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Monóvar, martes 17 enero 2012, 10:19 |
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A sus 89 años he sentido como algo natural y nada sorpresivo la muerte de Manuel Fraga. La primera vez que vi una foto de él fue a través de mi libro de historia de España de segundo de bachiller. Aparecía con uniforme blanco de gala, en la ceremonia por la cual España otorgaba la independencia a Guinea Ecuatorial, único país de África en el que se habla la lengua española. Fraga debía ser uno de esos hombres con vocación de servicio por su país, como repiten sus herederos del PP, pero la diferencia radica en que Fraga ha sido más honrado que muchos de los nuevos cargos de su partido. Hombre fiel al régimen franquista, supo adaptarse a la democracia, y más aún, favorecer la aceptación de ésta por parte de los sectores sociales más conservadores. Paul Preston, que es historiador de izquierdas, dijo de Fraga que habría sido un competente funcionario en cualquier régimen, que la carrera administrativa corría por sus venas. De ello no me cabe duda, pero para llegar a presidente de gobierno hace falta algo más que ser inteligente o sacar buenas notas. Fraga siempre fue el primero en todas las oposiciones a las que se presentó. Siempre sacó buenas notas en la carrera de leyes, siempre estuvo entre los mejores, fue en lo suyo un número uno. Pero carecía del carisma de Suárez, que no siendo tan buen estudiante, sí se movió mejor por la arena política. Lo último que se recuerde de él es su presencia en silla de ruedas, síntoma de agotamiento que vislumbraba en su caso el final del camino. Lo echarán de menos en su Galicia natal, donde nunca se cansaron de elegirlo. En nuestra vigente Constitución hay algo de Fraga, alguna interpretación, algún mecanismo válido que nos ayude, pues él fue uno de los redactores que le dieron forma.
Atrás quedó aquel baño en Palomares, atrás
aquella actitud que le llevaba a aceptar disciplinadamente
cualquier puesto con tal de ser útil a España, desde un
ministerio hasta una embajada. Ahora llegan nuevos tiempos
con nuevos problemas. Esperemos que los líderes de ahora
sepan afrontarlos, no tanto por el bien de ellos como por el
nuestro. ↓ Este escrito se acoge
a lo regulado en la Ley 23/2006 de la Propiedad Intelectual,
específicamente los artículos 32, derecho de cita, y 33,
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