. Aquí, en un establo de Cupertino, nace
José Desa, cuando sus padres, Félix Desa y
Francisca Panara, huían de los acreedores a los que
no podían pagar por ser grande la pobreza de un
carpintero de aldea. Son honrados, gente de fe
tradicional, viven en el temor de Dios.
José es cortito de cabeza. No
adelanta en la escuela rural y sale de ella sin
saber leer. Para ayudar en casa, empieza como
aprendiz de zapatero y, por sus manos torpes, el
maestro lo declara inepto. Más que remediar, agrava
los problemas familiares porque, además, cae
gravemente enfermo.
Lo cura la Virgen. Pero, como no
sirve para nada, pasa su adolescencia ayudando a la
gente, con más ganas que acierto, y ejercitando la
caridad. Eso sí, reza horas y horas y la Virgen le
embelesa.
A los 17 años se sintió llamado a
la vida religiosa en la Orden de los franciscanos
conventuales.
Sucesivamente dos conventos le
reciben como lego y también alternativamente lo
expulsan. Dirán que es bueno, espiritual,
mortificado, piadoso y...con fino amor a María;
pero inútil para fraile por su evidente torpeza y
su carente valía: no sirve ni para pelar patatas,
fregar platos, barrer el convento, tocar la
campana, o cavar la huerta. Le sobra piedad y
mortificación, pero le falta obediencia, puesto que
los encargos que se le dan o se le olvidan o los
hace al revés. Pasa por ser un haragán histérico,
un inútil para todo. En el colmo de sus males,
cuando vuelve a casa, ha muerto su padre y los
acreedores pretenden meter al hijo heredero de
deudas entre rejas... ¡Con cuantas humillaciones
prepara el Señor el alma de algunos de sus santos!
Pero hace una nueva llamada a la
puerta del minúsculo convento de Santa María de
Grotella. Entra como mero oblato para los más
ínfimos trabajos. Estos santos frailes supieron
descubrir el oro que cubrían las deficiencias. Pasa
a novicio y, a trancas y barrancas por los
estudios, ¡llega al sacerdocio!
En el ejercicio del ministerio:
atención esmerada a los pobres, caridad sin límite,
consejos a la gente y arreglo de contiendas, mucho
ayuno y penitencia, milagros y éxtasis. Con todo
ello, envidias, críticas, delaciones, interviene la
Inquisición y hay revuelo entre las gentes, visitas
de dignidades eclesiásticas y hasta el Papa Urbano
VIII quiere verle personalmente; en la audiencia
con el Viario de Cristo se elevó sobre el suelo,
quedándose suspendido sin ningún soporte físico, es
el fenómeno místico llamado levitación que se
repetirá con frecuencia en su vida. Siguen las
calumnias, enredos e insidias.
Tanto se habla y tantos quieren
verle que se quiere ocultar al santo para evitar
tumultos, pero el lugar donde se le recluye se
convierte en centro de peregrinación.
Con don de profecía pudo predecir
su muerte para el día dieciocho de Setiembre de
1663 y prepararse para ella.
A la Virgen, "Monstra te esse
matrem" fue su última frase en la tierra.
Este santo puede animar a los
cortitos de entendederas, a los fracasados, ineptos
en labores caseras y a los desechados como "pupas".
Todos tienen remedio, si... con Dios cuentan. Nadie
hay tan estropeado en la vida que no sirva para
nada. Un día San Pablo dijo que Dios elige la
necedad para confundir a los sabios... y la
flaqueza para confundir a los fuertes... es
como si dijera que puede escribir poesías con la
pata de una mesa