Nuestra Señora de Lourdes.
Santos:
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monjes
Gregorio II y Pascual, papas
Severino, abad
Eloísa y Teodora,
emperatriz

Nuestra Señora de Lourdes
Sucedió en las cercanías de los Pirineos
franceses. Fue un hecho impensado y nada previsto que acabó
revolucionando las conciencias y pasó con elegancia por encima de
las mentes un tanto cegatas para lo sobrenatural por la corriente
racionalista y anticlerical de aquellos franceses.
El mismo día en que se celebraba en la liturgia de la iglesia la
fiesta de la Anunciación se reveló con la sencillez de las cosas
grandes que aquella aparición repetida tantas veces era nada
menos que la misma Virgen María. Sí, la visita era grandiosa por
la dignidad y asombrosa por lo inusitado. La muchacha que se
afirmaba como vidente ni siquiera sabía pronunciar bien el
término "concepción" las primeras veces y el dogma como tal hacía
muy poco tiempo que se había proclamado en Roma por el Papa. Pero
Bernardita o Bernardette, que así se llamaba, refirió que la
aparición había dicho: "Yo soy la Inmaculada Concepción".
La primera aparición fue el 11 de febrero de 1858. Luego se
fueron repitiendo hasta dieciocho veces y no sin dificultades,
burlas, expresiones altivas y otras cosas. Pues buenos eran
aquellos listillos escépticos, algunos bastante engreídos por los
conocimientos de las ciencias humanas. Hubo de superar aquella
pobre analfabeta y con poca salud, hija de una familia pobre
_arruinada y miserable en aquellos días_ todas las trabas
imaginables, incluidas las que puso la misma autoridad
eclesiástica. Pero lo que es documentación, hay toda y seria;
examinada desde todos los ángulos que puede contemplarse y
someterse a crítica un documento que pertenece a la Historia;
declaraciones, procesos, dictámenes técnicos, pruebas, cartas y
réplicas. Las pruebas de los hechos están exhaustivamente
estudiadas: unas yerbas comidas, la tierra arañada, fuente que
brota y gente curada; aluviones imparables de gente con ganas de
rezar y que tiene ansias de curación; junto a algún iluminado y
escéptico excéntrico, multitudes agradecidas y enfervorizadas.
Pidió la Señora que se le edificara una iglesia _por lo pequeño,
capilla_ y se hiciera procesión.
Los actos multitudinarios fueron varias veces prohibidos y el
recinto de la cueva cerrado; hasta que llegó la esposa del
almirante Bruat, institutriz de los hijos del emperador,
coincidente en el día con la que hizo el mismo polemista Luis
Veuillot, y se pudo informar de modo adecuado a Napoleón III que
mandó levantar la prohibición.
El obispo de Tarbes inició el proceso que duró dos años, hasta
que el 18 de enero de 1862, en carta pastoral firmada por él
afirmaba: "Juzgamos que la Inmaculada Virgen María, Madre de
Dios, se apareció realmente a Bernardetta Soubirous el 11 de
febrero de 1858 y días siguientes, en número de 18 veces, en la
gruta de Massabielle, cerca de la ciudad de Lourdes; que tal
aparición contiene todas las características de la verdad y que
los fieles pueden creerla por cierto... Para conformarnos con la
voluntad de la Santísima Virgen, repetidas veces manifestada en
su aparición, nos proponemos levantar un santuario en los
terrenos de la gruta".
Aún así hubo restricciones por parte de las autoridades locales,
pero trabajaron los arquitectos, las brigadas de obreros se
pusieron en marcha y el 18 de mayo de 1866 pudo consagrarse la
cripta, cimiento de la futura capilla. Comenzaron las
peregrinaciones masivas y organizadas en el 1873. En el 1876 se
pudo consagrar la basílica. La iglesia del Rosario, consagrada en
1901, se levanta para suplir las deficiencias de espacio de la
primitiva basílica, que pronto fueron palpables por la afluencia
de peregrinos. En 1958, consagra el cardenal Roncalli _que más
tarde será el papa Juan XXIII_ la basílica subterránea dedicada a
san Pío X; bien merecido porque este papa fue quien extendió la
devoción a toda la Iglesia.
Lourdes es un sitio privilegiado para la devoción cristiana.
Oración, silencio para el recogimiento. Abundantes actos de culto
que facilitan la piedad. Muchos rosarios en las manos de los
fieles por los espacios descubiertos e iglesias. Gente
enfervorizada de rodillas. Culto público y multitudinario en
tantas ocasiones para atender las necesidades espirituales de los
peregrinos que acuden en masa.
Vía Crucis o Chemin de la Croix que se recorre entre empinadas
pendientes con las estaciones de la Pasión para facilitar seguir
los principales momentos de Jesús sufriente por la humanidad.
Y dos actos cumbres diarios. La procesión con el Santísimo a
primera hora de la tarde, con filas de peregrinos y multitud de
enfermos adorantes que reciben su bendición entre súplicas,
lágrimas y actos de fe ¡de esperanza! Porque de vez en cuando
pasa que lo que se pide se alcanza. Es el milagro que hace falta
probar, examinar, discutir, mirar y remirar hasta que se pueda
publicar. La procesión de antorchas por la noche. Cantos, honra,
alabanzas en todos los idiomas pronunciadas, unión de corazones
en las avemarías del Rosario; luminarias de fe.
¿Lo más grande? El enfermo, atendido, asistido, y hasta mimado;
los más tristes y desesperados casos se pueden ver en cualquier
rincón de Lourdes; perfectamente cuidados, llevados y traídos por
un generoso voluntariado internacional y multirracial que con
delicadeza ve a otro Cristo en el cuerpo _a veces tan
descompuesto_ de la camilla que empuja o arrastra ¡Y lo más
admirable! La humanidad doliente atendida, esa que suplica salud
para el cuerpo, está pletórica de esperanza, de consuelo; se
percibe a simple vista alegría en la aceptación de la enfermedad,
del sufrimiento. Limitación sosegada y alegre con dulce
resignación.
¿Más? Sí. No sería completo el panorama descrito si no hubiera
oportunidades para curar el alma. Igual que hay una piscina para
los cuerpos, por si a la Virgen Santísima le pareciera bien
devolver la salud, hay confesionarios para enjugar las almas, con
la certeza firme de obtener siempre el perdón solicitado en al
sacramento de la reconciliación; y abundan los huecos para los
confesores, con facilidad para idiomas... miles de perdones y
gracias.
¡Una inyección de fe para el mundo desde Lourdes
de Francia!
Texto:
Archidiócesis de Madrid -
SANTORAL
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