Santos:
VIDAS DE SANTOS
Los 4 Santos Coronados,
Segundo, Severiano, Carpóforo, Victorino, Primo,
Macario, Justo, Amaranto,
mártires;
Matrona,
abadesa;
Mauro, Godofredo, Wilchado,
obispos;
Eufrosina, Hugo,
confesores;
Gregorio, Tisilo,
abades.

Los Cuatro Santos Coronados,
mártires († c. a. 304)
La iglesia de los Cuatro Santos Coronados que
hay en Roma fue levantada en el siglo IV y destruida por los
normandos. En el siglo XII la reconstruyó el papa Pascual II. Los
frescos de Juan de San Giovanni (1630) representan, en su cúpula, la
historia de los mártires cuyas reliquias guarda el templo.
Las actas del martirio son antiguas e
históricamente fiables, aunque aparecen alteradas en algunos puntos.
Fueron cuatro hermanos a quienes los cristianos
dieron el nombre genérico de "Coronados" desde el principio, pero que
tenían sus nombres propios como cualquiera: Severo, Severino,
Carpóforo y Victoriano.
Se han ganado la confianza de la superioridad
por su buen comportamiento, su sentido de responsabilidad y buenos
servicios como soldados. Son cristianos y su proceder es cabal tanto
en el ejército por su lealtad altamente probada, como en la
asistencia a los actos cultuales en las catacumbas donde se celebran
los misterios de la fe; visten como lo que son, ayudan a los pobres y
gozan de la simpatía general; a nadie ocultan su fe cristiana; más,
ella misma les anima al cumplimiento de sus deberes profesionales.
Diocleciano ha decidido depurar el ejército de
cristianos porque ve en ellos los fantasmas de la posible rebeldía,
de la traición y de la pérdida del poder. Se han publicado los
edictos y los cuatro hermanos son apresados y llevados a la presencia
del emperador. Este les muestra su estima, les hacer ver las ventajas
que supone seguir a su servicio, los llama a la sensatez y les hace
caer en la cuenta de la locura que supone pertenecer a la secta del
Crucificado judío del que poco pueden esperar. Anima a sus jóvenes
soldados con promesas que auguran una vida profesional sin tropiezos.
Pero, ninguna de sus lisonjas ha sido capaz de torcer el ánimo de los
cuatro soldados. Como último recurso, manda que se les lleve ante una
estatua del dios Esculapio, donde, ante toda la multitud, era difícil
que se negaran a sacrificar, aunque sólo fuera por las insignias
militares que llevaban consigo.
Los cuatro son llamados a ofrecer incienso a
los dioses para ser como los demás. Ellos, bien fácil lo tuvieron con
la tentación de una vida futura resuelta y de una carrera profesional
plena, pero se niegan a poner unos granos de incienso ante los
pebeteros del dios romano Esculapio, con lo que hubieran cumplido. Es
más; allí mismo hacen pública manifestación de su fe en el único Dios
verdadero.
Llega entonces la prometida y terrible tortura
de los azotes con instrumentos crueles para procurar la claudicación;
estalla el soniquete de los látigos y las barras. Las espaldas
ensangrentadas, el cuerpo roto, la debilidad aumenta y la muerte
llega sin la protesta de los soldados leales al emperador, y, además,
creyentes en la religión de Cristo.
Cuenta la historia —pero esto es lo que menos
importa— que cinco días estuvieron expuestos sus cuerpos, sin que
llegaran a sufrir ningún estragamiento, al alcance de los perros
famélicos.
Luego, los cristianos los sepultaron en el
arenal de la via Labicana, el papa Melquiades manda celebrar su
fiesta y el papa Honorio construyó en su honor el templo que conserva
sus reliquias.
Cuando la vida se llena de pragmatismo, y se
anhela todo aquello que le proporciona felicidad, el hombre pervierte
su existencia buscando sólo lo que juzga útil para su triunfo. Pero
ese pragmatismo utilitario evidencia la pérdida de otra dimensión
esencial al hombre. Los "Coronados" creían en Dios, en la vida eterna
y... confiaban alcanzarla. Eso les hizo más libres... ni siquiera les
estorbó la entrega de su vida
SANTORAL
(El santo del día)