San Guido (c. a.
950 - c. a.1012)
Campesino modelo de Anderlecht
(actual Bélgica).
Entre sus paisanos era conocido por
su piedad sencilla y constante y requerido para
trabajos concienzudos y esforzados. Vamos que la
piedad le llevaba a no ser perezoso y que el
trabajo de la tierra le ayudaba a mirar al Cielo.
Un buen día le sugirieron una
posibilidad de cambio de oficio. Podría pasar nada
menos que a ser sacristán cerca de Bruselas, en la
iglesia de Lacken. Ello supuso también un cambio de
ciudad y de costumbres. Parece que le tentó el
comercio y en ese campo de la actividad humana
quiso hacer pinitos saliendo mal el asunto y
perdiendo sus ahorros.
Se dedicó entonces a peregrinar por
el mundo. Casi se puede decir que comenzó una
bohemia en la que sólo él gobernaba su existencia
sin que hubiera de dar cuentas a nadie. Pero lo
hizo bien. Se sabe que estuvo dos veces en Tierra
Santa y dos veces en Roma. De hecho, debió
aprovechar muy bien su tiempo libre por lo que se
relata a continuación.
Regresó del deambulaje y murió poco
después en Anderlecht, su ciudad, donde se le
enterró casi como a un desconocido.
Pero, en su sepultura comenzaron a
suceder hechos maravillosos que empezaron a atraer
a la gente del pueblo primero y a los lejanos
después... De hecho sus reliquias comenzaron a
recibir culto y la devoción a San Guido se extendió
rápidamente, cobrando auge continuo y popularidad.
Bien hicieron los agricultores de
su tierra y de su tiempo en tomarlo por patrono,
como en España harían poco después con San Isidro;
también los sacristanes de entonces y de hoy se
protegen con este santo intercesor que entendía de
cirios, de cajoneras y campanas; no menos podrían
acudir a este trotamundos los que se ocupan de
desperezar el tiempo libre propio o de los demás.
Una vez más, con este santo
agricultor, sacristán, comerciante fracasado y
caminante del mundo, se nos enseña que la santidad
no es patrimonio exclusivo de conventuales, sabios
o mártires