Josué (Antiguo
Testamento)
Muerto Moisés, Josué es el capitán
que introducirá a su gente Tierra Prometida. Ya era
la hora de poseer la tierra que Dios prometió a los
israelitas al sacarlos de Egipto. Han pasado
cuarenta años. Es un pueblo joven el que está en
las proximidades de Canán. Son los hijos de los que
Yavé sacó con mano poderosa. Se han curtido en el
desierto inhóspito donde han vivido del mimo de
Dios y presenciando a diario sus grandezas. Tienen
esculpida en su alma la idea de que sólo en la
fidelidad a la Alianza tienen garantía de la
protección de Dios.
Josué es un varón pletórico de fe y
casto, joven y fuerte, que mantiene la seguridad de
que será Dios quien vencerá a los poderosos
habitantes de la tierra que se les da en posesión.
Tienen que pelearla, pero sólo Dios les dará la
victoria.
Jericó es la plaza fuerte que les
abrirá las puertas a la conquista. Posee murallas
duras y sus habitantes están aprestados a
defenderla.
Es Dios quien habla ahora con
Josué, como antes lo hiciera con Moisés, dándole
instrucciones para la empresa. No se le pedirá
pasividad, sino una disposición absoluta al
misterio. La táctica guerrera sugerida es la más
impensada y la menos descrita en las praxis de la
guerra: hay que dar vueltas a la ciudad, cantando y
tocando las trompetas. Así se caerán las potentes
murallas de defensa.
Sin un "pero" de Josué y con
la presteza originada por la fe sucede como Dios
dice. Y es que Dios se ríe de las encuestas, la
lógica humana se ve superada en su potencia y las
estadísticas de los hombres se tornan enanas en su
presencia. Sin embargo, la fe hace que se derriben
las más altas murallas de la tierra.
San Gil (c. s.VII)
También se llamaba Egidio. Parece
ser que tenía origen griego, peregrinó a Roma,
luego se hizo religioso y finalmente se estableció
como ermitaño cerca de Nimes. Fundó un monasterio.
Conocido y extendido su culto por
toda Europa durante la Edad Media.
Lo que las devociones populares
cuentan de su vida resaltan su bondad cristiana, su
misericordia, la delicadeza que demostraba con los
pecadores y la llamada a la conversión.
Los abundantes peregrinos de
Santiago le pedían ayuda contra el miedo y las
madres recurrían a él cuando sus hijos eran presa
de terrores nocturnos o sufrían pesadillas