Santos:
Marciano, Olegario, Basilio, Evagrio, Crodegando, Claudiano,
obispos
Agapio, Víctor, Victorino, Claudiano, Basa, Marciano, Conón,
mártires
Cirilo, Evagrio, confesores
Coleta, Rosa de Viterbo, Kinesburga, Kineswuida, vírgenes
Bauterio, anacoreta.

Olegario, obispo (1060-1136)
En lo religioso es Nicolás II quien dirige y en
lo civil Enrique IV administra el Sacro Imperio Romano cuando
nace en el año 1060 Olegario. Sus padres fueron Olaguer –válido
de D. Ramón Berenguer, conde de Barcelona– y Guilia. En su tiempo
se condena a Berengario por sus errores sobre la Eucaristía y
Godofredo de Buillón conquista Jerusalén, nombrándosele defensor
del Santo Sepulcro.
Fue canónigo de la iglesia Catedral de Barcelona y D. Ramón
Beltrán, obispo de la ciudad lo ordenó sacerdote. Pero, pensando
que agradaba más a Dios de otra manera, Olaguer –que así le
conocen en Barcelona y Tarragona– renuncia a la prebenda
catedralicia, entra en el monasterio de san Adrián del que llega
a ser prior y pasa a ser abad del de san Rufo hasta que se le
nombra obispo en el año 1115. No pocos apuros costaron ponerle
sobre su cabeza la mitra de Barcelona y en su mano el báculo por
no quererlos aceptar el frailecito pensando que eran gran
dignidad y pocos sus méritos; incluso llegó a escaparse por la
noche y el clero tuvo que "atraparle" en Perpiñán; y dicen que
hasta el mismo D. Rodrigo suplicó al papa Pascual II para que le
obligara a aceptarla. Puede que el dato sea leyenda o puede que
sea verdad por su humildad; pero ciertamente hoy –los tiempos
cambiaron– no cuesta tanto aceptar un nombramiento episcopal.
Aquellas buenas gentes apreciaban bien su calidad. Como obispo
hace su labor con creces; pasó el tiempo reconstruyendo
monasterios e iglesias, predicando de ordinario –cosa poco usual
en su época– y preocupándose de los pobres, dándoles en limosna
los dineros que él recibía.
Cuando muere el papa Pascual y se elige a Gelasio II, va Olegario
a Roma a besar los pies de Pedro y prestarle juramento como acto
protocolario del tiempo. A su vuelta se ha recuperado Tarragona
de los moros, se restituye su condición de sede metropolitana y
Olaguer es nombrado su arzobispo el 21 de marzo de 1118. El papa
lo nombra además legado suyo para toda España. Tiene que vivir en
Barcelona cuya sede mantiene porque quedó arrasada Tarragona y
sin bienes propios; ocho años tardará Olegario en terminar de
reedificar las murallas de esta ciudad y en llevar a ella gente
aguerrida que esté en condiciones de poder defenderla.
Cumpliendo la misión de metropolitano y legado ad latere hubo de
tomar parte en diversos concilios y anatematizó al antipapa
Anacleto.
A su regreso de Tierra Santa se preocupa de que se restituyan a
la iglesia los bienes que algunos se habían injustamente
apropiado, bendice y repara las iglesias desacralizadas por los
sarracenos, e interviene en Zaragoza en la reconciliación entre
don Alonso de Castilla y don Ramiro de Aragón.
Este hombre celoso, incansable, con don de gobierno y mucho amor
a Dios no pudo ver reconstruida su iglesia metropolitana por
falta de recursos económicos antes de morir el 6 de marzo del
1136. Fueron sepultados sus restos en su iglesia de Barcelona y
canonizado a la antigua usanza, es decir, por veneración popular
y consentimiento del Romano Pontífice.
Coleta, virgen (1380-1447)
Hija única. Su padre fue un carpintero de Corbie, en la Picardía,
que en agradecimiento a san Nicolás por haberle dado la niña tan
deseada, esperada y que parecía que no iba a llegar nunca, le
puso por nombre Nicolette. Quedó huérfana a los dieciocho años.
La mitad de su vida transcurrió durante el Cisma de Occidente
(1378-1417), donde se simultaneaban papas y antipapas a granel;
hasta tres papas llegó a tener la Iglesia, uno en Roma, otro en
Avignón y otro en Pisa. Coleta, que como la gran mayoría de los
franceses, aceptaba la obediencia al papa de Avignón, tomó en el
mismo año tres hábitos distintos por la entrada en tres
monasterios diferentes. Tal como entró salió en las beguinas de
Amiens, en las benedictinas de Corbie y en las clarisas "suaves"
o mitigadas en su rigor primitivo por bula de Urbano IV (muerto
en 1264) y por ello llamadas "urbanistas"; todos los monasterios
le parecían demasiado cómodos y relajados; todos los ella conoció
habían perdido el rigor primitivo. Ciertamente los males eran muy
grandes en la Iglesia. Por fin recaló en la Tercera Orden de san
Francisco, sin vida en común.
Decidió enclaustrarse ella misma, haciendo que le tapiaran entre
dos contrafuertes de la iglesia de Nuestra Señora de Corbie; allí
tenía la suerte de no tener nada, de poder emplear el día y la
noche en oración contemplativa y dedicarse a las penitencias que
el espíritu le sugería. Vivía reclusa, vestida con su hábito, y
consiguió hacer de aquel espacio su celda particular desde la que
podía asistir a la misa diaria y recibir a Jesús Sacramentado.
Por cuatro años llevó aquella vida solitaria y penitente,
ayunando toda la Cuaresma a pan agua y repitiendo en alguna que
otra temporada la misma pauta; con poco sueño y mala cama, si es
que puede recibir este nombre el manojo de sarmientos
desparramados por el suelo y que le servían para estirar sus
huesos.
En esas circunstancias tuvo éxtasis en los que le parecía
contemplar el lastimoso estado de las personas consagradas a
Dios, que habían perdido el fervor de la primera caridad.
Lágrimas y más penitencia para expiar. Tuvo visiones de la
Virgen, de san Francisco y santa Clara que le pedían dedicase su
tiempo y fuerzas a reformar la Orden franciscana; pero como se
veía a sí misma como la criatura más tosca, vil y torpe para
tamaña empresa, no se atrevió a hacer nada hasta que recibió la
prueba de lo que desde el Cielo se le pedía.
Animada por fray Enrique de la Beaume y ayudada por la Sra. De
Brisay, se trasladó de Niza a Provenza para entrevistarse con
Benedicto XIII, en Avignón. Tiene veinticinco años. Asombrado
quedó el papa con las propuestas de Coleta; autorizó la reforma
para todas aquellas monjas que quisieran aceptarla y la autorizó
para fundar nuevos conventos; aprobó con todas sus bendiciones el
propósito de Colette, vistiéndole él mismo el hábito de la Orden
Franciscana, otorgándole el velo y el cíngulo, y nombrándola
abadesa y superiora general tanto de los conventos que reformase
como de los que fundase.
Toda Francia se puso en su contra: los seglares, los religiosos y
los mismos prelados consideraron aquella aventura poco menos que
imposible. Las monjas la juzgaron como amotinada, orgullosa,
hipócrita e ilusa. Tuvo que retirarse a Saboya por la
persecución; después pasó a Borgoña.
Gracias a su perseverancia se consiguió aquel imposible por la
cantidad de sinsabores, humillaciones, mortificación y trabajo
que debió padecer para sacar la reforma adelante. La peste ayudó
un poco también, llevándose por delante con sus estragos a las
que mostraron mayor resistencia a la reforma. El primer convento
que aceptó la vuelta al primitivo espíritu fue el de Besanzon;
luego se corrió el buen deseo por toda centroeuropa y dejó atrás
a los Pirineos, cuando pasó a España.
Murió Coleta, después de recibir fervorosamente los sacramentos,
en Gante (Bélgica), el día 6 de marzo de 1447, con sesenta y seis
años de edad, después de haber sido adornada con los dones de
profecía y milagros. Ella misma fundó dieciocho nuevos conventos
llamados de las Clarisas Pobres, las descalzas, que viven en
alegría el espíritu de Coleta Texto:
Archidiócesis de Madrid -
SANTORAL
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