Santos:
VIDAS DE SANTOS
Conmemoración
de los fieles difuntos; Vistorino, Teódoto, Vigor, Jorge,
obispos;
Amigo, Maura, Eustoquio, Domnino, Justo, Romualdo, confesores;
Acíndino, Carterio, Estiriaco, Eudaxio, Agapio, mártires;
Daría Bochana, viuda;
Marciano, Ernino, eremitas;
Agauno, abad
Conmemoración
de los fieles difuntos
Hoy son multitudes las que van y
vienen a los cementerios que están durante todo el día llenos. En los
alrededores hay puestos de flores con cantidad de ofrecimientos para
adornar siquiera sea por fuera las tumbas y nichos de los seres
queridos. Hasta la Iglesia premia determinadas actitudes de los
fieles con indulgencias aplicables a los muertos.
Se lee en cada tumba RIP —DEPA en
versión moderna hispana— bien como oración que indica deseo
vehemente, bien como afirmación. Al cristiano ese fonema -iniciales
de Requiescat in pace en latín o de Descanse en paz en
castellano- le suena a oración con tintes de esperanza al recordar lo
bueno realizado en vida por el muerto y teniendo muy presente lo
mucho que abarca la misericordia de Dios; desde la increencia sólo
suena a voz hueca expresiva de la quietud del muerto, del profundo
silencio del cementerio considerado como su última morada y juzgando
la separación pretérita como una "pérdida irreparable".
Sin querer, se mezcló la
mentalidad pagana: terror y ambiente macabro. Corrupción, abandono y
soledad. Vino el espíritu tenebroso del Renacimiento que resumía su
pensamiento al respecto con calaveras, tibias cruzadas y columnas
rotas como iconografía ridícula, válida para animales cuyo ser muere
en su totalidad, y no para el cristiano, que vive esperando su
resurrección y hace de su propia muerte el acto humano capital de
entrega al Creador, sin dudosa improvisación, adiestrado por las
continuas entregas diarias.
Contemplar el hecho de la muerte a
lo pagano se hace irresistible para una sociedad hedonista que bien
querría eliminar de raíz su recuerdo. Se contempla a diario que va en
auge y tomando cuerpo el "piadoso" ocultamiento casi sistemático del
cadáver como si el muerto hubiera hecho algo muy malo o vergonzoso al
morirse; como si el muerto fuera algo que es preciso disimular en el
tanatorio -sin mortaja a la vista- y con velatorio breve y de
compromiso.
También se aprecia que la
frecuente dificultad de pagar costos elevados por la muerte del
familiar tiene gran parte de la culpa de que se haya borrado tan
pronto la memoria de muchos muertos, o se borrará en breve, y
consecuentemente desaparecen también los posibles sufragios; el tarro
de las cenizas que entregaron al poco de la incineración se conservó
en el sitio de honor de la casa el tiempo que duraron las lágrimas,
luego llegó a estorbar porque los vecinos decían que era algo
macabro, fue pasando a lugares menos dignos hasta que las cenizas se
espolvorearon en el campo con hipócrita manifestación romántica y
sentimentaloide, o sencillamente acabaron en el contenedor de la
basura una buena noche.
Una ineludible interrogación está
en la cabeza de los que creemos y también ronda en el pensamiento de
los que aún conservan un recuerdo, aunque sea débil y lejano, de la
existencia del más allá ¿Están ya en la Patria los muertos motivo del
recuerdo o han de purificarse todavía?
La celebración de "los que nos han
precedido con el signo de la fe" comenzó con san Odilón de Cluny y se
extendió por toda la Iglesia. No deja lugar a duda: Son los
cristianos muertos los que motivan hoy nuestro rezo. Con los
testimonios bíblicos veterotestamentarios, la fe y práctica de la
Iglesia Católica confiesa como verdad perteneciente a la fe la
existencia del Purgatorio, ese misterioso ámbito, más allá de esta
vida, donde se realiza la purificación previa a la gozosa y
definitiva proyección hacia la beatitud.
La muerte, ¿esqueleto con guadaña?
Los fieles difuntos no se evocan entre las brumas otoñales como un
signo de muerte, sino de gozo por la segura, aunque retardada,
conquista de la eternidad con Dios. La muerte no abre las puertas de
la nada, sino de la plenitud de la vida, no hay otra visión posible
desde la fe.
El libro del Éxodo narra la salida
del Pueblo de la esclavitud con el apoteósico paso del mar Rojo donde
termina el enemigo; luego vinieron la Alianza, el maná y camino largo
sembrado de dificultades por el inhóspito desierto donde se hace
resplandecer el cariño de Dios, la esperanza de la tierra prometida y
su posesión. Encierra con su tipología un formidable paso de lo
transitorio a lo estable que podría servir para explicar lo que pasa
el día en que se conmemora a los fieles difuntos e incluso para
revitalizar el espíritu cristiano ante la muerte, porque así es el
comienzo y fin de la vida del cristiano.
Muchas cosas convendría revisar
porque no pocas veces viene precedida la muerte de la falsa y
burguesa idea de no facilitar la presencia del sacerdote con
pretextos erróneos de respeto a la intimidad del moribundo y de sus
deudos. La debilidad de la fe y el falso sentimiento de piedad hacia
el agonizante impiden, en casos cada vez más frecuentes, recibir el
perdón de los pecados con el sacramento de la Confesión y las mejores
disposiciones ante la ruptura próxima con el sagrado signo de la
Unción.
El bautizado vibra con agrado y
consuelo por la comunión del Cuerpo de Cristo tomada como Viático,
porque sabe que recibe al Buen Pastor -frecuente motivo evangélico en
las catacumbas, pensado por los primeros cristianos-. Se siente
amparado por los santos y sus méritos en su definitivo paso a la
eternidad, apoyado por la Virgen María y rodeado de quienes,
queriéndole, le despiden con los honores del que terminó su pelea.
Sí, el Rosario y las Letanías son como las salvas de honor. ¡Cómo no
besar la imagen del crucifijo redentor en la hora postrera, cuando se
unen y compenetran la iglesia de la tierra, la del purgatorio y la
del cielo!
Pedimos hoy que se abrevie la
dolorosa impaciencia de poseer el Bien seguro y cierto, que la
ansiada Luz ilumine ya sus tinieblas esperanzadas y que sean nuestros
valedores cuando caminamos
SANTORAL
(El santo del día)