Santos:
Eloy, obispo y confesor, Patrono de joyerías y
platerías.
Nahúm, profeta
Prócuro, Evasio, Teocleto, Leoncio, Castriciano,
obispos
Ansano, Natalia, Landoaldo, Amancio, confesores
Lucio, Rogato, Cándida, Casiano, Diodoro, Mariano,
mártires
Edmundo Campion, Roberto Southwell y compañeros mártires

Eloy, obispo y confesor (588-660)
El hijo de Euquerio y de Terrigia parece que
desde el comienzo de su existencia estuvo bajo el signo de la
predilección divina. Así lo asegura la leyenda de su vida.
Despierto de inteligencia y hábil en el empleo de sus manos.
Aprendiz de platero de los de antes, es decir, de los que tienen
que martillear el metal para sacarle de las entrañas la figura que
el artista tiene en su mente. Tanta destreza adquirió que el rey
Clotario II, su hijo Dagoberto luego y su nieto Clovis II después,
lo tuvieron como propio en la corte para los trabajos que en
metales preciosos naturalmente necesitan los de sangre azul que
viven en palacios y tienen que solventar compromisos sociales,
políticos y hasta militares con sus iguales.
Pero lo que llamó poderosamente la atención
de estos principales del país galo no fue sólo su arte. Eso fue el
punto de arranque. Luego fue el descubrimiento de su entera
personalidad profundamente honrada. Un hombre cabal. De espíritu
recto. Cristiano más de obras que de nombre. Piadoso en su soledad
y coherente en la vida. Prudente en las palabras y ponderado en los
juicios. Un sujeto poco frecuente en sus tiempos atiborrados de
violencia.
El rey Dagoberto, considerando los pros y
contras, pensó que era el hombre ideal para solucionar el antiguo
contencioso que tenía con el vecino conde de Bretaña, lo envió como
legado y acertó en la elección por el resultado favorable que
obtuvo. No es extraño que Eloy o Eligio pasara a ser solicitado
como consejero de la Corona.
Aparte de sus sinceros rezos privados y del
reconocimiento de su indignidad ante Dios —cosa que le dignificaban
como hombre—, supo compartir con los necesitados los dineros que
recibía por su trabajo. Patrocinó la abadía de Solignac, a sus
expensas nacieron otros en el Lemosin y, en París, la iglesia de
San Pablo.
No es sorprendente que al morir el obispo de
Noyon y de Tournay, el pueblo tuviera sensibilidad para desear el
desempeño de esa misión a Eloy y, menos sorprendente aún, que el
rey Clovis pusiera toda su influencia al servicio de esa causa.
Casi hubo que forzarle a aceptar. Ordenado sacerdote y a
continuación consagrado obispo, se dedicó a su misión pastoral con
el mejor de los empeños en los diecinueve años que aún el Señor le
concedió de vida. Fueron frecuentes las visitas pastorales, se
mostró diligente en el trato con los sacerdotes, se tiene por
ejemplar su disciplina de gobierno y esforzado en la superación de
las dificultades para extender el Evangelio allí donde rebrotaba la
idolatría pagana o echaban raíces los vicios de los creyentes.
Hasta estuvo presente en el concilio de Chalons-sur-Seine, del 644.
Este artífice de los metales nobles y de las
gemas preciosas que no se dejó atrapar por la idolatría a las cosas
perecederas ha sido adoptado como patrono de los orfebres,
plateros, joyeros, metalúrgicos y herradores. Ojalá los que
asiduamente tienen entre sus manos las joyas que tanto ambicionan
los hombres sepan sentirse atraídos por los bienes que no perecen