Santos:
Raimundo de Fitero, Sisebuto, Adyuto, Probo abades
Longinos, Aristóbulo, Menigno, Nicandro, Matrona o Madrona, Leocricia,
mártires
Zacarías, papa
Clemente María Hofbauer, confesor
Especioso, monje
Luisa de Marillac,
fundadora

Raimundo de Fitero, fundador († 1163)
Abad del monasterio cisterciense de Fitero en Navarra, y
fundador de la Orden militar de Calatrava.
Se llamaba Raimundo Sierra o Raymond Serrat. Aunque
documentalmente no puede probarse, lo más probable es que naciera
en Saint Gaudens de Garona, en Francia, y que la época fue a
comienzos del siglo XII. Algunos autores sitúan su nacimiento en
Tarazona (Aragón), y otros afirman que fue en Barcelona.
Aparece como canónigo en Tarazona, atestiguado documentalmente
por testimonio de su primer obispo, Don Miguel, monje
benedictino. De aquí pasó a monje del monasterio cisterciense de
Nuestra Señora de Sacala Dei, en Gascuña, y de ahí fue enviado
como prior a la nueva fundación que Don Bernardo determinó hacer
en España.
Se asentaron los nuevos monjes en el monte que llaman Yerga, con
consentimiento del rey. En 1140 Alfonso VII les donó la villa de
Nienzabas que había quedado asolada por los moros; aquí fundaron
el monasterio de Nienzabas del que fue abad Raimundo a la muerte
de Durando, alrededor del año 1144. Lo eligieron abad por la fama
que tenía de santo y taumaturgo. Con el título y oficio de abad
aparece ya en la escritura del 1146, al donar el rey al
monasterio los dominios de Serna de Cervera y Baños de Tudescón,
actuales balnearios de Fitero.
En 1148 asistió al capítulo general de la orden del Císter, en
calidad de abad; en ese concilio estuvo presente el papa Eugenio
III, que también era cisterciense.
Raimundo trasladó ese mismo año el monasterio al mejor sitio de
Castejón, recibió la donación real del castillo de Tulungen y, en
la heredad donada por Don Pedro Tizón y su esposa Doña Toda,
fundó en 1150 el de Santa María de Fitero del que será el primer
abad.
Diego de Velázquez es un monje que en tiempo pasado fue soldado y
amigo del rey Sancho. Raimundo y él se encuentran en Toledo el
año 1158. Diego ha escuchado al rey el gran peligro que corre la
plaza de Calatrava _confiada años atrás por Alfonso VII a los
Templarios, pero que ahora está casi desguarnecida_ que es por el
momento la llave estratégica de Toledo. El peligro es grande por
la proximidad de los almohades. Raimundo y Diego piden al rey la
defensa de la plaza y con los monjes traídos de Fitero más un
ejército formado por campesinos y artesanos consiguen defender la
plaza y ahuyentar a los moros. En premio, el rey Sancho III les
concede el dominio de Calatrava donde Raimundo funda el mismo año
la Orden _mitad monjes obedientes al toque de la campana, mitad
soldados obedientes al toque de la trompeta_ que fue aprobada
posteriormente por el papa Alejandro III, por bula de 25 de
setiembre de 1164, cuando ya había muerto su fundador.
Raimundo murió en 1163 en Ciruelos y allí se enterró. En 1471 se
trasladaron sus restos al monasterio cisterciense de Monte León
de Toledo y, desde el siglo XIX, las reliquias del santo se
encuentran en la catedral de Toledo.
Si los creyentes actuales quisiéramos imponer nuestra santa fe
con la violencia, ya tendríamos que empezar por gestionar quién
quisiera vendernos una bomba de hidrógeno; pero ese supuesto
sería irreconciliable con la dignidad de las personas y el
respeto a su dignidad, seríamos calificados inmediatamente de
fanáticos y fundamentalistas; habríamos ciertamente perdido el
norte de la caridad que califica a los cristianos como auténticos
discípulos de Cristo, y nuestro modo de hacer supondría una
renuncia total a los postulados de la convivencia democrática.
Desde luego, habríamos dejado de confiar en los medios de siempre
_oración, mortificación y buen ejemplo_ para ser sembradores de
paz y de alegría que es el vehículo normal de transmisión de la
fe, siempre don del Espíritu Santo. Pero, aunque hoy nos pueda
parecer impropio de un santo vivir con la espada en la mano por
la mañana y en oración adorante por la noche, la historia es así;
juzgar los hechos pasados con la mentalidad actual es caer en un
anacronismo
Texto: Archidiócesis de
Madrid -
SANTORAL
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