Simplicio, papa († 483)
Natural de Tívoli, en el campo de Roma. Es hijo
de Castino. Le vemos formando parte del clero romano y sucediendo
al papa san Hilario en la Sede de Roma, en marzo del año 467.
Le toca vivir y ser Supremo Pastor en un tiempo
difícil por la herejía y la calamidad dentro de la Iglesia que
aparece como inundada por el error. En Occidente, Odaco se ha
hecho dueño de Italia y es arriano como los godos en las Galias,
los de España y los vándalos en África; el panorama no es muy
consolador, no. Los ingleses aún están en el paganismo. Para
Oriente no van mejor las cosas, aunque con otros tonos, en cuanto
a la vida de fe: el emperador Zenón y el tirano Basílico
favorecen la herejía de Eutiques; los Patriarcas han resultado
ambiciosos de poder y las sedes patriarcales son una deseada
presa más que un centro de irradiación cristiana. ¡Lamentable
estado general de la Iglesia que está necesitando un buen
timonel!
El nuevo papa adopta en su pontificado una
actitud fundamental: atiende preferente al clero. Procura su
reforma, detectando el error y proponiendo el remedio con la
verdad sin condescendencias que lo acaricien; muestra
perseverancia firme y tesón férreo cuando debe reprimir la
ambición de los altos eclesiásticos.
Modera la Iglesia que está en Oriente siendo un
muro de contención frente a las ambiciones de poder y dominio que
muestra Acacio, Patriarca de Constantinopla, cuando pretendía los
derechos de Alejandría y Antioquía. No cedió a las pretensiones
del usurpador Timoteo Eluro, ni a las del intruso Pedro el
Tintorero. Defendió la elección canónica de Juan Tabenas como
Patriarca de Alejandría frente a las presiones de Pedro Mingo
protegido por el emperador Zenón.
Gobierna la Iglesia que está en Occidente
mandando cartas a otro Zenón -obispo de Sevilla-, encargándole
rectitud y alabando su dedicación permanente a la familia
cristiana que tiene encomendada. También escribe a Juan, Obispo
de Rávena, en el 482, con motivo de ordenaciones ilícitas: «Quien
abusa de su poder -le dice- merece perderle». En el año 475 manda
a los obispos galos Florencio y Severo corregir a Gaudencio y
privar del ejercicio episcopal a los que ordenó ilícitamente al
tiempo que da orientaciones para distribuir los bienes de la
Iglesia y evitar abusos.
En su diócesis de Roma se comporta como modelo
episcopal, entregándose al cuidado de sus fieles como si no
tuviera en sus hombros a la Iglesia Universal. Aquí cuida
especialmente la instrucción religiosa de los fieles, facilita la
distribución de limosnas entre los más pobres y dicta normas para
atender primordialmente la administración del bautismo. Aún tuvo
tiempo para dedicar el primer templo en el occidente a San
Andrés, el hermano del apóstol Pedro, iuxta sanctam Mariam
o iuxta Praesepe, sobre el monte Esquilino.
También convocó un concilio para explicitar la fe
ante los errores que había difundido Eutiques, equivocándose en
la inteligencia de la verdad, pues, en su monofisismo, sólo
admitía en Cristo la naturaleza divina con lo que se llegaba a
negar la Redención.
Los datos exactos de su óbito no están aún
perfectamente esclarecidos, si bien se conoce que fue en el mes
de Febrero del año 483. Sus reliquias se conservan en Tívoli.
Los contemporáneos del santo conocieron bien la
austeridad de su vida y su constante oración hasta el punto de
afirmar que rezó como un monje y se mortificó como un solitario
del desierto. Sin esos medios su labor de servicio a la Iglesia
hubiera resultado imposible
Texto:
Archidiócesis de Madrid -
SANTORAL