Santos:
VIDAS DE SANTOS
Brígida de Suecia; Susana de Blois, mártir; el anciano Simeón, Artemón, presbítero;
Reparada, Benedicta, vírgenes; Néstor; Demetrio, Hugo, Valeria y Polena,
Paladia, Porcaria, Palaciata, Lorenza, mártires; Evodio, obispo; Pelagia,
Tais, penitentes; Badilón, abad; Eusebia, abadesa;
Pedro de Sevilla, mártir

Pelagia (+ 468) y Tais (+ 348), penitentes
La antigüedad cristiana se alimentó con el encanto de estas dos
historias que de algún modo llevan al corazón cristiano la añoranza de la
inocencia perdida y animan a la vuelta. Es un consuelo encontrar en la
tierra los rastros de quienes, habiendo sido presa del desarreglo, de la
mala vida que por algún tiempo juzgaron como buena, del desorden y la
lejanía de Dios, pues, mira... resulta que han sido gente que se salva.
Sí, son una gran luz en la oscuridad que alienta la esperanza de los que
somos más, de los pecadores. Estas actitudes están personificadas en
Pelagia y Tais.
Pelagia.
Se la presenta como una de las más insignes pecadoras del mundo, allá
por la segunda mitad del siglo V. En Antioquía -este era el escenario de
sus danzas sensuales y altaneras- se la llamaba "Margarita" que es la
traducción de "gema", quizá porque, en ocasiones, lo único que cubría las
carnes de la extrahermosa eran collares de perlas.
Tuvo, en el marco de la Providencia, la suerte de toparse, en el año
453, con Nono, anacoreta de Tabenas, sacado de allí para hacerlo obispo
de Edesa y trasladado a Heliópolis de Siria, que por el momento
participaba en un concilio provincial convocado por Máximo. Bastó oírlo
para que Dios la moviera a sincera conversión, pidiera el bautismo y
cambiara sus danzas, sus máscaras y abalorios por la penitencia. Termina
el relato de su historia diciendo que murió penitente en Jerusalén, en el
Monte de los Olivos, en el año 468, disimulando con un máscara su
condición de mujer, habiéndose hecho llamar Pelagio.
Tais.
Fue anterior a Pelagia en el tiempo y en los oficios. Se educó como
cristiana, pero la vida, sus encantos, el acoso de los finos, el hambre
de placer y el atractivo de las riquezas estropearon tanto la acción de
la gracia que pareció no conocerla. Vive entre el lujo y la prostitución
de Alejandría.
Refiere la narración que Pafnucio, el del desierto de Tebaida, la
recordaba de años atrás y sentía dolor, más que quien tiene una astilla
clavada en el cuerpo, por la perdición y escándalo de la cristiana. Sus
penitencias dieron resultado. Provocó un encuentro con ella y fue el
instrumento de Dios para el cambio de Tais. Ahora está deshecha en
lágrimas, implora el perdón del maestro, le ruega su oración impetrante,
recurre a la misericordia de Dios y pide que se le imponga penitencia.
Muere penitente reconciliada por los años 348 y se le honra en las
Menologías griegas tal día como hoy. Es patrona de Alejandría y se la
representa arropada con ricas y coloreadas sedas, con un espejo, símbolo
de la coquetería, y una gargantilla de perlas que representan sus
riquezas mal adquiridas.
Las dos son una delicada muestra que realza la misericordia del Señor.
Mirando así las cosas... yo también tengo aún remedio ¿no?
Texto: Archidiócesis de
Madrid