Moisés (s. XII a.
de C.)
Salvado de las aguas. Criado junto
al Faraón. Elegido para salvar a su pueblo.
Instrumento de Dios en las plagas. Caudillo desde
el mar Rojo. Y ya en el desierto, el hombre de la
Alianza: Amigo de Dios, padre del pueblo,
legislador, juez, guerrero, libertador...
Es el hombre fuerte como un titán
que se resiste a aceptar las debilidades de su
pueblo.
Dios permite su fracaso. Viendo ya
la Tierra Prometida, muere con la esperanza
incumplida de entrar en la tierra de Canaán.
El que extendió su mano en el mar y
lo secó o hizo brotar agua de la roca en el
desierto, o consiguió de Dios el maná y las
codornices para quitar la hambruna no disfruta su
máximo proyecto humano: entrar en la Tierra de
Promisión.
El sinsabor de la derrota humana es
permitido por Dios para que reconozcamos nuestra
flaqueza. El fracaso en lo humano marca la
dependencia del creador