Santos:
Margarita de Escocia, reina
Gertrudis, Inés, Balsamia, Elpidio, Marcelo, Emilión,
Eustoquio, confesores
Eurquerio, Fidencio, Edmundo, obispos
Marino, Segundo, Frontón, Rufino, Marcos, Valerio,
mártires
Otmaro, abad
Patrocinio, eremita
Roque González y Compañeros Mártires

Santa Margarita de
Escocia, reina esposa y madre de familia (c. 1046-1093)
De estirpe regia y de santos. Por
parte de padre emparenta con la realeza inglesa y por parte de madre
con la de Hungría. Los santos son, por parte de padre, san Eduardo
—llamado el "Confesor"— que era su bisabuelo y, por parte de madre,
san Esteban, rey de Hungría.
Nació del matrimonio habido entre
Eduardo y Agata, en Hungría, con fecha difícil de determinar. Su
padre nunca llegó a reinar, porque al ser llamado por la nobleza
inglesa para ello, resulta que el normando Guillermo el Conquistador
invade sus tierras, se corona rey e impone el juramento de fidelidad;
al poco tiempo murió Eduardo de muerte natural.
Pero esta situación fue la que
hizo que Margarita llegara a ser reina de Escocia por casarse con el
rey. Su madre había previsto y dispuesto que la familia regresara al
continente al quedarse viuda tras la muerte de su esposo y, bien sea
por necesidad de puerto a causa de tempestades, bien por la confianza
en la buena acogida de la casa real escocesa, el caso es que
atracaron en Escocia y allí se enamoró el rey Malcon III de Margarita
y se casó con ella.
Es una mujer ejemplar en la corte
y con la gente paño de lágrimas. Se la conoce delicada en el
cumplimiento de sus obligaciones de esposa; esmerada en la educación
de los hijos, les dedica todo el tiempo que cada uno necesita; sabe
estar en el sitio que como a reina le corresponde en el trato con la
nobleza y asume responsabilidades cristianas que le llenan el día.
Señalan sus hagiógrafos las continuas preocupaciones por los más
necesitados: visita y consuela enfermos llegando a limpiar sus
heridas y a besar sus llagas; ayuda habitualmente a familias pobres y
numerosas; socorre a los indigentes con bienes propios y de palacio
hasta vender sus joyas. Lee a diario los Libros Santos, los medita y
lo que es mejor ¡se esfuerza por cumplir las enseñanzas de Jesús! De
ellos saca las luces y las fuerzas. De hecho, su libro de rezos, un
precioso códice decorado con primor —milagrosamente recuperado sin
sufrir daño del lecho del río en que cayó— se conserva en la
biblioteca bodleiana de Oxford (Inglaterra).
También se ocupó de restaurar
iglesias y levantar templos, destacando la edificación de la abadía
de Dunferline.
Puso también empeño en eliminar
del reino los abusos que se cometían en materia religiosa y se
esforzó en poner fin a las abundantes supersticiones; para ello,
convocó concilios con la intención de que los obispos determinaran el
modo práctico de exponer todo y sólo lo que manda la Iglesia y las
enseñanzas de los Padres.
"Gracias, Dios mío, porque me das
paciencia para soportar tantas desgracias juntas". Esta fue su frase
cuando le comunicaron la muerte de su esposo y de su hijo Eduardo en
una acción bélica. Fue cuando marcharon a recuperar el castillo de
Aluwick, en Northumberland, del que se había apoderado el usurpador
Guillermo. Ella soportaba en aquellos momentos la larga y penosísima
enfermedad que le llevó a la muerte el año 1093, en Edimburgo.
Es la reina Margarita la patrona
de Escocia, canonizada por el papa Inociencio IV en el año 1250. Pero
no pueden venerarse sus reliquias por desconocerse el lugar donde
reposan. Por la manía que tenían los antiguos de desarmar los
esqueletos de los santos, su cráneo —que perteneció a María Estuardo—
se perdió con la Revolución francesa, porque lo tenían los jesuitas
en Douai y, desde luego, no salieron muy bien parados sus bienes. El
cuerpo tampoco se pudo encontrar cuando lo pidió Gelliers, arzobispo
de Edimburgo, a Pío XI, aunque se sabe que se trasladó a España por
empeño de Felipe II quien mandó tallar un sepulcro en El Escorial
para los restos de Margarita y de su esposo.
Aunque les duela esa carencia de
reliquias a los escoceses, tienen sin embargo el orgullo de disfrutar
en su historia de las grandes virtudes de una mujer que supo primar
su condición cristiana a su condición de reina. O mejor, que ser
reina no fue dificultad para vivir hasta lo más hondo su
responsabilidad de cristiana. O aún más, supo desde la posición más
alta ser testigo de Cristo. Y eso es mucho en cualquier momento de la
Historia. ¿No será la gente como ella los que se llaman pobres de
espíritu?
Santa Gertrudis,
religiosa cisterciense (1256-1301)
Nació en el año 1256 en Eisleben
(Alemania) y, siendo muy joven, ingresó en el Císter de Helfta donde
adquirió una exquisita formación filosófica, cultural y artística.
En estos primeros años de
monasterio, su vida espiritual fue débil y lánguida.
Después de una profunda
conversión, se dejó introducir por Dios en los caminos de la
contemplación y penitencia. Nos ha legado una literatura
teológico-mística de gran valor espiritual.
Murió en el año 1301