Nicéforo, confesor († 829)
Hacia el año 790, en Constantinopla, tienen un
hijo Teodoro, secretario del emperador, y Eudoxia.
Hay por ese entonces en Oriente una peligrosa
tendencia a la fiscalización por parte del emperador en
cuestiones religiosas. Esto es mala cosa; las intromisiones por
parte del poder civil en el campo de la teología casi siempre
tuvieron malos resultados, como testifica la historia; so
pretexto de ayudar a la fe, se disimula el afán desmedido de
poder y pone de manifiesto -en este caso- la clara decisión de
mostrar una oposición abierta a todo lo que llegue de Roma. Se
trata de la tendencia iconoclasta -el rechazo y prohibición de
dar culto a las imágenes- que degenera en herejía.
Nicéforo se educa bajo la tutela celosa de su
madre cuando muere en el destierro su padre. Ella se preocupó de
llevarlo a los mejores maestros para que cuidaran su preparación
intelectual y contribuyeran al asentamiento en su vida de los
criterios morales por los que debería guiarse.
En el año 780 se inaugura un buen período de paz
con la emperatriz Irene y su hijo Constantino VI. Nicéforo pasa a
la corte a ocupar el puesto que de modo tan exquisito desempeñó
su mismísimo padre; es nombrado Secretario general. Con la
autoridad de legado imperial asiste al II concilio de Nicea que
es el VII de los universales o ecuménicos, en el año 787.
La tendencia anímica de Nicéforo es la soledad.
Construye a sus expensas un monasterio a orillas del Bósforo, en
la parte oriental, y allí se retira para buscar una intimidad con
Dios que no tenía en los palacios de la cosmópolis.
Se produce una nueva llamada a trabajar en la
corte donde le añoran por su buenhacer, su honradez y bondad. Es
un hombre cabal y fiable. Allá va de nuevo Nicéforo llevando
consigo la nostalgia de un tiempo santo, sobrio y de paz. Vive en
palacio, pero intenta como puede alternar las altas gestiones y
la vida religiosa; incluso llega a hacerse cargo del hospital
general de Bizancio donde tiene oportunidades sobradas de
ejercitar la caridad con los que más la necesitan.
No es extraño que el pueblo le elija y el
emperador lo proponga para la sede patriarcal de Constantinopla a
la muerte de Tarasio. Cierto que debió vencerse la timidez para
aceptar porque buen conocimiento tenía él de cómo andaban los
ánimos en las alturas y de qué manera se recibían e interpretaban
las orientaciones del papa de Roma; por otra parte, su elección
dejaba inevitablemente postergados a algunos aspirantes a la sede
que se quedaban en segundo puesto y esto en los eclesiásticos no
es fácil de asimilar; además, ni siquiera era sacerdote. Hubo que
darle previamente la ordenación sacerdotal y tras la consagración
episcopal toma posesión de Santa Sofía el 12 de abril del 806.
El 10 de Julio del año 813 corona como emperador
a León V el Armeno. El buen soldado lo hubiera hecho bien si no
se hubiera entrometido a remover en cuestiones teológicas que le
sobrepasaban. Volvió a resucitarse el tema de ´las imágenesª;
reunió en torno a sí un grupo de obispos adeptos, resentidos y
ávidos de honor, que le apoyaran en sus propósitos de supeditar
al poder civil la autoridad religiosa. Ha de oponerse con
claridad Nicéforo. Un conciliábulo se reúne para intrigar. El
Patriarca defiende los derechos y autoridad de la Iglesia,
excomulga a los reunidos y termina desterrado por el emperador a
instancia de los obispos ´trepaª. Con ellos se da comienzo a la
persecución de la ortodoxia católica.
Anciano, enfermo y abandonado muere, el 2 de
Junio del año 829 -día de su fiesta en la Iglesia Oriental- en el
monasterio que construyó en el Bósforo. Repuesta su memoria, se
trasladan sus restos a la basílica de los Santos Apóstoles de
Bizancio el 13 de marzo del 829, -fiesta en la Iglesia latina-.
Mala es la manipulación de la Iglesia para
aumento de poder; sin disculpar, se puede llegar a comprender
humanamente en un ambicioso emperador. Pero la existencia de
obispos despreocupados de su misión apostólica y condescendientes
con sus bajas pasiones, anhelando no se sabe muy bien qué interés
humano, pone a prueba la fe. Líbranos para siempre, san Nicéforo,
de obispos enredadores
Texto:
EL ALMANAQUE -
SANTORAL