Santos:
Dámaso, papa
Eutiquio, Bársabas, Victórico, Fusciano, Trasón, Ponciano,
Pretextato, Genciano, Segundo, Zósim o, Pablo, Ciriaco,
mártires
Sabino, Benjamín, Paulo, Fidel, Masona, obispos
Daniel estilita, monje
Martín de San Nicolás y Melchor de San Agustín, beato
mártires de Japón.

San Dámaso I,
Papa (c. 305-384)
De origen español, nació
hacia el año 305. Presbítero de Roma, fue elegido papa el año
366, en momentos calamitosos. ,Trabajó mucho para defender la
fe y la unidad de la Iglesia, convocando frecuentes sínodos.
También se distinguió promoviendo el culto a los mártires,
cuyos sepulcros decoró con sus propios versos. Murió el año
384.
San Paulo,
obispo (del 530 al 560), de Mérida (España), confesor.
Con él comienza la época
de oro del episcopado emeritense según nos consta por la obra
"Vitas Sanctorum Patrum Emeritensium". De origen griego y
médico de profesión llega a Mérida. Varón virtuoso, que se
distinguió por su humildad y mansedumbre. Fue consagrado
obispo para la sede emeritense a la que le proporcionó un
periodo de tranquilidad. Como agradecimiento de la
intervención quirúrgica de una matrona le declaran único
heredero de sus bienes. Antes de retirarse al cenobio de
Santa Eulalia, puso como sucesor suyo en la sede episcopal a
su sobrino Fidel.
San Fidel,
Obispo (del 560 al 571) de Mérida (España), confesor.
Joven mercader oriental
que en su visita a Mérida conoció circunstancialmente a su
tío carnal Paulo. Se consagra a Dios recibiendo la tonsura,
diaconado y presbiterado, hasta llegar a la plenitud del
sacerdocio. Tal dignidad nunca fue obstáculo para asistir y
servir al anciano antecesor. Fue educado a la sombra del
Altísimo llegando en pocos años a dominar las disciplinas
eclesiásticas y sagradas letras. Hombre de gran santidad,
caridad, paciencia y humildad para todos, especialmente para
todo el clero. Fue perseguido persistentemente por sus
enemigos. Varón espiritual y cultual.
San Masona,
Obispo (del 571 al 605) de Mérida (España), confesor.
Oriundo de raza goda y noble por su linaje,
ingresa en el monasterio anexo a la Basílica de Santa
Eulalia. Desde sus primeros años se distinguió por magníficas
dotes y virtudes cristianas. El santo obispo fue famoso tanto
en la Iglesia emeritense como en toda la historia visigoda.
"Venerable entre los venerables; santo entre los santos;
piadoso entre los piadosos; bueno entre los mejores; adornado
de todos los carismas; ese es el Masona que sucede en la
dignidad episcopal al dechado de virtudes que fue Fidel".
Fidelísimo en su total entrega a Dios, amante de los
hermanos, siempre suplicante por su pueblo; su nombre
conocido por sus milagros se extendió por toda la tierra.
Su fama le acarreó las consabidas envidias
humanas, entre ellas la del Rey Leovigildo y los obispos
arrianos, llevándole hasta el destierro. Se nos dan noticias
sobre el "xenodochium" que funda tanto para cristianos como
para judíos, de la conversión de Recaredo y de las fiestas de
victoria del "duque Claudio". Nos consta que el obispo Masona
presidió el III Concilio de Toledo y por testimonio de San
Gregorio de Tours intervino en la conversión de San
Hermenegildo. Lleva a la Iglesia emeritense al cenit de su
siglo de oro. Debió morir en el reinado de Witerico.
Texto:
Archidiócesis de Madrid -
SANTORAL
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