Santos:
VIDAS DE SANTOS
Severo, Andrés, Emiliano, Esteban,
obispos;
Beatriz, Gala, Fulviano, Aquerico, Guillermo, Cronan, Maulán,
Vinoco, Leonardo,
confesores;
Iltuto, Lauteno,
abades;
Atico, Sofía, Comasia,
mártires.

San Severo († 303)
Quizá fue por estas tierras donde
se cumplió el deseo de San Pablo puesto por escrito, de venir a
evangelizar España. El caso es que desde los primeros tiempos
cristianos se cuenta con una hermosa comunidad de fieles de
Jesucristo en la romana provincia tarraconense. Es un colectivo
abundante y bien cuidado que ya cuenta con mártires, desde la
persecución de Valeriano, como San Fructuoso.
A San Severo se le sitúa
concretamente, en Barcelona.
No tenemos datos sobre su
nacimiento e infancia. También se desconocen testimonios históricos
de su acción pastoral, de su muerte y de su sepultura. Algún
historiador ha llegado a negar, por estos motivos, incluso la
existencia de San Severo.
Se conocen las actas de su
martirio redactadas en tiempo posterior y con añadiduras e
interpolaciones, habituales en este tipo de relatos de mediados del
siglo VI. Es frecuente encontrar mezclas de elementos que bien pueden
ser adecuados a la veracidad de los hechos con otros elementos
apócrifos provenientes del cariño, respeto y simpatía con que los
creyentes adornan con imágenes que, provenientes de la fantasía —por
una parte convincentes y por otra parte ejemplarizantes—, acercan al
momento presente la personalidad del modelo del que se habla. Se
incluyen en este tipo de relato aderezos que pretenden resaltar la
Providencia de Dios complacido en la actitud decidida hasta la muerte
del mártir o del santo.
Al relator nos atenemos.
La época del acontecimiento está
situada durante la persecución de Diocleciano, soliviantado por el
césar Galerio, que se propone, para depurar el ejército, eliminar del
imperio el nombre cristiano. El presidente Daciano, que centra su
atención en quienes hacen cabeza para escarmiento del pueblo, ha
tomado muy a pecho la orden de exterminio.
San Severo es obispo de Barcelona
por el año 300. Se le conoce como un pastor entregado ejemplar y
completamente a su rebaño que ha sabido distinguirse por su celo y
fidelidad a la fe. Sabe que las órdenes de Daciano son tajantes en lo
que atañe a poner por obra los edictos del emperador. Piensa en un
primer momento esconderse para seguir ayudando a los fieles desde la
clandestinidad y pasa al Castro Octaviano, al otro lado de la
montaña. En su marcha se encuentra con Emeterio, que siembra sus
tierras y a quien reconoce como cristiano. El obispo le anima a
perseverar en la fe aún en la persecución presente, encargándole de
decir la verdad a sus perseguidores, en el caso de que se presenten.
Al separarse —cándida narración—,
Dios interviene haciendo que las habas del campo recién sembrado
crezcan y se pongan en flor. Al acercarse los soldados pidiendo
información a Emeterio, él les dirá: "ha pasado por aquí" y, cuando
le pregunten por el tiempo contestará enfáticamente: "cuando sembraba
estas habas". El buen cristiano no ha querido ofender a Dios con la
mentira, ha obedecido a su obispo, y, al mismo tiempo, ha puesto los
recursos humanos para salvar la vida del fugitivo. Pero nada de esto
impide que los soldados, furiosos, se sientan burlados, lo apresen y
lleven ante el tribunal del presidente.
El obispo Severo, acompañado de
otros sacerdotes, ha tomado la decisión de presentarse
voluntariamente a los romanos.
Donde hoy es San Cugat, son
decapitados los sacerdotes acompañantes del obispo y Emeterio; se
espera la claudicación de Severo obispo a la vista de tanta
atrocidad. Ante su pertinaz resistencia en la tortura y en los azotes
con látigos emplomados, un verdugo coloca un clavo en su cabeza y
otro sayón la atraviesa de un mazazo.
Bien hacen los barceloneses en
honrar hoy la memoria de este obispo santo en la conocidísima y
barroca Iglesia de San Severo, cercana a la catedral. Antes que
ellos, ya le tuvo devoción el rey Fernando el Católico y, antes aún,
el rey Martín de Aragón fue curado de gangrena en una pierna próxima
a la amputación
SANTORAL
(El santo del día)