Jacinto de Polonia, religioso
(1185-1257)La Iglesia
está en plena época feudal propia de la época. Los
obispos y abades son grandes señores con mucho
poder e influencia incluso en las decisiones
políticas de los nobles y reyes. También un
Francisco de Asís habla a las aves y un Domingo
está convirtiendo herejes. Roma ha conseguido
centralizar la disciplina y liturgia y se ve en la
obligación de atender a todos los asuntos; hace
mucho por arreglar las complicadas cosas de los
reinos y algunas se escapan a su control.
Jacinto en hijo de los condes de
Konskie; nació en el castillo de Lanka, fortaleza
que domina la villa polaca de Gross-Stein. Estudió
en Praga, hizo derecho en Bolonia y cursó teología
en París. Con tal curriculum es nombrado
canónigo de Cracovia.
Un viaje a Roma va a influir de
modo decisivo en su vida. Iba a la Ciudad Eterna
acompañando con otros clérigos a su tío Yvon
Odrowaz, entonces obispo de Cracovia, para hacer
visita reglamentaria al Papa; ésta es la ocasión
para conocer a Santo Domingo de Guzmán que está
allí cumpliendo encargos de Honorio III. El
encuentro del buen obispo con el santo fundador
tuvo lugar con ocasión de un milagro reciente. Y el
motivo fue la súplica y el ruego esperanzado de
conseguir religiosos misioneros para Cracovia que
estaba necesitada de sacerdotes y de instrucción.
No cuenta Domingo con predicadores polacoparlantes.
Pero cuatro de los acompañantes del obispo polaco
se muestran dispuestos a ser recibidos por el
fundador entre los dominicos; como son ya
sacerdotes, reciben una formación específica
intensiva: corto noviciado, retoques de espíritu y
¡a predicar y fundar conventos!. Han aprendido unas
normas sencillas: alabar a Dios, dar doctrina y
estar dispuestos a sellar con su sangre su verdad.
Cracovia está situada en una
planicie ondulada, bañada por el Vístula y cercada
de bosques de pinos. La ciudad está defendida por
fuertes murallas. El día de todos los santos del
1222 llegó Jacinto ya dominico y misionero. Se va
haciendo conocer por los labriegos y artesanos.
Tiene fama de taumaturgo. Construye un primer
convento de madera y luego le llegan donaciones
hasta que Cracovia se llega a convertir en cuna de
predicadores del norte de Europa.
La frontera oriental limita con
Prusia, aún un país pagano, semibárbaro e idólatra.
Allí va Jacinto a ser su misionero. Y le sigue la
fama de los milagros. Luego será la gran Rusia, con
sus estepas heladas y desiertas, la que recorrerá
Jacinto, llegando hasta Kiev. Por aquellas tierras
sí que conocen las gentes a Jesús; pero son
cismáticos quienes han predicado el Evangelio. La
Iglesia católica occidental que obedece a Roma no
tiene nada que hacer; pero una curación milagrosa
de la ceguera de la hija del príncipe Wladimiro le
abre la posibilidad de fundar el primer monasterio
occidental en Rusia.
Vienen las invasiones tártaras con
Batou, hijo de Gengis-Kan, al frente de sus
implacables y demoledoras huestes que llegaron a
las mismas puertas de Hungría, Polonia y Austria,
haciendo temblar a todo el occidente; hicieron que
Jacinto hubiera de interrumpir sus quehaceres
apostólicos y replegarse al interior del continente
hasta que pudiera volverse a reemprender la
siembra.
La leyenda áurea lo hace fundador
de conventos en Noruega, Suecia, Finlandia,
Escocia, Irlanda, Bulgaria, Hungría y no se sabe
por cuántos sitios más. No se dispone de datos
históricos con los que puedan apoyarse todas estas
correrías del santo. Más bien parece que son
producto de la imaginación o que intentan afirmar
que fueron sus inmediatos discípulos quienes
llegaron a hacer lo que materialmente él no pudo.
Muere Jacinto (o Jacek, como debió
ser su genuino nombre) en su convento de Cracovia,
el 15 de Agosto de 1257, dejando sembrada Polonia
de innumerables conventos y de frailes. No extraña
por ello que los polacos lo tengan como patrón
principal. Hizo irradiar el Evangelio hasta los
confines de Europa con éxitos apostólicos en
ocasiones no muy duraderos, pero que afianzaban la
fe en su patria, siempre que la proyectaba hacia el
exterior de sus fronteras.
Santa Beatriz de
Silva y Meneses (c. a. 1424 - c. a. 1492)
El padre de Beatriz había luchado
con las fuerzas portuguesas en la conquista de
Ceuta en el año 1415, a las órdenes del capitán
Pedro Meneses, conde de Viana y descendiente de los
reyes de Castilla. De esa conquista parte el origen
de amistad, conocimiento y posterior unión de las
familias Silva y Meneses por el matrimonio entre
don Rui Gomes de Silva y doña Isabel Meneses.
Tuvieron once hijos y dos de ellos están en los
altares; Amadeo, el quinto de los hermanos, que
tomó el hábito franciscano, fundó la Orden llamada
de los "amadeístas" y se dedicó a implantar
la reforma en la Iglesia y Beatriz que fue
canonizada por el Papa Pablo VI el día 3 de octubre
del año 1976.
Se desconoce con certeza el lugar y
fecha del nacimiento de Beatriz. En cuanto al lugar
algunos entendidos se pronuncian por Ceuta y otros
se inclinan por Campomayor; y en lo que se refiere
a la fecha se duda entre el 1424 o 1426. Sí se sabe
que por los favores prestados en las guerras del
norte de Africa, el rey Juan I ofreció la Alcaldía
de Campomayor a don Rui Gomez de Silva, ciudad
fronteriza con España, en el distrito de Portalegre
y perteneciente a la diócesis de Evora, allá en el
Alentejo. Fue en la casa solariega de la familia
donde tanto Beatriz como sus hermanos recibieron
una esmerada educación y aprendieron el amor a
Dios, a Jesucristo y a su Madre santa María. Consta
como avecindada en Campomayor los años 1434 al
1447.
Cuando el rey Juan II de Castilla
contrajo matrimonio con Isabel de Portugal, se
traslada la reina portuguesa al lado de su marido y
es en Tordesillas (Valladolid) donde está la Corte.
Lleva con ella a damas portuguesas que la acompañan
y entre las cuales se encuentra Beatriz. Parece que
su belleza fascinó al Rey y a cuantos jóvenes la
llegaron a conocer; y que eso fue la causa de que
pronto llegaran los celos de la Reina. Se cuenta
que mandó encerrar a Beatriz en un baúl y que de
este cautiverio fue milagrosamente salvada por la
Virgen al tercer día de encierro.
Llega al convento de Santo Domingo
el Real, en Toledo. Allí moró durante treinta años
en calidad de seglar dedicada al silencio y a la
oración, al sacrificio y al desprecio del mundo.
Llega a contar la historia anónima del siglo XVI
que jamás nadie, ni hombre ni mujer, vió su rostro
por mantenerlo siempre cubierto con un velo, muy
posiblemente por haber sido su belleza el motivo de
locuras ajenas. Dedicó todos sus bienes al culto a
Dios y a obras de caridad, repartiéndolos entre los
pobres. Intenta interesar a la Reina Isabel la
Católica en sus proyectos de fundar y consigue de
ella la donación de las casas de los palacios
reales de Galiana, junto a la muralla norte de
Toledo y su capilla. Y contando con la decisión de
doce compañeras funda la Orden de la Inmaculada
Concepción, que el Papa Inocencio VIII aprueba
con la Bula "Inter Universa" el 30 de abril
de 1489. Poco tiempo de vida pudo dirigir la nueva
orden inmaculista por morir, avisada unos días
antes por la Virgen, en la misma fecha en que
estaba prevista la ceremonia de toma de velos y
fundación.
El franciscano P. Fray Juan de
Tolosa evitó la extinción de la recién nacida Orden
impidiendo que se fusionaran en Toledo las
concepcionistas con las dominicas.
Luego, el también franciscano
Cardenal Cisneros volvió a avivar la Orden y
facilitó la fundación de nuevos conventos.
Su obra se extendió por Europa y
América llegándose a contar la Orden más de 150
monasterios al ser canonizada por Pablo VI el 3 de
Octubre de 1976.
Es un consuelo para los españoles
ver en la historia patria la decisión y empeño del
fervor creyente sin fisuras en la Inmaculada
Concepción de la Virgen siglos antes de que esa
verdad fuera proclamada dogma por la autoridad
máxima de la Iglesia