San Eleuterio (s.
VI)
Fue un santo abad del monasterio de
San Marcos Evangelista en Espoleto. Debió ser un
hombre de grandes y probadas virtudes por los
relatos que se conocen de su vida a través del gran
papa Gregorio Magno que fue contemporáneo, conocido
personal, amigo y hasta una de las personas que
salió beneficiada del trato con el santo abad. De
hecho, cuenta San Gregorio de su amigo que, un buen
día y con una sola bendición, el abad Eleuterio
consiguió curarlo de un vehemente deseo de ingerir
alimentos que él sufría. Además, refiere el mismo
Papa, su santidad era tan grande que hasta llegó a
resucitar un muerto.
Pero lo que llama la atención al
relator de la vida del santo es un acontecimiento
que tiene valor de ejemplaridad y estímulo para los
hombres que, llenos de dificultades, limitaciones y
pecados, viven soportando sus faltas de virtud y
sufriendo los propios fracasos. Por eso la figura
de este santo es más cercana, al ser víctima de su
propio desmoronamiento.
Unas monjas habían confiado al
santo abad la custodia de un niño atormentado por
el Diablo. Como pasaran varios días sin notarse
fenómenos extraños, el abad comentó a sus monjes
que Satanás tenía asustadas a las pobres monjas,
pero que ahora estaba con miedo y por eso no se
manifestaba.
Al punto, el Mal Espíritu se
apoderó del niño y de inmediato comenzó a
maltratarlo.
Eleuterio calló en la cuenta de que
su expresión fue de soberbia y presunción. Lloró
dolorido su pecado y pidió a los monjes oraciones y
penitencias para que cesaran los embates del
Demonio.
Una simple frase con un poco de
vanidad hizo que Satanás se sintiese en terreno
propio y se necesitase la oración y mortificación
de todos para expulsarlo