Dafrosa, mártir († a. 362)Mujer fuerte, cristiana de
cuerpo entero. Esposa y madre de familia que tiene bien grabado
en su alma el principio y fin de su estado y su función: ganar el
cielo para ella y para los suyos. Sí, es como si la vida
consistiera en un desbaratarse en el ámbito del Amor. Primero a
su marido y a sus hijos, luego al prójimo restante y al mundo,
todo en el amplio ámbito de Dios que da sentido a los amores,
sanos y nobles, pero con minúscula. Y como el amor lleva a darse
en búsqueda del bien de quien se ama, ahí la vemos dejando su
casa en Sevilla y emigrando a la cabeza del Imperio con toda su
familia a la búsqueda de un bienestar mejor. Porque era española
y sevillana, de los de siempre, aún antes de que se llamaran
andaluces o existiera la Giralda y antes de que fueran sus
señales el toro, el albero, los palillos, el faralai y el ´`ozú
¡que caló!ª.
Su marido Flaviano, muere mártir en Roma. Por estar casada con
un cristiano irreductible ella es condenada al destierro. A su
vuelta el prefecto Aproniano la encarcela porque sigue aferrada a
su principio de no sacrificar y casi enferma de hambre. El
prefecto prepara las cosas para recasarla con un tal Fausto con
la esperanza de que la obligue a cambiar; pero resulta el cazador
casado, porque Dafrosa lo instruye en la fe cristiana, lo bautiza
el presbítero Juan y acaba muriendo mártir. Como su cuerpo fue
expuesto a los perros, por la noche lo recoge Dafrosa y le da
sepultura cristiana. Esto la llevó definitivamente al martirio,
el 4 de Enero del 362, cuando era ya único emperador Juliano.
Encantador relato que realza la entereza y la actuación, desde
la feminidad, de esta mujer cristiana cabal ¿verdad? Se conocen
los hechos -posiblemente agrandados en los siglos y en la
distancia- por el historiador hagiógrafo hispalense Antonio
Quintana quien a su vez los retoma de Pedro Julián. Cuando se
narra la vida y muerte de Dafrosa se habla de toda una familia
mártir - también se afirma que sus hijas Demetria y Bibiana
murieron mártires en Roma, en el 362- cuya fuente impulsora es la
madre, firme, fuerte y muy capaz.
Es curioso ver en la historia el papel de los aduladores del
que manda. No fue precisamente el tiempo de Juliano uno de los
que se caractericen por violenta persecución. El Apóstata sólo
estuvo preocupado por la restauración en el Imperio del paganismo
como religión oficial, al tiempo que mejoraba la administración e
impulsaba la economía. Juliano no quiso mártires, sólo paganos.
Pero, bien fuera por adulación, bien por odio a la fe, dicen que
el prefecto Aproniano llevó esta familia a la muerte porque eran
seguidores cabales del judío Cristo, el Señor
Texto:
Archidiócesis de Madrid -
SANTORAL